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05/11

Zun – El compositor más versionado – Primera parte

1:00 am por Jeshua_Morbus. Archivado en: A pesar de haber escrito esto prometo que tengo vida social

Érase una vez, en un lugar muy muy lejano, en una tierra dominada por la bandera de la amarga ciruela roja sobre el blanco arroz, que existió un beodo de mención. Cerveza era su sangre, alcohol su exhalación y, tras sempiternas gafas y junto su omnipresente trolley cargado de las más diversas bebidas espirituosas, pasó por esta vida sin comer carnes que le dieran más volumen a su fino cuerpo o sin tocar la insidiosa luz del sol que pudiera alterar su blanquecina tez.Zun - Origen Inciclopedia

Eso, y se dedicó a esa rara afición que es crear videojuegos. Y escribir novelas, montar guiones de mangas, diseñar preciosistas patrones de balas, trabajar en Taito, hacer cameos de sus personajes donde menos te lo podías esperar, dibujar con la mano izquierda y componer música. Sí, sobre todo, componer inolvidables melodías, canciones que inspiraron y seguirán atrayendo oídos inquietos a sus notas y ritmos con el fin de animar los dedos y voces de personas con mucho tiempo libre, tanto como talento que gastar.

Su nombre es Zun, el músico borrachuzo con mayor cantidad de versiones por canción que jamás haya conocido.

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05/11

El Puño de la Estrella del Norte: omae wa mo shindeiru

Estamos a principios de los 90. El panorama del manga en España está a punto de explotar, lllegando al fin la película que populariza la animación japonesa, Akira.

Casi nadie entendió nada, pero todos nos quedamos con los ojos como platos (y la cabeza como un bombo después de oir hasta la nausea “Kaneeeeeda-Tetsuooooooo” mil veces). El desembarco final que abrió el mercado occidental al manga y anime lo llevaron a cabo series que son ya míticas: Dragon Ball, Captain Tsubasa (Oliver y Benji en España) y Saint Seiya (Los caballeros del Zodíaco en España). Las televisiones autonómicas y privadas nos trajeron todo aquello, con gran polémica y lucha de varias asociaciones de padres contra Dragon Ball y Saint Seiya, a las que se calificaba de no recomendables para niños. Se censuraron muchos capítulos de Dragon Ball, incluso una vez consiguieron que dejara de emitirse. No hay ninguna serie actual comparable a aquello: veníamos de la nada y se nos vino encima la invasión.

Cels Piñol ha contado alguna vez que en Barcelona se pagaban precios desmadrados por fotocopias del manga de Dragon Ball. No había Internet, no había móvil. Un amigo catalán al que veía los veranos en el pueblo de mi madre nos contaba por adelantado lo que pasaría en Dragon Ball a los demás.

Los cómics que nos llegaban de allí eran pocos y las editoriales se la jugaban. Dragon Ball fue un éxito, pero la edición en papel de Los Caballeros del Zodíaco se la pegó bien pegada (es de los pocos casos en que la serie de animación era muy muy superior al papel). Una serie que aquí llegó como Alita, ángel de combate maravilló sin serie de dibujos en la televisión detrás…y lo hizo por ser una obra maestra del género (si el Pueblo lo quiere hablaré del tema). Y dentro de las pocas cosas con las que se atrevían vino Hokuto No Ken, El Puño de la Estrella del Norte.

En un futuro apocalíptico, fruto de una guerra nuclear, los débiles e indefensos son tratados como juguetes por bandas ultraviolentas y sádicas. En medio de la desesperación generalizada aparece Kenshiro, el heredero de un arte de asesinar devastador, Hokuto Shinken, El Puño de la Estrella del Norte.

El manga está plagado de escenas de desesperación de los indefensos ante las bandas violentas (en los que predominan los punks, por cierto, el manga es de los ochenta), encarnando del modo lo más sádico posible el papel del Mal. Enfrente aparece sistemáticamente Kenshiro, hombre de pocas palabras, que usa muchas técnicas distinas frente a sus adversarios. En unas hace que los cuerpos exploten, en otras que explote la cabeza, en otra que sus adversarios mueran explotando a los tres segundos. El manga está trufado de cuerpos explotando, brazos retorciéndose de modo muy doloroso, cabezas seccionadas y gente troceada. Violencia, toneladas de sangre, desesperación y un protagonista que se enciende ante los abusos y castiga a los abusones sin ningún tipo de piedad ni remordimiento. El hecho de que el guionista, Buronson, fuera un fanático de Charles Bronson (hasta el punto de dejarse un bigote al mismo estilo) nos puede dar una idea de por dónde vamos.

La cosa podía acabar pronto con estas ideas, así que deriva al poco en una línea argumental clásica de las historias de lucha: hay una rivalidad con sus hermanos adoptivos, hay más personajes conocedores de artes marciales devastadoras, hay sacrificios, hay batallas épicas, enfrentamiento de técnicas de lucha, pero continúa la atmósfera de la poca perspectiva de futuro clásica de las tramas apocalípticas. La vida humana vale poquísimo y toda victoria ante los aprendices de tirano lleva sacrificios violentos y mucha sangre, por más que algunos de ellos demuestren que sus acciones no son porque sí y se caiga en las habituales explicaciones del comportamiento sádico o salvaje en base a traumas infantiles de los villanos.

El dibujo es la clave para entender el impacto que tuvo. Los autores reconocieron abiertamente que la idea inicial era mezclar al protagonista de Mad Max con Bruce Lee. Kenshiro es exactamente eso, con su famoso golpe final de tropecientos mil puñetazos acompañados por los grititos a lo Bruce Lee y su frase famosa: “omae wa mo shindeiru“…más o menos “ya estás muerto“. Las ruinas, el polvo, los mutilados y la fragilidad de la vida de los supervivientes está perfectamente reflejada en unos trazos que captan bien la desesperación y el drama.

Los personajes son impresionantes, hercúleos y épicos. El propio dibujante, Hara, llegó a decir que le encantaban los cómics del “Miguel Angel” de los dibujantes estadounidenses, Neal Adams, que si alguien tenía alguno que se lo mandara. En el estudio anatómico de los personajes principales podemos ver esta clara influencia: personajes que parecen altísimos y esculpidos en granito. Las escenas de lucha son sangrientas, pero narradas con una claridad pasmosa para el volumen y proporciones de los personajes. Es muy difícil técnicamente conseguir algo así, y el efecto visto en papel es muy impresionante.

El Puño de la Estrella del Norte es, por todo ésto y alguna cosa más, uno de los mangas más vendidos de la historia Japón.

Las películas y series de animación basadas en el manga hicieron muy popular a Kenshiro. Las series más viejas que pueden verse en Youtube, por ejemplo, dejan bastante que desear. Otras parecen más acordes al potente dibujo del manga original. Los dos enlaces anteriores son de la misma escena del manga, para hacernos una idea.

¿De qué peca El Puño de la Estrella del Norte? De ser desmesurado y desmadrado, de ser por momentos ridículamente serio cayendo en la cursilería por intentar pasarse de trascendente. Tampoco pueden pedirse demasiadas complejidades psicológicas a los personajes en un manga centrado en peleas y artes marciales, la verdad, aunque estamos muy por encima del bajísimo nivel de Dragon Ball, donde todos terminaban siendo clones menos Vegeta y el Mutenroshi (doblado este último al castellano por Mariano Peña…sí, sí, “Mauricio” de Aída). En lo gráfico, a pesar de lo meritorio ya comentado, hay excesos en la proporciones, y aunque las expresiones de dolor, angustia, sorpresa estén muy logradas está claro que cosas como el humor, la alegría o las situaciones no dramáticas no quedan igual de bien retratadas. Hay algo de acartonamiento, sí.

Ni que decir tiene que tengo los tomos que salieron en España en su momento, pueblo.

Para Megadrive salió un juego inspirado en el manga, “Last Blade”, con los nombres de los personajes cambiados y una dificultad tremebunda. Hace poco ha salido para XBOX360 y PS3 “El Puño de la Estrella del Norte” (traducido al castellano), videojuego de lucha que recoge bastante fielmente (con sus omisiones comprensibles y sus cagadas argumentales, como convertir a Mamiya, una damisela en apuros sin apenas fuerza en el manga, en una luchadora al nivel de los demás) lo visto en el papel.

 

Las cinemáticas recuerdan de modo estupendo los mejores momentos del manga e incluso se pueden jugar historias basadas en lo sucedido allí. El típico juego en el que tu personaje se enfrenta a 30 o 40 a la vez y les da “pal pelo” que tan relajante resulta a veces. Juego entretenido y espectacular visualmente, pero que si te gusta el manga te volverá loco.