10
04/12
Consecuencias políticas probables del Apocalipsis Zombi en España
Cuando los supervivientes comenzaron a hacinarse en las Canarias pronto fueron conscientes de una dolorosa realidad. El sistema, tal y como lo habían conocido en el viejo mundo, había saltado por los aires. Durante una corta temporada, la gente había tratado de actuar con normalidad, como si las circunstancias no hubieran cambiado, pero aquello no tenía ningún sentido.
La mayor parte del gobierno había desaparecido en el marasmo que precedió a la caída, y tan sólo un grupo de ministros, junto con algún presidente autonómico, habían conseguido ponerse a salvo. Del presidente del gobierno no había la menor noticia. Algunos rumores apuntaban a que la caravana presidencial se había perdido en algún punto del camino entre Moncloa y Torrejón de Ardoz, pero nadie lo sabía a ciencia cierta. El jefe del partido de la oposición, por su parte, había alcanzado la seguridad de las islas gracias a un viejo amigo, propietario de una línea aérea, que lo había evacuado in extremis a él y a su familia, pero su destino había sido cruel, ya que falleció a las pocas semanas de tomar tierra en un estúpido accidente de circulación. Con respecto a la Familia Real, todos ellos habían logrado alcanzar la seguridad de las Canarias excepto el príncipe de Asturias y los duques de Palma. Su destino era todo un misterio, pero nadie apostaba un duro por su supervivencia.
Al principio el rey había tratado de formar un gobierno de concentración nacional para hacer frente a la situación (no faltaron los escépticos que apuntaron cínicamente que, perdida la península, no quedaba mucha nación que concentrar). Aquello funcionó tan sólo unos meses, hasta que una mañana el cuerpo de Juan Carlos I de Borbón apareció tirado en el suelo del baño de su residencia, fulminado por un derrame cerebral. El rey Juan Carlos tuvo el dudoso honor de disfrutar probablemente del último funeral de Estado que iba a ver aquella parte del mundo, pero la situación provocada por su desaparición fue casi más caótica que la provocada por los No Muertos.
Sin un gobierno legítimo, descabezada la Casa Real, los militares se agitaban inquietos, sin saber a qué autoridad deberle obediencia y abrumados con la pesada responsabilidad de proteger y alimentar a una muchedumbre humana de más de un millón de personas, sin apenas estructura administrativa ni sanitaria.
Finalmente, un grupo de generales decidió tomar el toro por los cuernos. Siendo la siguiente en la sucesión la infanta Elena, ésta fue llevada al cabildo de Tenerife y proclamada reina de España en una atropellada ceremonia de la que muchos supervivientes apenas tuvieron noticia.
Pronto quedó claro que aquella proclamación no había tenido más objeto que legitimar el ejercicio del poder de facto de una Junta Militar. La reina Elena no era más que una marioneta en manos de la junta de generales, quienes gobernaban de hecho las dos islas libres de plaga, Gran Canarias y Tenerife. Tan sólo tres semanas después de haber sido proclamada, la reina Elena I de Borbón falleció asesinada a tiros en una visita a una granja comunal, a manos de un miembro de una grupo republicano articulado en torno a los restos del Partido Comunista.
El caos estalló. Durante catorce días las islas ardieron en disturbios entre los partidarios de Froilán, el hijo de Elena, y por tanto nuevo rey, y los defensores de la Tercera República. Ambas partes eran muy conscientes desde el principio de que eran demasiado débiles como para imponerse a la otra, y que una guerra civil larga quedaba muy por encima de sus posibilidades.
Finalmente ambas partes alcanzaron un statu quo: la isla de Gran Canaria quedaba bajo el control de los monárquicos (llamados despectivamente froilos por los republicanos), agrupados en torno a la figura del pequeño Froilán y la Junta Militar que lo tutelaba.
Tenerife, por su parte, se declaraba, pomposamente, “territorio de la Tercera República Española” y elegía un presidente, así como un “Gobierno Democráticode Emergencia Nacional”. Lo cierto es que la democracia, tanto en una isla como en otra, tan sólo era una bella palabra en la que se escudaban los respectivos grupos de poder para tomar posiciones y tratar de sobrevivir. Como una vieja dama arruinada, que aún conserva algún vestido ajado de sus buenos años y el juego de cucharillas de plata de la abuela, ambos gobiernos trataban de arroparse con los últimos retazos de legalidad que aún persistían, mientras que por debajo de la mesa no dejaban de lanzarse pùñetazos. Oficialmente, ambas partes no estaban en guerra, pero tampoco se reconocían legitimidad alguna. Los enfrentamientos de las partidas de avituallamiento eran frecuentes, y no era inusual que estas refriegas causasen incluso más bajas que los propios No Muertos.
Cuando el grupo de Lucía había llegado a las islas, el enfrentamiento entre froilos y republicanos estaba en todo lo alto, y la paranoia de las infiltraciones enemigas ardía con fuerza. Pese la división de hecho entre las dos islas, cada bando sabía que disponía de miles de partidarios en la isla de enfrente…así como de miles de infiltrados en sus propias filas. Que la quinta columna comenzase a funcionar tan sólo era una cuestión de tiempo.
Fragmento de “Apocalipsis Z: los días oscuros”, escrito por Manel Loureiro. Editorial Plaza y Janés. Primera edición, Enero 2010.


Un compañero de trabajo me contó su experiencia jugando a uno de los videojuegos más vendidos estos años pasados, no sé si Uncharted 2 o 3. Era muy bonito, muy espectacular, pero decía que se lo pasaba casi sin querer. Que en una ocasión jugó con pocas horas de sueño, se estaba durmiendo y aún así avanzaba sin problemas.
Cuatro chicas juegan a un inocente juego de rol. Tres de ellas son indiferentes a las dificultades de su propia realidad, de su propio país. Dos tienen destinos que ni siquiera alcanzan a imaginar. Una descubrirá que Frontera es algo más que un juego de rol. En realidad, algo de lo que quizá dependa su futuro.
Todo género tiene su antes y después. El momento en que aparece una obra que marca hacia donde irán las obras posteriores. La obra que marcará cuáles serán los elementos recurrentes y, sobre todo, a quien se tiene que imitar. Este tipo de obras no siempre son las mejores en su género, pero marcan, por otras razones, el destino del género al que pertenecen.

Paco Roca ha creado una maravilla. Es un cómic. Y se llama “
Las series de televisión estadounidenses convierten últimamente en éxito aquel cómic o libro que tocan. Le pasó a Los Muertos Vivientes (
El Capitán América es uno de los superhéroes más castigados y estigmatizados. Su propio nombre alude al ejército, por un lado, y a la denominación de los Estados Unidos como si sólo ellos fueran “América”, por otro. Su vinculación a la bandera estadounidense y su condición de “supersoldado” le han hecho blanco de críticas por un 
