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08/11

Dos visiones de los EEUU: Superman y el Capitán América (II)

El Capitán América es uno de los superhéroes más castigados y estigmatizados. Su propio nombre alude al ejército, por un lado, y a la denominación de los Estados Unidos como si sólo ellos fueran “América”, por otro. Su vinculación a la bandera estadounidense y su condición de “supersoldado” le han hecho blanco de críticas por un supuesto imperialismo o fascismo.

Steve Rogers es un estadounidense algo enclenque físicamente, que ha sufrido en sus carnes las penurias de la Gran Depresión en un ambiente urbano. Aquí tenemos la primera gran diferencia con Superman, del que hablamos en el post anterior: Superman es físicamente un dios que crece en un idílico entorno rural.

Tras ver un noticiario sobre los nazis, decide alistarse, pero es rechazado. Steve Rogers representa a los EEUU antes de militarizarse para la Segunda Guerra Mundial, un país que tenía un ejército escuálido. Es la ciencia del Dr. Erskine la que transforma al débil Steve Rogers en el Capitán América, alcanzando el máximo potencial humano en fuerza, resistencia, velocidad, coordinación y etc. El Capitán América es lo máximo físicamente que puede ser el hombre, pero no tiene superpoderes como tal. Pero “sólo” con eso es simplemente una auténtica bomba táctica. Los orígenes de los poderes de Superman son genéticos y están a un nivel divino. Los del Capitán América son científicos, y llegan como máximo a los límites humanos. Hay toda una tradición en la ciencia ficción de presentar a la ciencia como una fuente de peligros, desastres, creación de monstruos y demás, siendo el caso de Steve Rogers de los pocos en los que la ciencia sirve como instrumento para combatir al Mal, sin ningún gris de por medio. Es la ciencia, la producción en masa de navíos, la tecnología, la que ayuda a los EEUU para ganar la guerra.

La serie tuvo cierto éxito en sus inicios, debutando con la famosísima portada en la que aparece dando un puñetazo a Hitler. Como suele ser habitual, el Capitán América se hace pasar por un soldado más y adopta un ayudante muy jóven, Bucky. Aventuras en las que los malvados son nazis y sus lacayos, entre ellos su Némesis: Cráneo Rojo, un anónimo camarero de Hitler que es educado por éste para ser el más terrible de todos los nazis. El Capitán América aborta atentados contra Roosevelt (el cual le da su indestructible escudo) o Churchill, así como capturando numerosos espías. El Capitán América era un elemento propagandístico antinazi prototípico.

Con el fin de la guerra el personaje cayó en desgracia, llegando a cancelarse su serie. Se intentó reflotar al personaje en los años 50, con un tono político mucho más definido, en el que el Capitán América era decididamente imperialista, nacionalista y afín al Macartismo.

Captain America 50´s

Esta versión del Capitán América tuvo muy poco éxito comercial, y fue rápidamente abandonada.

La “resurrección” del personaje vino en los años 60, dentro de la Edad de Plata del cómic superheroico. Empezó siendo un cómic de aventuras sin más pretensiones, teniendo de principal enemigo casi siempre a algún nazi o a organizaciones de ideología fascista.

El Capitán América, personaje en principio unidimensional, pasó a volverse complejo cuando protagonizó cómics con una fuerte carga política. En primera lugar, empezó a compartir su propia serie con un superhéroe negro, el Halcón. Ambos eran la idealización de sus respectivas etnias: el estadounidense surgido del New Deal rubio, justo, honesto y el estadounidense negro, trabajador, solidario, surgido de Harlem y pro-sistema. Algunas tramas empezaron a poner a supremacistas blancos como enemigos.

Pero la idea de un Capitán América por encima del estereotipo explota en los años 70. En primer lugar, Steve Rogers se enfrenta al obseso anticomunista y racista Capitán América de los años 50, y lo hace con la ayuda del Halcón. En segundo lugar, el Capitán América se enfrentará a una conspiración que pretende hacerse con el poder de los EEUU, la cual está infiltrada en el sistema hasta lo más profundo. Esta historia se fue publicando de modo paralelo a los entonces actuales acontecimientos del Watergate, dándose numerosos paralelismos entre la trama del cómic y lo que se iba sabiendo del caso, hasta el punto paródico de cambiar muy muy poco determinados nombres de personas reales implicadas en la trama del caso Watergate (por ejemplo, el real Citizen´s Committee to Re-Elect the President, simplificado como CREEP, en el cómic pasaba a ser una organización que manipula a la opinión pública para desprestigiar al Capitán América, cuyo nombre es Commitee to Regain America´s Principles, cuyas iniciales son CRAAP…traducido: basura). Al final de esta saga, la Saga del Imperio Secreto, el Capitán América descubre que el cabecilla de esa conspiración para derrocar al gobierno democráticamente elegido es…¡¡el presidente de los EEUU!! (cuya cara nunca es mostrada), que al ser descubierto se suicida. El suicidio político de Nixon es, en el cómic, un suicidio “real”.

Los intelectuales de la época, recelosos del superhéroe de la bandera, se acercan al personaje y empiezan a hablar bien de él. El Capitán América, mientras tanto, sumido en la vergüenza y simbolizando las dudas del país y su pérdida de fe en su propio sueño, renuncia a su uniforme, pasando a ser Nómada, el héroe sin patria. Esta saga se la debemos a Englehart, que quiso recuperar al Capitán América no como un icono retrógrado y una parodia de lo peor del país sino como un símbolo de lo mejor de los EEUU, como alguien que no es un ciego patriota o un reaccionario que no ha salido de los años 50. El Capitán América, tal y como ha dicho su actual y fantástico guionista, huele al espíritu de 1776, que no a 1776. Representa el sueño americano, la esperanza, el ideal, lo mejor que pueden ofrecer al resto del mundo.

Momentos de este estilo tendrá de ese momento en adelante, cuando se niegue a ejecutar a un genocida galáctico (Operación Tormenta Galáctica), cuando pone por delante los ideales de los EEUU a los de los militares (Born Again), cuando comprende que en Japón se tenga manía a los EEUU por la invasión cultural estadounidense en tal país o se lamenta de la facilidad con que el pueblo americano puede caer en altercados racistas ( Servir y Proteger, publicada el mes pasado en España) o cuando pìde al presidente Bush Jr. el cese de investigaciones por parte de los EEUU en el campo de las armas biológicas (Zona Roja).

El Capitán América es, como Superman en su universo, la referencia moral del resto de superhéroes, el ideal de comportamiento noble, altruista y de colaboración con el gobierno democrático de los EEUU. En un intento de fusionar ambos universos, en la que se llamó línea Amalgam, el Capitán América y Superman fueron fundidos en un único personaje: Super-Soldier, ejemplificando ésto mismo. Ambos son también líderes de los grupos de superhéroes más poderosos de sus respectivos universos: la Liga de la Justicia y los Vengadores.

La interpretación clásica entre el mundo friki suele ser pintar al Capitán América como un progre viejuno, como el aburrido paladín de las partidas de rol, en contraposición a Superman, cuya obediencia casi absoluta al poder establecido la ha valido calificativos de reaccionario, fascista y demás lindezas. Ni Superman es “de derechas” ni el Capitán América es un liberal o un izquierdista. El matiz viene de su orígen (extraterrestre uno, humano el otro), nivel de poder (divino, al borde de lo humano) y el orígen de tal poder (genético vs científico). El Capitán América ha sido históricamente más vigilante con el poder establecido, hasta rebelarse ante él, pero la actitud general ha sido siempre de colaboración con el poder democrático y lucha contra sus enemigos (lo cual en determinados ambientes parece que significa “fascismo”, cosa que me cuesta entender). Superman siempre ha sido, en casi todas sus encarnaciones, mucho más “obediente” con el poder. El nivel de poder de Superman ha complicado hacerle buenas historias, al Capitán América le ha ayudado a que tenga, en general, un nivel de historias mejor, sobre todo cuando la cosa tiende al género del espionaje (como está haciendo su actual guionista, Brubaker).

El Capitán América o Superman no son los héroes molones, sentenciosos o ultraviolentos que empezamos a tener en los 90, cuyos principales representantes son Lobezno, Cable o Azrael. Son, de hecho, todo lo contrario. Ninguno de los dos tienen una frase molona del estilo “soy el mejor en lo que hago” o similar. No han sufrido traumas en la infancia que les han hecho ser seres oscuros, como Batman. El Capitán América estuvo en el frente ruso de la Segunda Guerra Mundial, vió las atrocidades nazis y, a pesar de todo eso, no se traumatizó, ni se volvió un macarra busca-bullas ni dudó de sus ideales y principios. A partir de “Watchmen” parecía que todo el mundo que se enfrentaba a cosas terribles acababa sonado y aficionado a romper dedos, pero el Capi o Superman seguían siendo “aburridos”: van a defender a los inocentes, van a respetar las reglas y van a seguir siendo idealistas. Esto incluye usar la fuerza, por supuesto, pero nunca de manera desmadrada, idiota o simplemente molona. La obsesión de Batman y su deseo de atormentar a los delincuentes son molones. También “héroes siniestros” como Lobezno. Ni el Capitán América ni Superman son “molones”. Son los cánones del superhéroe de antes del abismo posmoderno en el que cayó el género en los 90, en el cual los grises terminaron confundiendo a los “buenos” con los “malos” y generando una cantidad enorme de cómics violentos, nihilistas y malísimos. Pero malísimos de verdad.

Todo ésto viene del inmenso daño que hicieron las malas interpretaciones de las obras ochenteras de Alan Moore o Frank Miller, que se quedaron nada más en la suciedad, la violencia, el desequilibrio mental y el molonismo. Pero de eso hablaré, espero, otro día.

P.D.: Este post lo he podido hacer gracias a las introducciones a los volumenes del Capitán América publicados no hace “El Imperio Secreto” y “¿Quién es el Capitán América?” escritos por Raimón Fonseca.

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06/11

Dos visiones de los EEUU: Superman y el Capitán América (I)

El cómic de superhéroes es un género que en Occidente ha barrido en términos comerciales al resto de géneros, desde su nacimiento a finales de los años 30 – principios de los 40 del siglo XX. Tuvo que venir a mediados de los 80-principios de los 90 el cómic japonés, el Manga, para ver perder en Europa o EEUU su apabullante dominio. Pero antes de todo esto hubo un principio, Superman.

Superman es el primero de los superhéroes, un icono pop que es conocido por todo el mundo, por su influencia decisiva para el éxito de su género y por su popularidad ganada por la primera película de Richard Donner. Superman es un extraterrestre casi omnipotente que llega en una nave espacial a EEUU siendo un bebé, y al que encuentran dos granjeros de Kansas. Allí es educado en los valores propios de un boy scout: no mentir, respetar siempre las normas, ayudar al débil, ser siempre un ejemplo. Superman es practicamente invencible, pero su grandeza viene de sus principios adquiridos en su infancia y su inquebrantable moral. Es la guía moral del resto de superhéroes de su universo.

Tuvieron, con los años, que ir reduciendo su nivel de poder, ya que era complicado inventar situaciones que fueran un mínimo desafío. Su conducta bebe del mito de la moralidad superior del campo sobre la ciudad, que suele ser representada como fuente de males y complicaciones sociales molestas. Superman, por su propia moral, es obediente siempre con el poder establecido. En su encarnación original de los años 30 en cómic, en la película de Richard Donner (en la que Superman le dice a Lois que él lucha por “la Verdad, la Justicia y el Modo de vida americano”), en universos alternativos en los que su nave cae en la URSS y Superman defiende al poder soviético combatiendo contra el capitalismo, prometiendo no intervenir en una situación caótica al presidente Reagan por más que la cosa sea muy grave, etc. Las muestras de rebeldía de Superman frente a las autoridades existen, como la reciente y famosa renuncia a la nacionalidad estadounidense, pero son muy escasas y suelen consistir más en tirar la toalla y abandonar que en un enfrentamiento directo.

¿Es un personaje reaccionario, como tantas veces se ha dicho? Lo es en el sentido de apoyar sistemáticamente al status quo o haber sido muy usado en los cómics para ridiculizar a regímenes no afines a los EEUU, pero no en el sentido de apoyar políticas racistas o clasistas. Hemos tenido a Superman combatiendo al Ku-Kux-Klan y recordemos que su archienemigo es Lex Luthor, primero un científico loco y en su segunda versión un gran hombre de finanzas. Clark Kent sufre los rigores de una oficinista que viene de pueblo y que se siente perdido en la gran ciudad, mientras su identidad superheroica combate a un hombre normal que se esconde detrás de su ejército de empresas o de horrores científicos. La ciencia y el capitalismo como herramientas para destruir al dios venido a la Tierra para inspirarnos. Está dentro del sistema que pretende defender lo que pretende destruirle, al igual que es la kriptonita de su planeta natal lo que puede acabar con él.

Superman es el exponente de la america rural, de los chicos simples y buenos que no se acobardan y defienden su forma de vivir sin rendirse. De una América casi indestructible, cuyo poder viene de nacimiento y cuya única fuente de amenaza está dentro de sí misma.

Aunque sus primeras historias sentaron las bases del género, se le ha acusado de ser un personaje con villanos bastante decepcionantes. También de que a lo largo de décadas de existencia las historias memorables sean muy muy pocas, siendo el nivel general de la serie regular tirando a malo, crítica que suele hacerse a Spiderman. Hasta donde yo he podido leer de ambos (que es bastante), creo que es cierto. Lo cual no quita, claro, para que haya auténticas joyas con Superman de protagonista. Mencionaré algunas:

- Lex Luthor: biografía no autorizada: cómic muy corto (48 páginas), con temática de novela negra. Narra la historia de un reportero de investigación ahogado por las deudas que investiga el pasado de Lex Luthor. Se muestra la psicología del personaje en pocos, crudos y geniales brochazos, en un tono narrativo asombrosamente adulto para un cómic de superhéroes.

-Para el hombre que lo tiene todo: Años 80. Dibujo de Dave Gibbons y guión de Alan Moore. No, no es Watchmen, es un cómic de Superman. Recuerda en su estructura narrativa a la Biblia del Cómic, con sus paralelismos y sus siniestras simetrías. Absolutamente imprescindible, te guste o no el personaje. Hace poco se publicó en España.

- “¿Qué pasó con el hombre del mañana?“: Ya hemos dicho que Superman era demasiado poderoso, así que en los años 80 sufrió un “reseteo” y le quitaron nivel de poderes para intentar hacerlo más interesante. Las últimas historias del Superman todopoderoso se las dejaron ni más ni menos que a Alan Moore. Cómic muy muy superior a la media, con un final muy soprendente y momentos muy tristes, aunque la narrativa visual haya envejecido mal. Neil Gaiman hizo el guión de un reciente “¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?” con Batman, en claro homenaje a éste cómic, en el que aprovecha para hablar de las esencias de Batman a través de lo que mejor sabe hacer: los relatos oníricos y el mundo de los sueños. No llega al nivel del cómic de Alan Moore, pero es un gran cómic.

-All Star Superman (2006-2008): Dibujo de Quitely y guión de Grant Morrison. Simplemente copiaré a Pedro:

En All Star Superman, Morrison cuenta una historia de Superman totalmente intemporal. Para ello se inspira en todos los tebeos existentes del personajes e incluso en los protagonizados por sus sosias (hay cosas del Supreme de Moore o del Majestic de Joe Casey en esta obra), los destila a su conveniencia y extrae lo que le parece mejor de ellos para narrar sus propias historias. Como resultado tenemos historias donde todo nos suena, donde ya conocemos a los personajes y a los elementos que participan, pero que son totalmente originales y sorprendentes. Morrison ha sabido recuperar el sentido de la maravilla, de narrar historias que despierten nuestro sentido de la imaginación, de dejarnos boquiabiertos ante la visión del superhéroe. Morrison ha hecho un tebeo que te recuerda por qué sigues leyendo a estos tipejos en malla: porque siempre queda una gran historia que contar.

Y que decir de Quitely que esta absolutamente espectacular en todas sus viñetas(…). Sea como sea, está absolutamente brutal y estas páginas si que se merecen todas las ediciones de lujo que uno se pueda imaginar.

No voy a contar nada sobre las tramas, porque me parece un delito privar a la gente de una lectura virgen de esta obra, pero que maravilla la historia de Lois, la de Jimmy, la de Zibarro o el espectacular número 10 que estuvo a punto de hacerme soltar una lagrimita y todo de lo emocionante que resulta esa última viñeta. Que cosa más grande han hecho Morrison y Quitely, que bien se siente uno cuando lee este tipo de tebeos.

05

06/11

La constitución de un crossover: Godzilla versus Jesús.

Sé que durante las últimas décadas algunos frikis, sobre todo ateos, nos hemos dedicado a ser perversos. Hemos decidido hacer algo de sincretismo con nuestros iconos frikis. O hemos probado a meter≤ el dedo en la llaga. Quizás hayamos mancillado la figura de Jesús, pero da igual. Carece de importancia. En general, sitios como Lol God nos han dado risas sencillas a lo largo de este joven siglo. Se ha hecho buen humor. Pero nada de eso importa. Hace más de tres décadas, Oral Roberts, un predicador estadounidense, lo hizo. Realizó un chiste religioso insuperable. Imaginó un Jesús gigantesco de 274,32 metros de altura (900 pies) que le ayudaría con la edificación de una ciudad de la fe, ahora conocida como CityPlex Towers. Oral lo testimonia así:

I felt an overwhelming holy presence all around me. When I opened my eyes, there He stood … some 900 feet tall, looking at me … He stood a full 300 feet taller than the 600-foot-tall City of Faith. There I was face to face with Jesus Christ, the Son of the Living God. I have only seen Jesus once before, but here I was face to face with the King of kings. He reached down, put his Hands under the City of Faith, lifted it, and said to me, “See how easy it is for Me to lift it”!

Godzilla a menudo se ha enfrentado a monstruos de más o menos su misma altura, hasta donde se lo permitía su altura variable, de cincuenta a cien metros de altura. La visión de Oral Roberts, sin querer, da lugar a un buen crossover, una de esas batallas épicas que posiblemente decepcionen a quienes recuerden el precedente de King Kong versus Godzilla. En el escenario de batalla, un Jesús de casi 275 metros de altura alteraría radicalmente las tornas. Godzilla tendría que compensar con su velocidad o sus poderes la superioridad física de Jesús, quien podría agarrarle y tirarle muy lejos. Será una orgía fantástica de acción en donde numerosas maquetas de cartón se destruirán y abundarán los trucos emanados del ingenio y la escasez, como efectos baratos de luces.

truco-godzilla

Desde PIFIA, con todo lo antedicho, proponemos esta dulce blasfemia que a muchos niños y frikis divertirá.

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05/11

Zun – El compositor más versionado – Primera parte

1:00 am por Jeshua_Morbus. Archivado en: A pesar de haber escrito esto prometo que tengo vida social

Érase una vez, en un lugar muy muy lejano, en una tierra dominada por la bandera de la amarga ciruela roja sobre el blanco arroz, que existió un beodo de mención. Cerveza era su sangre, alcohol su exhalación y, tras sempiternas gafas y junto su omnipresente trolley cargado de las más diversas bebidas espirituosas, pasó por esta vida sin comer carnes que le dieran más volumen a su fino cuerpo o sin tocar la insidiosa luz del sol que pudiera alterar su blanquecina tez.Zun - Origen Inciclopedia

Eso, y se dedicó a esa rara afición que es crear videojuegos. Y escribir novelas, montar guiones de mangas, diseñar preciosistas patrones de balas, trabajar en Taito, hacer cameos de sus personajes donde menos te lo podías esperar, dibujar con la mano izquierda y componer música. Sí, sobre todo, componer inolvidables melodías, canciones que inspiraron y seguirán atrayendo oídos inquietos a sus notas y ritmos con el fin de animar los dedos y voces de personas con mucho tiempo libre, tanto como talento que gastar.

Su nombre es Zun, el músico borrachuzo con mayor cantidad de versiones por canción que jamás haya conocido.

(más…)

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01/11

El discreto genio de Los Sims

De vez en cuando, cuando tengo el día evangelizador, me da por comprar uno o dos juegos a mi mujer. Es hora de sacarla del abismo de los cacharritos de Facebook o esa extraña creencia que dice que el Trivial, Pictionary y similares son juegos de mesa (son juegos sociales, joder – no más que eso), me digo. Regalale algo de entretenimiento friki serio y puro, a ver si aprende. Sácala de la telebasura estilo La Noria y llévala a la tierra prometida que es Los Soprano, versión interactiva.

Debo confesar que si bien en juegos de tablero en general he fracasado más que acertado (aunque Ticket to Ride, que no sólo es un juego serio, sino que encima es de ¡trenes! le encanta), en cuanto a videojuegos tengo bastante más olfato. El enorme, épico, gigantesco catálogo de la Nintendo DS ha sido una auténtica bendición, sin duda, pero joyas como Animal CrossingPeggle, Phoenix Wright, la saga de Profesor Layton, Picross 3D y demás material de calidad han funcionado muy bien.

En las consolas no-portátiles  la tasa de acierto ha sido un poco menor. La Wii empezó muy bien (Wii Sports es, mal que nos pese, un juego fantástico -y Resort aún más-, Boom Blox, Tiger Woods), pero la estulticia de las productoras ha hecho que castañas infames como Just Dance hayan acabado en mi estantería. En la Playstation 3, sin embargo, sólo había conseguido tener un éxito claro en esta tarea de elevación del espíritu friki con el magistral Rock Band (1,2,3, Beatles y Lego), un victoria pírrica con Singstar y… nada más. Desierto. Ninguno de mis intentos había fructificado.

Estas navidades, sin embargo, decidí volver a los clásicos. En tiempos remotos, allá cuando los Pentium II dominaban la tierra, había escrito muy favorablemente de una de las marcianadas de Will Wright, Los Sims. El primer juego no sólo era original, sino genuinamente adictivo, así que en cuanto supe que EA se animaba finalmente a sacar una versión completa de la criatura para PS3, lo compré (barato, por supuesto – $35 nuevo, el mes en que salió. Soy tacaño) para probarlo.

Veredicto: joder si funciona. Temo que la maldición de Nintendogs se ha repetido, y voy a verme forzado a comprar una segunda PS3Sims 3 a este paso. Y no, no es sólo porque ella quiera jugar constantemente. Por culpa de Sims 3 no he tocado el (fantástico) Need for Speed: Hot Pursuit desde hace semanas, aún no he comprado siquiera Gran Turismo 5, una viejecita de 80 años me podría ganar al FIFA 11 y aún no he abierto Mass Effect 2 (!!!)… ya que cuando ella no está dándole a las personitas virtuales, estoy yo.

No es que Sims 3 aporte gran cosa respecto a sus predecesores. La estructura básica del juego es idéntica: crear familia, hacer que se entrenen, hagan amigos, ganen dinero, se compren cosas, tengan hijos, etcétera (en teoría) o crear familia, tener una pila de fracasados adúlteros incapaces que se pasan la vida ligando, peleándose y haciendo el mandril, y que a veces van a trabajar sobrios y todo (demasiado a menudo). Una especie de culebrón virtual (bastante) interactivo con un sentido del humor bastante cafre.

Si acaso, esta versión ha perdido uno de mis elementos favoritos del primer juego. En Sims 1, todas las familias creadas vivían en un mismo barrio y podían interactuar entre ellas, permitiendo crear auténticos melodramas con tus pequeños engendros, con grandes choques de trenes entre las familias “serias” y los desastres emocionales que querían romperlas, etcétera. En Sims 3, cada familia creada vive en una instancia separada por defecto, y hacerlas convivir es un proceso bastante torpe e incómodo. Aunque lo hacen por buenos motivos (ahora todas las familias están activas al mismo tiempo, así que todos “envejecen” aunque no los controles), creo que es una pérdida importante.

Lo que está intacto, sin embargo, es lo que hace la saga (y la mayoría de juegos de Will Wright, por cierto; es una marca de fábrica) tan adictiva: el endiablado diseño de pequeños proyectos y pequeñas recompensas que hace el juego tan adictivo. Todo el sistema se basa en dar siempre al jugador varias opciones para sus personajes, varios “miniproyectos” a su alcance – ascensos en el trabajo, noviazgos, amistades, nuevos cachivaches, nuevas habilidades, cualquier cosa- y siempre, siempre, siempre tener una recompensa asociada a su consecución, de un valor proporcional a su dificultad. La clave es asegurar que siempre durante la partida el jugador siempre tenga algún objetivo a la vista, y que siempre consiga algo a cambio.

Refinando aún más el sistema, los Sims no dan una vía única y verdadera de conseguir cachivaches, con ciertos ramales paralelos. La idea no es “simular” familias de clase media formales, sino permitir que cada jugador pueda establecer el grado de bohemia, caos o maldad imperante en su hogar. Hippies pasados de rosca, tipos criminales siniestros, aburridos escritores, vivales juerguistas, blogueros feroces, la libertad de acción está “ahí”, y puedes hacer lo que te plazca. Quizás el sistema de juego no cambia en exceso entre una opción u otra, pero no importa: el encanto es que el diseño inicial deja que sea el jugador el que explique una historia y vaya creando una progresión, y no a la inversa. La mecánica quizás es parecida (hay “recompensas” a la maldad, como tener sims chiflados que disfrutan teniendo némesis), pero es la imaginación del jugar la que da sentido a lo que sucede, y no la inversa.

La tercera iteración de la serie tiene el problema, si acaso, que hace el mecanismo de recompensas demasiado explícito en ocasiones, dándote demasiados avisos sobre posibles cursos de acción y dándote puntos por casi cualquier cosa. El original era en este aspecto mucho más sutil, con algunas recompensas realmente maravillosas por rebuscadas. Mi favorita, de lejos, la aparición de un payaso triste si una fiesta era una catástrofe  - venía sin avisar, se ponía a deprimir a tus amigos con malos chistes y gestos siniestros y era de un plasta insoportable.

Eso no quita, sin embargo, que Sims 3 no sea un señor juego – y lo es, en gran medida, porque hace maravillosamente bien algo que muchos otros olvidan. Cuando penséis en juegos que os han parecido buenos, realmente buenos en los últimos años, recordad este esquema. Es lo que explica, sin ir más lejos, por qué GTA: San Andreas es mucho mejor juego que el decepcionante GTA IV. Lo realmente difícil, por cierto, es conseguir que esta estructura de recompensas funcione en juegos menos abiertos, como plataformas, acción o aventuras. El maestro en este terreno es (como no) Nintendo, gracias a su increíble atención por el detalle. Pero de eso, y como un buen Mario es de hecho un ciclo de aprendizaje, hablamos otro día.

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01/11

Demonios, pingüinos explosivos y desmadre: Disgaea

DisgaeaEl rey del Inframundo, señor de todos los diablos y monstruos, ha muerto atragantado mientras tomaba un aperitivo. Los demonios se pegan entre sí para conseguir su título…y dos años después el príncipe despierta de su siesta. Una de las pocas vasallas “leales” (con muchas comillas) le intenta despertar a base de mazazos, disparos y demás, cosa que consigue. Desde ese momento Laharl, el hijo del difunto rey, trata de poner fin al caos del Inframundo y tener a todos los demonios a sus pies, con las únicas debilidades conocidas de debilitarse si oye palabras relacionadas con el amor o si ve mujeres con “cuerpo explosivo”. Etna, su vasalla, le ayudará, contando con su escuadrón Prinny: unos pingüinos que explotan al lanzarlos, y que son en el fondo almas pecadoras que pagan sus pecados trabajando por debajo del salario mínimo en el Inframundo.

Así comienza Disgaea, el mejor juego de rol táctico que hasta el momento yo he podido jugar (tengo la versión de DS, aunque salió mucho antes para Playstation 2 y PSP).

Tendremos cuadrículas, combate por turnos, subidas de niveles, estadísticas a porrillo, golpes especiales, etc. Pero Disgaea es mucho más: es un juego infinito. Puedes jugar de modo totalmente lineal, haciendo las misiones del surrealista y sorprendente hilo argumental y ya está, sin más complicaciones…pero si quieres complicaciones tienes las que quieras.

Para empezar, no sólo están los mapas del modo Historia: te puedes meter en CUALQUIER espada, armadura, botas, arco u objeto del juego y dentro hay desde 30 a 100 mapas llenos de bichos. Cuantos más mapas pases, más subirán las estadísticas del objeto. Todos estos mapas de dentro de los objetos son aleatorios. El Item World (se llama así) está plagado de objetos, experiencia y desmadre (incluído el hacer “castellers” para lanzar a algún personaje a la escalera que te permite pasar el nivel, imprescindible si los monstruos nos superan en nivel).

Por otro lado, tenemos la Asamblea Oscura. Si quieres que en la tienda de juego haya mejores objetos tendrás que ir a una Asamblea de demonios y ellos tendrán que votar en pleno si acceden a que tengas mejores objetos. Puede que les caigas bien y te lo aprueben. Puede que tengas que sobornarles. Puede que te rechacen la propuesta y en medio de la Asamblea te líes a tortas con ellos para convencerles (nota: los miembros que votan pueden ser de niveles altísimos, y suele ser poco recomendable). No sólo eso: podemos pedirles hacer más contraataques, mover más casillas, que nos dejen ir a la Tierra a conquistarla, reencarnar al personaje que convoque la asamblea en otra clase, visitar otras realidades alternativas en las que los bichos tienen tropecientos mil niveles (nota: ¡¡en el juego el nivel máximo es 9999!!!! Sí, sí, 9-9-9-9, así que podeis estar subiendo nivel a vuestros personajes y objetos un buen rato…y no es una tontería, hay enemigos en fases alternativas que alcanzar niveles de cuatro cifras…). Solicitar cosas a la asamblea es un mundo en sí mismo. Y es especialmente satisfactorio cuando eres lo suficientemente fuerte para pegarles, os lo aseguro.

Además, tenemos la inmensa variedad de los niveles. Veremos que muchos mapas tienen casillas de muchos colores diferentes, y que en cada color pasa una cosa: unos curan, otros bajan tu defensa, otros te hacen invencible, otros crean clones de tus personajes, etc. Pues bien, en el mapa hay “generadores” de ese color que si nos los cargamos nos cepillamos el efecto…y hacemos daño a todos lo que están en esas casillas. Tenemos ahí momentos locos en muchas batallas, en las que seremos teleportados al azar, haremos explotar las casillas rojas, mientras los que están en las verdes son invencibles,etc.

Además de lo puramente jugable, que es casi eterno, variado a más no poder, fácil de aprender y adictivo al máximo, quiero hablar del argumento y los personajes. Allí donde la mayoría de los juegos del género como Fire Emblem u otros de otros géneros como los Final Fantasy, Gears of War y demás intentan relatar historias épicas, serias o dramáticas, Disgaea apuesta por el absurdo, el desmadre y lo ridículo. Ya lo hemos visto al principio, pero casi todo el juego es así (con excepciones como el capítulo en el que descubres el porqué desaparecen algunos prinnies). Tenemos episodios que empiezan con Laharl cabreado por fotos comprometedoras que le ha hecho alguien y que usan para chantajearle. Otras empiezan con un picnic por el infierno que acaba en una pelea con el que nos ha robado la cesta de la merienda. En otras tenemos a un villano recurrente, un demonio rival del protagonista que se hace llamar el Adonis del Inframundo (pero al que Laharl rebautiza como “Mid-boss”, ante el cachondeo general). Los rivales son surrealistas, idiotas, patéticos y tiernos a la vez, sacándote más de una risa con sus motivaciones y actuaciones (entre ellos una parodia genial de los Power Rangers y otra del típico superhéroe de cómic estadounidense).

Por poner un ejemplo, al final de cada capítulo Etna, la vasalla del protagonista, hace un resumen de lo que será el siguiente capítulo…aunque lo que cuenta son fantasías suyas que no tienen nada que ver con lo que pasará, contándonos, por ejemplo, que en el próximo capítulo un equipo de béisbol en horas bajas será rescatado por ella, que se pondrá a batear!

Y, para acabar, quiero hablar de los prinnies. El escuadrón de esbirros de Etna, la vasalla de Laharl. Gregarios, temerosos de su jefa, suicidas si es necesario, con su riñonera donde guardan machetes y bombas, explotan al lanzarlos…son tan carismáticos y el concepto es tan bueno que se hizo un juego con ellos de protagonistas, cuyo título lo dice todo: “Prinny: Can I Really Be the Hero?“. Ha vendido bastante bien (a pesar de que se ha dicho que su dificultad era desmadrada) y parece que saldrá una segunda parte.

Para Playstation 3 teneis la tercera parte de la saga, que por lo que he leído es más de lo mismo. En un mundo justo este tipo de juegos serían promocionados por la prensa especializada, hablando de su originalidad, excelente sentido del humor (muy negro por momentos, que nadie se engañe con la estética anime aniñada de la portada), alto nivel de adicción y duración casi infinita. No hay versión oficial en castellano (sí hay traducciones amateur bastante decentes por ahí), así que toca jugar en inglés, pero es un inglés asequible para la mayoría de jugones, creo yo.

No hay excusa que valga: Disgaea DS es una genialidad que nadie debería perderse, dood!

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01/11

Ay que me emosiono

Fíjate qué cosas, hace poco más de un año escribía sobre mi incapacidad de pasarme los juegos más simples y demandaba que las empresas creadoras de videojuegos tuvieran en cuenta a aquellos que hemos nacido con dos manoz izquierdas. Y que estaría muy bien que juegos como Los Sims tuvieran la posibilidad de hacer aventurillas, quests y demás.

Pues se ve que El Ordenador está en todo, porque ahora resulta que los de EA Games sacarán nueva versión de Los Sims… en la Edad Media. Con reyes. Con caballeros. Con magos. Con ropajes fashion y muebles cucos con los que llenar tu castillo. Y con un nuevo estilo de juego más orientado al rol.

Después de esto, me cabe preguntarme: ¿Es esto la perfección? Una vez tenga este juego en mis manos, ¿qué me quedará por desear? ¿Volveré a pisar la calle o me fundiré en una con el sofá y el portátil? ¿Incluirá opciones online para los que siempre hemos querido vivir en un vasto mundo artúrico? (Si no han considerado esta opción, señores de EA, aún están a tiempo para remediarlo, ¡vive Dios!) Y lo más importante: ¿será fácil? porque leñe, eso era lo mejor de Los Sims, que hasta yo lo podía jugar sin apenas un par de bajas, pero ahora hay que meterse en líos de diplomacias y gobiernos, y eso sí que no, oigan.

En fin, el tiempo dirá. A pesar de mis reservas, ya me estoy frotando las manos.

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12/10

El arte de estirar la pata: manual de estilo

Cualquier rolero de pro ha visto uno de sus más queridos personajes estirar la pata alguna vez. No es algo bonito, ni divertido: esos pequeños montoncitos de números y estadísticas pueden que no parezcan gran cosa, pero siempre acostumbras a cogerles cariño. Un buen director de juego debe intentar, por tanto, que cuando finalmente un pobre diablo recibe un crítico más de la cuenta su muerte tenga cierto nivel, cierta clase, cierto sentido.

O a falta de sentido, que sea lo suficiente espectacular para hacerla memorable.

A continuación el departamento de clasificación, ordenación, reglamentación y burocracia de P.I.F.I.A. publica un extracto de su directiva general de reciclaje orgánico obligatorio de entes imaginarios en formato papel, esto es, una guía para cargarte personajes sin que lloren demasiado. El esqueña es el siguiente: una muerte, para ser considerada “aceptable” debe al menos maximizar dos de las categorías estadísticas detalladas a continuación. Para recibir el título de “memorable”, debe cumplir tres. “Épica”, al menos cuatro.

Veamos, pues, las categorías:

  • family-guy-deatha. Calidad de la oposición: el tipo que se carga el personaje debe tener una calidad mínimamente aceptable. Ser atizado porun troll cavernario medio es una forma de morir aceptable. Ser devorado por una criatura deforme multidimensional sedienta de sesos humanos empieza a molar. Que un kobold te dé el pasaporte de una pedrada en un ojo es básicamente triste.
  • b. Nivel de violencia aplicado: cascarla tras ser acribillado en un tiroteo épico es una decepción, pero no está del todo mal. Que tu ewok sea partido por la mitad por un Wookie con una vibrohacha usando un punto de fuerza es razobablemente épico. Ser ajusticiado por un un supercyborg metahumano hasta las cejas de rayos gamma que te ha derrumbado un edificio sobre tu cabeza, eso ya  mola más. Resbalar bajando una escaleras persiguiendo un orco, sacar una mala tirada de pifia y clavarte el yelmo en la médula espinal es, sin embargo, deplorable, y debe ser evitado.
  • c. Carisma de la oposición: A veces no importa cómo te machacan los higadillos, lo que importa es quién. Ser asesinado por un malvado hechicero que aterrorizaba la comarca es un poco mediocre, pero no grave. Caer a manos del malvado líder de SPECTRA que tu grupo lleva tratando derribar durante meses  es más decente, especialmente si aumenta el odio que tus compañeros sienten por él. Morir a manos de hermano que creías perdido y habías rescatado sólo para darte cuenta demasiado tarde que es de hecho un cultista de un monstruo con demasiado tentáculos empieza a ser épico. Muerte por triste campesino cabreado con potra, sin embargo,  es gran cosa.
  • d. Nivel de creatividad del arma homicida: irse al otro barrio después de ser atizado con sable normalito, acribillado con una pistolita del montón o frito con un vulgar misil mágico de nivel uno es realmente poca cosa. Ser horriblemente desfigurado por una robofregona berserk empieza a tener un poco más de nivel. Ver como tu cerebro es convertido en mantequilla por la contemplación de horrores de otros planes de existencia ya es más sólido. Que tu vida se convierta en un refinado infierno por toda la eternidad víctima de una elaborada maldición diseñada por un comité de sádicos compuesto por inspectores de hacienda, responsables de programación de Telecinco y dementes enajenados del sanatorio de Arkham, eso sí tiene nivel.
  • e. Sentido último: si el sacrificio último de un personaje es por algo que vale la pena, todo es más sencillo. Cascarla intentando robar dinero de una viejecita, eso es triste. Tirarse encima de una granada para salvar unos huerfanitos, eso está mejor. Salvar la ciudad de la horda de no muertos defendiendo las puertas hasta el amanecer sólo para sucumbir a tus heridas, eso es una gesta. Salvar el mundo mediante un ataque kamikaze contra el portal de otros universos que va dejar que los seres viscosos de un planeta impronunciable nos invadan, eso es épica.
  • f. Quijotismo: hay veces que un grupo la caga, y la caga tanto que el DJ no tiene excusa y tiene que freir a alguien. En esas situaciones es importante darles una oportunidad de un muerte digna, grandiosa, aceptablemente heróica. Ser ahorcado al amanecer no mola. Ser sojuzgado por hordas de matones a sueldo del gran maligno en una reedición de El Álamo está mejor. Caer en un gesto de grandeza desatado tratando de derrotar una lanza de battlemechs de asalto con un mondadientes o un Locust (más o menos igual de útil) es épico.
  • g. Absurdidad: las muertes estúpidas son dolorosas – pero hay algunas muertes tan idiotas que son elevadas a una cierta épica. Ese orgulloso mechwarrior que tras fallar una patada se estrella con su battlemech de cabeza y aplasta su cabina. Una pifia con el mayal en un momento especialmente dramático, épico o embarazoso. Una catastrofe especialmente creativa al intentar utilizar armamento experimental un poco demasiado peligroso. Los horripilantes efectos secundarios de tratar de utilizar magia demasiado oscura y demasiado siniestra. Un fallo en la tirada de explosivos manejando dinamita. El error es bello.
  • h. Vaporizado: el punto culminante de la tabla de daños en Paranoia, una vaporización es siempre motivo de orgullo y satisfacción. El Ordenador sólo vaporiza a gente realmente especial, comunistas especialmente malvados o mutantes especialmente babeantes.  Ronda de aplauso.

Esta es, en líneas generales, la métrica de P.I.F.I.A. para calificar muertes como “épicas”. Apreciadla y celebrarla. Que todo cadaver sea memorable. Que toda defunción tenga estilo y nivel. Que todo héroe tenga su proverbial cabalgada épica hacia el ocaso. Que cada muerte cuente, carallo. Que para algo gastamos lápices en esas hojas de personaje.

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10/10

Conspiranoias poldavas™.

Sabemos que no habrá perfección en Poldavia y que saldrán conspiranoicos como setas, pero… vaya, no es mala idea que nuestro Gobierno cree una empresa dedicada a producir material para conspiranoicos. El nuevo Zeitgeist debería estar en nuestras manos, eh. No debería ser una de esas iniciativas que toman particulares, ¿eh? ¡Que sea mendacidad organizada, por favor! ¡Que no se renoven los mitos sin nosotros!

Y hete aquí un ejemplo de lo que haríamos en esa empresa, una versión de lo que ocurrió tiempo ha con el 11-S para los conspiranoicos, por si la versión oficial “no les entra en la mollera”.

Oíd, los que deliráis. Ya sé que vosotros adoráis al Dios de la Plausibilidad y eso, que creéis en cosas que no suenen tan inverosímiles. Que hoy en día está de moda vender las conspiranoias con ingredientes científicos diluidos, sí. Que eso lo sé, ya. Y es una pena, porque está muy feo aparentar tanto. No obstante, no tenéis que preocuparos. Hoy me tiro desnudo a la piscina, oíd. Os contaré, queridos, una historia sobre el 11-S. Para empezar, ¿habéis oído hablar del mago negro? ¿Sí? ¿En videojuegos? Lamento decir… que también están entre nosotros.

Así ocurrió, queridos. Decenas de magos negros se congregaron en aquel día. Y con el poder de todos ellos, lanzaron un conjuro tan poderoso que alteraba la realidad material que percibían todos los habitantes del Universo. Veíamos dos aviones estrellarse. ¿Todos? ¿¡Todos!? ¡No, no afectaba a la realidad que percibía Eugène Terre’blanche en su raro cerebro! Y gracias a él, que descanse en paz, supimos de esos magos que atentaban. Él vio en la pequeña tele de su celda cómo ésos, compinchados por el poder negroide, atacaban a ese símbolo de la América blanca mediante conjuros diabólicos de fuego azul. No cejaron en su empeño durante unos minutos, rodeados de una barrera protectora.

Y al final… Estruendo. Cayeron. Humareda de polvo. La América blanca, ¡¡¡MUY jodida!!! Y todo eso lo desembuchaba Terre’blanche hace poquito en una rueda de prensa de la cual se esperaba que él dijera cosillas sobre su país. Y algunos sudafricanos afortunados lo supimos. Esas declaraciones las emitió la principal cadena de televisión sudafricana. Pocos días después, fue asesinado por gentileza de negroides salvajes a sueldo del gobierno sudafricano, también a sueldo de los Estados Unidos de América, que estaban, para variar, a sueldo del Poder Negroide. Ya ven, ¡qué duro es emitir la verdad! ¡Aaaaargh! ¿Me permitís? ¡Aaar…!

*se desabrocha la cremallera* ¡Esto es lo que hacen con nosotros! ¡Puta élite! *un gracioso pene sale y se menea* ¡La verga nos sacan! ¿Y qué quieren? *se orina* ¡Lluvia dorada! ¡Esto es lo que nos hacen! ¡Esto huele fatal! ¡Nos quieren joder! Mirad cómo el hombre blanco, tan prístino él, está condenado a morir por unos jodidos monstruos que están como chotas, eh. ¡Nos chorrean con eso, CON PUTA ORINA! Buuuuuuf… calma, calma…

[...]

Y, ¡oíd!, al menos esa historia es la verdad verdadera. De todo corazón… quiero que lo sepáis, gente de mundo. Que ocurrió. Que fue lamentable. *llora* *aplausos generalizados*

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10/10

Efectos económicos de la Singularidad

Con el advenimiento del coche automático, una creación de los ingenieros de Skynet Google, las mentes pensantes de P.I.F.I.A. predicen que la singularidad está a menos de dos décadas de distancia. Ese día, la humanidad creará la primera Inteligencia Artificial plénamente autónoma y autoconsciente. Si dicha AI no procede a destruir el planeta con armas nucleares (única decisión lógica, en vista de lo incompetente que es la humanidad gestionando el planeta), estaremos ante una nueva era de cambios enormes, radicales, gigantescos; una verdadera nueva economía marcada por el poder de los cerebros artificiales.

¿Qué cambios podemos esperar? Lo cierto es que la revolución AI será profunda, y hará muchos, muchos puestos de trabajohal9000inmediatamente obsoletos. Algunos ejemplos:

a. Contables:

Es de sobras conocido que el código fiscal de un país desarrollado medio es sólo comprensible para metahumanos, frikis de los números estilo rainman o tipos con gafas que hacen del culto al aburrimiento y el sopor su religión, los contables. Estas pequeñas criaturas han pasado toda su existencia torturándose de forma salvaje intentando aprehender cosas tan chungas como depreciación desgravada sobre la base imponible para cadáveres incinerados antes de abril de 1997 sin impuesto de valor añadido, así que odian a todo el mundo con saña. Tanta saña, de hecho, que nos tiranizan, creando reglas aún más oscuras y toneladas de papeleo adicional.

El advenimiento de AIs baratas, eficientes  y rápidas (recordad, son software – su coste marginal es básicamente cero a medio plazo) acabará con los contables. Los ordenadores tomaran el control. Los números serán resueltos por un trasto que si se pone palizas le desenchufas el micro. El mundo será un lugar mejor.

b. Abogados:

Todo lo dicho para contables es básicamente aplicable para las incontables hordas de abogados que habitan en este planeta. Si bien los momentos dramáticos en los juicios seguirán cosa de seres humanos (actores, vamos. El papel lo hará Meryl Streep), todo ese trabajo de buscar precedentes, leer tomos de legajos viejos y torturar a la gente con citas gafosas escrito en un idioma arcaico e incomprensible (sólo utilizado por frikis jugando a Vampiro tomándoselo demasiado en serio) lo harán un par de PCs apañaditos con conexión a internet. Cualquier despacho de abogados de tercera tendrá la misma potencia de fuego que un monstruo legal actual, y todo por cuatro perras.

c. Controladores aéreos:

No. Más. Huelgas. Me parece que no hay nada más que decir.

Aparte de estas no demasiado tristes pérdidas en el mercado laboral, una cantidad tremenda de profesiones verán su importancia radicalmente disminuida. Un sólo ingeniero, economista, analista financiero o periodista de investigación verá como su potencia de fuego crece de forma exponencial, gracias a un incansable sistema experto que es capaz de hacer el trabajo de cien becarios. La diferencia real no será de recursos o capital inicial, sino de ser capaz de hacer las preguntas adecuadas y pedir la información precisa.

Esto hará, paradójicamente, todas esas profesiones increíblemente bien pagadas y que requieren mucha pasta en másters y MBAs muchísimo menos valiosas. Dirigir proyectos complejos o diseñar redes logísticas es infinítamente más fácil con una horda de esclavos digitales (bien equipados con circuitos Asimov, por descontado), así que los genios de las finanzas ahí fuera se van a sorber los mocos.

El mercado va a demandar, ante todo, dos cosas: creatividad, y la capacidad de manejar una llave inglesa. Lo primero, como hemos dicho, para ser capaz de pedir cosas interesantes a nuestros colegas digitales. La segunda, porque el mundo siempre necesita fontaneros… y porque puede que sea necesaria para atizar algún robot rebelde.

Las herramientas tradicionales serán especialmente importantes por un hecho simple: por motivos de seguridad (y evitar que las IAs dominen el mundo) ningún sistema inteligente podrá tener control directo de maquinaria en el espacio real. Queremos evitar tristes incidentes en los que un Wintermute cualquiera decide que tu mujer gasta demasiado en ropa y decide empotrar su coche contra una farola para que aprenda. Tampoco queremos que HAL 9000 o Neuromante decidan reconfigurar una fábrica de alpargatas y generadores de plasma abandonada para construir un ejército robótico invencible. No, no. Las AI va a estar enchufadas a la red, pero coches, trenes, robots y fábricas seguirán siendo sistemas tontos, no sea que ofendamos a alguien.

El Ordenador es tú amigo, pero mejor no confiarnos.

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