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Dicho en pocas palabras: Buffy Cazavampiros es una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. No sólo
eso; Buffy es de hecho una de las series más influyentes de los últimos veinte años. Parece una serie basurilla de adolescentes con exceso de hormonas luchando tipos con un presupuesto de efectos especiales limitado, pero no – es muchísimo más que eso. Joss Whedon es un Dios friki por muy buenos motivos.
¿Qué hace de Buffy una de las mejores series televisivas de la historia? Veamos.
Tomarse la adolescencia en serio:
El punto de partida de Buffy es que los años del instituto son un infierno… sólo que en este caso, el mal es un poco más explícito. Escondido detrás de las batallitas contra monstruos hay personajes de carne y hueso que se enfrentan a problemas reales; las peleas y demonios son a menudo paralelas a los terrores de crecer y hacerse adulto. Hay decenas de episodios sensacionales que hablan de incomunicación, sentirse secundario (Zeppo, mi episodio preferido), la muerte de un ser querido, romance, la dificultad de hacerse adulto, el tomar responsabilidad…
En Buffy los personajes no son eternos adolescentes; durante los siete años que duró la serie, Buffy va del instituto a la universidad al mundo real (sin poder acabar la carrera; el dinero importa en este mundo) de forma natural, como parte de su arco dramático. Crecer es parte de la serie, no una excusa para romanticismo adolescente.
Buffy además tiene la distinción de ser una de las primeras series en una cadena de televisión nacional de tener una relación lésbica larga (dos años y medio), probablemente la primera serie que se tomó una relación de esta clase en serio y sin perder el tiempo en salidas del armario y traumas varios, y ser la primera con una escena sexual lésbica (más o menos explícita) en una serie en abierto.
Guiones:
Joss Whedon es, ante todo, un escritor – y sus guiones son una muestra perfecta de ello. Buffy es una de las pocas series de los últimos años que tienen un estílo inmediatamente reconocible (y que por cierto, no es demasiado traducible; pierde mucho doblada), con personajes que hablan porque les gusta, no por necesidad de avanzar la historia. El diálogo en Buffy es rápido, realista y extraordinariamente referencial; los personajes comentan lo que les gusta, recuerdan (y bromean) sobre experiencias pasadas y hablan como adolescentes, no como robots. Por añadido, Whedon disfruta creando neologismos, hasta el punto que los personajes hablan un peculiar dialecto – hay incluso un libro sobre el lenguaje en la serie, algo que no se ve demasiado a menudo.
Estructura de la serie:
Cada temporada de Buffy tiene un “big bad” (el malo maloso que es el gran enemigo de ese año) y una progresión hacia su derrota en un sólo arco. Whedon no fue el primer guionista en crear sagas largas con hilo conductor (Expediente X o Twin Peaks lo hicieron antes), pero es probablemente la primera en hacerlo bien. La historia no es lineal; en algunas temporadas no sabemos quién es el “enemigo final” hasta bien entrado el año, en otro el mal es implícito toda la temporada, y sólo es real en abierto en los últimos cuatro o cinco episodios (sexta temporada; totalmente magistral).
No todos los episodios avanzan la historia, y de hecho algunos son completamente secundarios. Lo que realmente distingue a Buffy es la capacidad de engarzar el “monstruo de la semana” en la evolución de los personajes.
Personajes:
Es la primera serie con un personaje femenino fuerte como protagonista; los héroes de la historia son de hecho casi siempre las chicas. Más allá de eso, es la primera serie en que los protagonistas heróicos son los frikis, los desclasados, los raritos de la clase -y la primera que se toma sus fustraciones, aspiraciones y dilemas en serio.
Muertes y rarezas:
A Joss Whedon le encanta hacer cosas raras – y disfruta matando personajes. Buffy es una serie extraordinariamente salvaje en términos del número de personajes principales que caen en acto de servicio; cuando se combate el mal, uno se la juega en serio, y a menudo muere en consecuencia. Las muertes además duelen; los personajes no las encajan especialmente bien.
Más allá de su sadismo personal, la serie tiene un buen puñado de episodios genuinamente experimentales. Hacer un musical es casi cliché a estas alturas; “Once More, with a Feeling” es -que yo sepa- el pionero en este aspecto. Es también uno de los mejores episodios de toda la serie, avanzando la trama de forma magistral. Whedon también nos brindó otras joyas como “Hush” (un episodio mudo – y todo justificado), “The Body” (sin banda sonora, cámara en mano, imposíblemente triste), “Zeppo” (Rosencrantz y Guildenstern, versión Xander), “Innocence” (una reflexión sobre el alma) o “Conversations with Dead People” (pérdida y dolor – y el mejor prólogo para una temporada jamás parido).
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Estos son algunos puntos; hay decenas de estudios académicos (de hecho, una mini-disciplina académica) dedicados a la serie. La serie ha sido increíblemente influyente; series como Alias, Smallville, Journeyman, Battlestar Galactica (remake), Life on Mars, Ashes to Ashes o Lost tienen una enorme deuda con la obra de Whedon. Buffy cambió de forma radical cómo escribir personajes adolescentes en televisión, así como qué temas una serie “de fantasia” puede tocar.
Joss Whedon ha hecho muchas cosas después de Buffy: Angel, un spin off excelente (y a veces aún más ambicioso), Firefly (aún mejor, a pesar de su muerte prematura), Dollhouse, Dr. Horrible… Su primera serie, sin embargo, es de lejos su mayor legado. Es difícil ver lo influyente que es Buffy, en gran medida porque muchas de sus aportaciones están en todas partes estos días. Vale la pena verla, degustarla, disfrutar sus siete temporadas.