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12/11

“El Invierno del Dibujante”: Son malos tiempos para soñar

8:25 pm por Raúl S.. Archivado en: Cómic, biblioteca selecta friki, gafapastismo electrónico

Paco Roca ha creado una maravilla. Es un cómic. Y se llama “El Invierno del Dibujante”.

La historia está basada en hechos reales: un grupo de los mejores dibujantes españoles de cómic decide dejar a la entonces todopoderosa editorial Bruguera en la que trabajan y crear su propia revista. Todo ésto en la Barcelona de finales de los años 50 del pasado siglo. Es una iniciativa que tiene motivos económicos (las revistas daban mucho dinero pero los autores no recibían demasiado, la editorial repetía sus historias sin pagarles más, etc.) pero también artísticos y políticos (varios de ellos eran conocidos opositores al régimen franquista). Bruguera les boicotea y tienen que dejar su revista. El cómic empieza cuando tienen que volver con el rabo entre las piernas, humillados, a firmar un nuevo contrato con Bruguera.

A pesar de tratar temas en los que es muy fácil hacer desastres en uno u otro sentido, Paco Roca consigue varias cosas maravillosas. Consigue con pocas pinceladas diferenciar a los personajes principales de la historia. A pesar de tocar temas delicados, no hay nada de escabroso, morboso o demagógico en el cómic: las partes más duras discurren entre bambalinas, aunque son notorias, no se ocultan. Es un cómic extremadamente elegante y sutil. Triste y descorazonador, pero sobrio, más que agradecer entre un mar de series, películas o videojuegos que parecen dar a entender que enseñar vísceras saltando o introducir diálogos sistemáticamente ingeniosísimos es sinónimo por sí sólo de madurez o excelencia artística. La sobriedad junto al uso inteligente del color en la narración es sobresaliente.

Los dirigentes de Bruguera o su esbirro en jefe, entidades que podrían parecer objeto de fácil apaleamiento en el discurso de la obra, son tratadas con un mimo y comprensión estupendos. Que nadie espere que el jefe directo de los dibujantes y correa de transmisión de las órdenes de “arriba” esté pintado como un cachorro fascista que disfruta con el horror de los disidentes, a lo “El Laberinto del Fauno”. Más bien lo contrario: los últimos momentos del cómic son del “esbirro en jefe de los lápices rojos”, y no puede más que inspirarnos lástima y compasión. Más incluso que los dibujantes víctimas del boicoteo. El retrato de los opositores al franquismo que tuvieron que tragar sapos y ranas para intentar salvar algún mueble ganándose el odio eterno de otros opositores pocas veces estuvo mejor retratado.

Es un cómic del fracaso de una idea opuesta al estado de cosas oficial, con Escobar, el mítico creador de Zipi y Zape, mostrándose como lo que realmente fue: un catalán idealista, emprendedor, vital y fantástico. Las potencias extranjeras no sacarán a Franco de España, como él creía. Ellos no han conseguido sacar adelante su revista, como también creía. Y al mundo le parece dar igual. Los españoles ya no pasan hambre, la gente prospera. Su lugar lo han ocupado jóvenes como un tal Ibañez, que ha creado a unos tales Mortadelo y Filemón, bombazo editorial que “jubilará” a casi todo el mundo del sector, con un humor despolitizado y ausente de los tímidos intentos de crítica social que los fracasados emprendedores intentaron realizar. Han sido derrotados ideológicamente y también empresarialmente. Sólo queda bajar la cabeza, tragar y decir a tu hijo: “El pare volverá a dibujar al Zipi y Zape. Y al Carpanta. Son malos tiempos para soñar”.

Ésta es una historia de sueños rotos, de humillaciones entre bambalinas sin frases molonas ni sádicas, más bien con una educación y formas correctísimas que, en el fondo, transmiten aún más tristeza al lector. Humillaciones que no son queridas por los humilladores, los cuales admiran a los humillados y se sienten dolidos de lo que consideran que tienen que hacer.

Dentro del cuadro de drama, incluso hay momentos de humor cotidiano y encantador (en los que aparece Vázquez, del que ya hemos hablado en este blog). El único “pero” es su brevedad. Bien documentado como está (lo han comentado algunos de los autores protagonistas de la historia cuando han sido preguntados sobre el cómic), de haber sido más extenso podríamos hablar de obra maestra sin ninguna duda, pero quizás hubiéramos perdido en intensidad.

Quien no conozca a los protagonistas tendrá que saber que son los creadores del Capitán Trueno, de Zipi y Zape, de Mortadelo y Filemón, de Anacleto…pero todo ésto aparece resumido al final del cómic para quien no lo sepa. Estoy seguro que sin conocer a los dibujantes y sus obras es perfectamente posible entender y admirar el cómic, pero sabiendo quienes eran los personajes (y su obra) se disfruta todavía más.

Absolutamente recomendable. Pocas veces algo tan sobrio y contenido ha conseguido provocar tanta tristeza por las dos partes en un conflicto.

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08/11

Dos visiones de los EEUU: Superman y el Capitán América (II)

El Capitán América es uno de los superhéroes más castigados y estigmatizados. Su propio nombre alude al ejército, por un lado, y a la denominación de los Estados Unidos como si sólo ellos fueran “América”, por otro. Su vinculación a la bandera estadounidense y su condición de “supersoldado” le han hecho blanco de críticas por un supuesto imperialismo o fascismo.

Steve Rogers es un estadounidense algo enclenque físicamente, que ha sufrido en sus carnes las penurias de la Gran Depresión en un ambiente urbano. Aquí tenemos la primera gran diferencia con Superman, del que hablamos en el post anterior: Superman es físicamente un dios que crece en un idílico entorno rural.

Tras ver un noticiario sobre los nazis, decide alistarse, pero es rechazado. Steve Rogers representa a los EEUU antes de militarizarse para la Segunda Guerra Mundial, un país que tenía un ejército escuálido. Es la ciencia del Dr. Erskine la que transforma al débil Steve Rogers en el Capitán América, alcanzando el máximo potencial humano en fuerza, resistencia, velocidad, coordinación y etc. El Capitán América es lo máximo físicamente que puede ser el hombre, pero no tiene superpoderes como tal. Pero “sólo” con eso es simplemente una auténtica bomba táctica. Los orígenes de los poderes de Superman son genéticos y están a un nivel divino. Los del Capitán América son científicos, y llegan como máximo a los límites humanos. Hay toda una tradición en la ciencia ficción de presentar a la ciencia como una fuente de peligros, desastres, creación de monstruos y demás, siendo el caso de Steve Rogers de los pocos en los que la ciencia sirve como instrumento para combatir al Mal, sin ningún gris de por medio. Es la ciencia, la producción en masa de navíos, la tecnología, la que ayuda a los EEUU para ganar la guerra.

La serie tuvo cierto éxito en sus inicios, debutando con la famosísima portada en la que aparece dando un puñetazo a Hitler. Como suele ser habitual, el Capitán América se hace pasar por un soldado más y adopta un ayudante muy jóven, Bucky. Aventuras en las que los malvados son nazis y sus lacayos, entre ellos su Némesis: Cráneo Rojo, un anónimo camarero de Hitler que es educado por éste para ser el más terrible de todos los nazis. El Capitán América aborta atentados contra Roosevelt (el cual le da su indestructible escudo) o Churchill, así como capturando numerosos espías. El Capitán América era un elemento propagandístico antinazi prototípico.

Con el fin de la guerra el personaje cayó en desgracia, llegando a cancelarse su serie. Se intentó reflotar al personaje en los años 50, con un tono político mucho más definido, en el que el Capitán América era decididamente imperialista, nacionalista y afín al Macartismo.

Captain America 50´s

Esta versión del Capitán América tuvo muy poco éxito comercial, y fue rápidamente abandonada.

La “resurrección” del personaje vino en los años 60, dentro de la Edad de Plata del cómic superheroico. Empezó siendo un cómic de aventuras sin más pretensiones, teniendo de principal enemigo casi siempre a algún nazi o a organizaciones de ideología fascista.

El Capitán América, personaje en principio unidimensional, pasó a volverse complejo cuando protagonizó cómics con una fuerte carga política. En primera lugar, empezó a compartir su propia serie con un superhéroe negro, el Halcón. Ambos eran la idealización de sus respectivas etnias: el estadounidense surgido del New Deal rubio, justo, honesto y el estadounidense negro, trabajador, solidario, surgido de Harlem y pro-sistema. Algunas tramas empezaron a poner a supremacistas blancos como enemigos.

Pero la idea de un Capitán América por encima del estereotipo explota en los años 70. En primer lugar, Steve Rogers se enfrenta al obseso anticomunista y racista Capitán América de los años 50, y lo hace con la ayuda del Halcón. En segundo lugar, el Capitán América se enfrentará a una conspiración que pretende hacerse con el poder de los EEUU, la cual está infiltrada en el sistema hasta lo más profundo. Esta historia se fue publicando de modo paralelo a los entonces actuales acontecimientos del Watergate, dándose numerosos paralelismos entre la trama del cómic y lo que se iba sabiendo del caso, hasta el punto paródico de cambiar muy muy poco determinados nombres de personas reales implicadas en la trama del caso Watergate (por ejemplo, el real Citizen´s Committee to Re-Elect the President, simplificado como CREEP, en el cómic pasaba a ser una organización que manipula a la opinión pública para desprestigiar al Capitán América, cuyo nombre es Commitee to Regain America´s Principles, cuyas iniciales son CRAAP…traducido: basura). Al final de esta saga, la Saga del Imperio Secreto, el Capitán América descubre que el cabecilla de esa conspiración para derrocar al gobierno democráticamente elegido es…¡¡el presidente de los EEUU!! (cuya cara nunca es mostrada), que al ser descubierto se suicida. El suicidio político de Nixon es, en el cómic, un suicidio “real”.

Los intelectuales de la época, recelosos del superhéroe de la bandera, se acercan al personaje y empiezan a hablar bien de él. El Capitán América, mientras tanto, sumido en la vergüenza y simbolizando las dudas del país y su pérdida de fe en su propio sueño, renuncia a su uniforme, pasando a ser Nómada, el héroe sin patria. Esta saga se la debemos a Englehart, que quiso recuperar al Capitán América no como un icono retrógrado y una parodia de lo peor del país sino como un símbolo de lo mejor de los EEUU, como alguien que no es un ciego patriota o un reaccionario que no ha salido de los años 50. El Capitán América, tal y como ha dicho su actual y fantástico guionista, huele al espíritu de 1776, que no a 1776. Representa el sueño americano, la esperanza, el ideal, lo mejor que pueden ofrecer al resto del mundo.

Momentos de este estilo tendrá de ese momento en adelante, cuando se niegue a ejecutar a un genocida galáctico (Operación Tormenta Galáctica), cuando pone por delante los ideales de los EEUU a los de los militares (Born Again), cuando comprende que en Japón se tenga manía a los EEUU por la invasión cultural estadounidense en tal país o se lamenta de la facilidad con que el pueblo americano puede caer en altercados racistas ( Servir y Proteger, publicada el mes pasado en España) o cuando pìde al presidente Bush Jr. el cese de investigaciones por parte de los EEUU en el campo de las armas biológicas (Zona Roja).

El Capitán América es, como Superman en su universo, la referencia moral del resto de superhéroes, el ideal de comportamiento noble, altruista y de colaboración con el gobierno democrático de los EEUU. En un intento de fusionar ambos universos, en la que se llamó línea Amalgam, el Capitán América y Superman fueron fundidos en un único personaje: Super-Soldier, ejemplificando ésto mismo. Ambos son también líderes de los grupos de superhéroes más poderosos de sus respectivos universos: la Liga de la Justicia y los Vengadores.

La interpretación clásica entre el mundo friki suele ser pintar al Capitán América como un progre viejuno, como el aburrido paladín de las partidas de rol, en contraposición a Superman, cuya obediencia casi absoluta al poder establecido la ha valido calificativos de reaccionario, fascista y demás lindezas. Ni Superman es “de derechas” ni el Capitán América es un liberal o un izquierdista. El matiz viene de su orígen (extraterrestre uno, humano el otro), nivel de poder (divino, al borde de lo humano) y el orígen de tal poder (genético vs científico). El Capitán América ha sido históricamente más vigilante con el poder establecido, hasta rebelarse ante él, pero la actitud general ha sido siempre de colaboración con el poder democrático y lucha contra sus enemigos (lo cual en determinados ambientes parece que significa “fascismo”, cosa que me cuesta entender). Superman siempre ha sido, en casi todas sus encarnaciones, mucho más “obediente” con el poder. El nivel de poder de Superman ha complicado hacerle buenas historias, al Capitán América le ha ayudado a que tenga, en general, un nivel de historias mejor, sobre todo cuando la cosa tiende al género del espionaje (como está haciendo su actual guionista, Brubaker).

El Capitán América o Superman no son los héroes molones, sentenciosos o ultraviolentos que empezamos a tener en los 90, cuyos principales representantes son Lobezno, Cable o Azrael. Son, de hecho, todo lo contrario. Ninguno de los dos tienen una frase molona del estilo “soy el mejor en lo que hago” o similar. No han sufrido traumas en la infancia que les han hecho ser seres oscuros, como Batman. El Capitán América estuvo en el frente ruso de la Segunda Guerra Mundial, vió las atrocidades nazis y, a pesar de todo eso, no se traumatizó, ni se volvió un macarra busca-bullas ni dudó de sus ideales y principios. A partir de “Watchmen” parecía que todo el mundo que se enfrentaba a cosas terribles acababa sonado y aficionado a romper dedos, pero el Capi o Superman seguían siendo “aburridos”: van a defender a los inocentes, van a respetar las reglas y van a seguir siendo idealistas. Esto incluye usar la fuerza, por supuesto, pero nunca de manera desmadrada, idiota o simplemente molona. La obsesión de Batman y su deseo de atormentar a los delincuentes son molones. También “héroes siniestros” como Lobezno. Ni el Capitán América ni Superman son “molones”. Son los cánones del superhéroe de antes del abismo posmoderno en el que cayó el género en los 90, en el cual los grises terminaron confundiendo a los “buenos” con los “malos” y generando una cantidad enorme de cómics violentos, nihilistas y malísimos. Pero malísimos de verdad.

Todo ésto viene del inmenso daño que hicieron las malas interpretaciones de las obras ochenteras de Alan Moore o Frank Miller, que se quedaron nada más en la suciedad, la violencia, el desequilibrio mental y el molonismo. Pero de eso hablaré, espero, otro día.

P.D.: Este post lo he podido hacer gracias a las introducciones a los volumenes del Capitán América publicados no hace “El Imperio Secreto” y “¿Quién es el Capitán América?” escritos por Raimón Fonseca.

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06/11

Dos visiones de los EEUU: Superman y el Capitán América (I)

El cómic de superhéroes es un género que en Occidente ha barrido en términos comerciales al resto de géneros, desde su nacimiento a finales de los años 30 – principios de los 40 del siglo XX. Tuvo que venir a mediados de los 80-principios de los 90 el cómic japonés, el Manga, para ver perder en Europa o EEUU su apabullante dominio. Pero antes de todo esto hubo un principio, Superman.

Superman es el primero de los superhéroes, un icono pop que es conocido por todo el mundo, por su influencia decisiva para el éxito de su género y por su popularidad ganada por la primera película de Richard Donner. Superman es un extraterrestre casi omnipotente que llega en una nave espacial a EEUU siendo un bebé, y al que encuentran dos granjeros de Kansas. Allí es educado en los valores propios de un boy scout: no mentir, respetar siempre las normas, ayudar al débil, ser siempre un ejemplo. Superman es practicamente invencible, pero su grandeza viene de sus principios adquiridos en su infancia y su inquebrantable moral. Es la guía moral del resto de superhéroes de su universo.

Tuvieron, con los años, que ir reduciendo su nivel de poder, ya que era complicado inventar situaciones que fueran un mínimo desafío. Su conducta bebe del mito de la moralidad superior del campo sobre la ciudad, que suele ser representada como fuente de males y complicaciones sociales molestas. Superman, por su propia moral, es obediente siempre con el poder establecido. En su encarnación original de los años 30 en cómic, en la película de Richard Donner (en la que Superman le dice a Lois que él lucha por “la Verdad, la Justicia y el Modo de vida americano”), en universos alternativos en los que su nave cae en la URSS y Superman defiende al poder soviético combatiendo contra el capitalismo, prometiendo no intervenir en una situación caótica al presidente Reagan por más que la cosa sea muy grave, etc. Las muestras de rebeldía de Superman frente a las autoridades existen, como la reciente y famosa renuncia a la nacionalidad estadounidense, pero son muy escasas y suelen consistir más en tirar la toalla y abandonar que en un enfrentamiento directo.

¿Es un personaje reaccionario, como tantas veces se ha dicho? Lo es en el sentido de apoyar sistemáticamente al status quo o haber sido muy usado en los cómics para ridiculizar a regímenes no afines a los EEUU, pero no en el sentido de apoyar políticas racistas o clasistas. Hemos tenido a Superman combatiendo al Ku-Kux-Klan y recordemos que su archienemigo es Lex Luthor, primero un científico loco y en su segunda versión un gran hombre de finanzas. Clark Kent sufre los rigores de una oficinista que viene de pueblo y que se siente perdido en la gran ciudad, mientras su identidad superheroica combate a un hombre normal que se esconde detrás de su ejército de empresas o de horrores científicos. La ciencia y el capitalismo como herramientas para destruir al dios venido a la Tierra para inspirarnos. Está dentro del sistema que pretende defender lo que pretende destruirle, al igual que es la kriptonita de su planeta natal lo que puede acabar con él.

Superman es el exponente de la america rural, de los chicos simples y buenos que no se acobardan y defienden su forma de vivir sin rendirse. De una América casi indestructible, cuyo poder viene de nacimiento y cuya única fuente de amenaza está dentro de sí misma.

Aunque sus primeras historias sentaron las bases del género, se le ha acusado de ser un personaje con villanos bastante decepcionantes. También de que a lo largo de décadas de existencia las historias memorables sean muy muy pocas, siendo el nivel general de la serie regular tirando a malo, crítica que suele hacerse a Spiderman. Hasta donde yo he podido leer de ambos (que es bastante), creo que es cierto. Lo cual no quita, claro, para que haya auténticas joyas con Superman de protagonista. Mencionaré algunas:

- Lex Luthor: biografía no autorizada: cómic muy corto (48 páginas), con temática de novela negra. Narra la historia de un reportero de investigación ahogado por las deudas que investiga el pasado de Lex Luthor. Se muestra la psicología del personaje en pocos, crudos y geniales brochazos, en un tono narrativo asombrosamente adulto para un cómic de superhéroes.

-Para el hombre que lo tiene todo: Años 80. Dibujo de Dave Gibbons y guión de Alan Moore. No, no es Watchmen, es un cómic de Superman. Recuerda en su estructura narrativa a la Biblia del Cómic, con sus paralelismos y sus siniestras simetrías. Absolutamente imprescindible, te guste o no el personaje. Hace poco se publicó en España.

- “¿Qué pasó con el hombre del mañana?“: Ya hemos dicho que Superman era demasiado poderoso, así que en los años 80 sufrió un “reseteo” y le quitaron nivel de poderes para intentar hacerlo más interesante. Las últimas historias del Superman todopoderoso se las dejaron ni más ni menos que a Alan Moore. Cómic muy muy superior a la media, con un final muy soprendente y momentos muy tristes, aunque la narrativa visual haya envejecido mal. Neil Gaiman hizo el guión de un reciente “¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?” con Batman, en claro homenaje a éste cómic, en el que aprovecha para hablar de las esencias de Batman a través de lo que mejor sabe hacer: los relatos oníricos y el mundo de los sueños. No llega al nivel del cómic de Alan Moore, pero es un gran cómic.

-All Star Superman (2006-2008): Dibujo de Quitely y guión de Grant Morrison. Simplemente copiaré a Pedro:

En All Star Superman, Morrison cuenta una historia de Superman totalmente intemporal. Para ello se inspira en todos los tebeos existentes del personajes e incluso en los protagonizados por sus sosias (hay cosas del Supreme de Moore o del Majestic de Joe Casey en esta obra), los destila a su conveniencia y extrae lo que le parece mejor de ellos para narrar sus propias historias. Como resultado tenemos historias donde todo nos suena, donde ya conocemos a los personajes y a los elementos que participan, pero que son totalmente originales y sorprendentes. Morrison ha sabido recuperar el sentido de la maravilla, de narrar historias que despierten nuestro sentido de la imaginación, de dejarnos boquiabiertos ante la visión del superhéroe. Morrison ha hecho un tebeo que te recuerda por qué sigues leyendo a estos tipejos en malla: porque siempre queda una gran historia que contar.

Y que decir de Quitely que esta absolutamente espectacular en todas sus viñetas(…). Sea como sea, está absolutamente brutal y estas páginas si que se merecen todas las ediciones de lujo que uno se pueda imaginar.

No voy a contar nada sobre las tramas, porque me parece un delito privar a la gente de una lectura virgen de esta obra, pero que maravilla la historia de Lois, la de Jimmy, la de Zibarro o el espectacular número 10 que estuvo a punto de hacerme soltar una lagrimita y todo de lo emocionante que resulta esa última viñeta. Que cosa más grande han hecho Morrison y Quitely, que bien se siente uno cuando lee este tipo de tebeos.

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05/10

Del “Bwa ha ha” al psicoanálisis: J.M. DeMatteis

Al hablar de cómic la gente siempre proclama su admiración por Frank Miller, Alan Moore, Neil Gaiman, Toriyama, Hugo Pratt o, incluso, Hergé. El mundillo se ha hecho más popular, lo cual es bueno. Admirando como admiro a todos los anteriores, este post es un pequeño homenaje a alguien con menos talento que todos esos bestias antes mencionados, pero al que yo tengo mucho cariño.

Ese alguien es John Marc DeMatteis.

El bueno de DeMatteis hizo guiones de varios cómics de superhéroes, dando lo mejor de sí mismo en los dorados años 80. Al contrario que otros, especializados en un tono o estilo determinado, DeMatteis tenía dos perfiles totalmente distintos en los que era igualmente bueno: el humorístico y el introspectivo.

Del humorístico es conocido por su etapa en la Liga de la Justicia Internacional. Este cómic en principio era la reunión de los mayores héroes de DC (Batman, Superman, Wonder Woman, etc), pero cuando llegó DeMatteis de las estrellas sólo quedaban Batman y el Detective Marciano (y el primero se iría de la serie pronto). Todo estaba repleto de personajes segundones, perdedores y poco carismáticos.

Ese fue el comienzo del “Bwa ha ha”. ¿Qué es el “Bwa ha ha”? Es la mejor definición para lo que desarrolló DeMatteis junto a Giffen en la serie: hizo una sitcom de superhéroes. Los desternillantes diálogos, las situaciones ridículas (memorable aquel cómic en el que los malvados son unos pingüinos), las parodias constantes a los habituales elementos del cómic de superhéroes y los villanos delirantes (entre ellos un alienígena todopoderoso, parodia de Galactus, que planea redecorar el planeta Tierra y pintarlo de colores horteras, al que solo pueden detener llevándole a las Vegas para que vea que en la Tierra ya tenemos algo estéticamente por el estilo…¡brutal!), y el protagonismo de Guy Gardner, el superhéroe prepotente, machista, egoísta y encantador, todo a la vez.

Yo empecé a leer esta etapa (aquí en Amazon) sin conocer a ninguno de los personajes, y no influye en nada: las risas vienen y van sin remedio. Nadie ha conseguido hacer una serie de superhéroes (en la que hay poco de superheroico y mucho de comedia) tan graciosa, ingeniosa y delirante…y es muy posible que sea por haber dispuesto de personajes secundarios o que más o menos daba igual qué se hiciera con ellos. Tras abandonar la serie, hace poco tiempo (2003) que les dejaron a DeMatteis y Giffen coger otra vez a algunos de aquellos personajes, logrando de nuevo hacer unos cuantos cómics desternillantes (e incluso ganar premios totalmente merecidos en el proceso).

Y del introspectivo tenemos sus etapas en Spiderman. Entre ellas, la mejor historia de Spiderman desde que Stan Lee dejara al personaje: La Última Cacería de Kraven(1987). Kraven, un supervillano de opereta, captura a Spiderman y le pega un escopetazo a bocajarro. Sin discursos, sin llevarle a su base secreta: te cazo y te mato. Pasa a enterrarle, para luego vestirse con su traje y tomar su lugar. No es que se conforme con matarle físicamente: quiere matar su espíritu.

Los propósitos de Kraven, así como los pensamientos de los personajes, tienen una profundidad psicológica casi nunca vista en un cómic tradicionalmente simplón como es el de superhéroes. El poema “El Tigre” de William Blake aparece en varias partes de la historia, en paralelo con la progresión en los pensamientos de Kraven, que harto de la civilización a la que identifica con la barbarie (suspirando por la Rusia anterior a Lenin), quiere morir con honor…y para ello debe vencer a sus demonios internos.

La Última Cacería de Kraven posee una atmósfera tenebrosa y angustiosa, realmente claustrofóbica, donde el contraste entre luz y oscuridad, muerte y vida, es siempre constante, con un personaje como Kraven el Cazador de fuerte caracterización nietzscheana e ideales animistas, casi anárquicos en el sentido de El Club de la Lucha de Chuck Palahniuk; en contraposición a la personalidad prácticamente dostoievskiana de un Peter Parker en el que reside un tipo de religiosidad innata que bebe y se alimenta de su sentido de responsabilidad

DeMatteis hizo alguna historia más en este mismo estilo instrospectivo, psicológico y lúgubre, aunque no tan logradas, como El Niño que llevas Dentro y La Muerte de Alimaña. Hay que decir que a pesar de hacer cómics muy por encima de la media había muchas quejas: no todo el mundo gustaba que un cómic de superhéroes empezara a ponerse tan psicólogico, tan cargado de traumas infantiles o de recuadros de pensamiento en cada viñeta. Es cierto que el paso del tiempo hizo a DeMatteis más pesado de leer, y seguramente debería haberse salido del carrusel superhéroico en esos momentos para airearse un poco (de hecho, hizo el guión de un capítulo de The Twilight Zone)

En los 90 se metió de lleno en la horriblehastadecirbasta Saga del Clon de Spiderman. Junto a otros muchos, contribuyó a alargar una saga que empezó interesante pero que pasó a crear múltiples líneas argumentales que nunca se cerraban (aquí un buen resumen). Hizo el mejor cómic de la saga, en el que muere la Tia May (AS 400, 1995), cómic totalmente sentimental, emocionante y brillantemente triste. La odiosa Tia May conseguía conmoverte por mucho que la odiaras.

Intervino también en uno de los pocos cómics que he tirado a la basura: Matanza Máxima (1993), una serie de cómics en que Spiderman se enfrentaba a uno de sus supervillanos, Matanza. Todo lo malo que podais decir de un cómic estaba allí: insultante, aburrido, lleno de molonismo, caracterizaciones ridículas e infantiles de los personajes, patadas al pasado de muchos de ellos, descoordinación de los autores, etc. Hay que decir que DeMatteis llegó a reconocer que Matanza Máxima fue una mala idea y creo recordar que medio pedir perdón por el cacao que montó junto a otros en la “Saga del Clon”.

Aun con todo, DeMatteis ha demostrado ser grande haciendo chistes y montando bufas, también siendo instrospectivo o épicamente triste. No es uno de los grandes del medio, pero sí está en un digno segundo escalón. Su gran versatilidad de registros es muy muy escasa. Y, qué leches, nos ha legado el “bwa ha ha”.

07

05/10

Orson Scott Card y el Demonio en una Botella: el Mes de Iron Man

5:15 am por Raúl S.. Archivado en: Cómic, Siensia Fissión, biblioteca selecta friki

El reclamo está claro, ¿no?

El reclamo está claro, ¿no?

Aprovechando el estreno de la segunda película de Iron Man, en España han salido hace poco dos cómics del personaje que vamos a comentar.

1.“Ultimate Iron Man” por Orson Scott Card. Sí, el famoso escritor de “El juego de Ender” se puso a hacer los diálogos y el guión de Ultimate Iron Man, esto es, rehacer el personaje desde cero, en un universo nuevo y con manga ancha. El dibujo es también prometedor, ni más ni menos que Andy Kubert.

¿Qué tal es? Como era de esperar, muy superior a los cómics superheróicos de esta década, cosa que se nota no sólo en la narración (bastante bien llevada), también en los diálogos o en la ausencia de esa plaga llamada “molonismo”, que parece dictar que tiene que haber dos o tres frases sentenciosas por página o ya nos parece un cómic para niños. Ciencia-ficción, traumas infantiles, luchas empresariales y carreras por patentes científicas. En éste post de la Zona Negativa lo describen muy bien:

Sin embargo, a partir del nacimiento de Tony el desarrollo de la acción es alterado de forma sustancial, pues es en este punto donde Card pisa terreno frecuentado en sus anteriores obras, al cederle todo el protagonismo a un joven, apenas un niño, más que especial. Ésta viene siendo una idea recurrente en la biografía del afamado escritor, no en vano tanto Ender Wiggin, como Alvin “El Hacedor”, por citar los ejemplos más evidentes, comparten con el Tony Stark de esta miniserie cierto predeterminismo: un condicionamiento derivado de estar en posesión de ciertas características que los hacen acreedores de un talento especial, que los convierten en personajes llamados a marcar, de un modo u otro, una época. Líderes naturales de gran madurez y fuerte carácter, forjado a base de padecer y superar adversidades que les han impedido gozar de una infancia normal. Así, con el transcurrir de las páginas, podremos comprender ciertos rasgos del comportamiento del Iron Man adulto, al tiempo que el guionista, de forma meritoria, se esfuerza por buscar explicaciones científicas (o pseudocientíficas, ya que en ocasiones recurre a la ciencia-ficción pura y dura) a los sucesos acontecidos y al comportamiento del protagonista. Todo un despliegue de imaginación y lucidez que arroja inusitadas dosis de originalidad sobre una obra que, sorprendentemente, flaquea precisamente donde a este autor se le supone mayor habilidad: en la articulación de una historia bien estructurada. Y es que el final de esta miniserie es, con diferencia, uno de los más abruptos que recuerdo.

Aún y con todo, recomendable, sobre todo por sus ideas frescas, originalidad y buen dibujo. El punto flaco es que a mitad del tomo la historia, como menciona el post, pierde algo de fuerza, y el final es regulero. El tomo que acaba de salir contiene Ultimate Iron Man 1-5 y Ultimate Iron Man II 1-5 USA: ambas forman el primer arco argumental (sin cabos sueltos).

2. “El Demonio en una botella”. El otro tomo recoge unas de las sagas clásicas del personaje.

Tony Stark vive agobiado por movimientos empresariales que amenazan con quitarle su megacorporación. Además, es incapaz de tomar el liderazgo de sus negocios. Por si fuera poco, unos enemigos suyos consiguen manipular su armadura para que, en público, parezca que asesina a sangre fría. En estas aventuras pelea como siempre y soluciona (más o menos) los entuertos, pero le vemos beber con frecuencia, hasta que, al final del tomo, la última historia nos habla de la dependencia de Tony Stark al alcohol, con imágenes insospechadas en el género, llenas de patetismo y sufrimiento.

En Spiderman aparecía el tema de las drogas (a pesar de las presiones de los sectores más conservadores de los EEUU), en el Capitán América se criticaba el caso Watergate mientras se abrían interrogantes sobre la identidad de los EEUU en su mítica saga “El Imperio Secreto” y en Iron Man teníamos al primer superhéroe que caía en el alcoholismo, todo en la década de los 70. La portada del último número de este tomo, en la que aparece frente al espejo, es una de las míticas del cómic del género.

El tomo relata la sucesión de momentos estresantes, frustrantes y solitarios que terminan llevando a una crisis como ningún otro superhéroe había tenido. El dibujo, la narración o los diálogos son muy clásicos de los 70, quizás teniendo en cuenta que el tomo recopila cómics de 1979 el tono puede parecer desfasado respecto a la altura de cosas del momento: digamos que el terremoto que fue para el mundillo “La saga de Fénix Oscura” se publicaría al año siguiente, para hacernos una idea.

En todo caso, cómic de superhéroes clásico con una historia final mítica.

03

05/10

El Capitán Trueno no es el Guerrero del Antifaz

Debido a la aparición de un nuevo cómic del Capitán Trueno (en el que teóricamente muere) he podido oír y leer muchas cosas erróneas respecto al personaje. Como es éste un sitio donde combatimos este tipo de injusticias (a la vez que ofrecemos una alternativa, ojo), procedo a intentar desmontar la imagen del Capitán Trueno que suelen tener los que no lo han leído, a saber: paladín de la iglesia católica, del franquismo y etc.

El Capitán Trueno empieza sus aventuras en la Tercera Cruzada, conociendo en ella a Ricardo Corazón de León y Saladino. Como es previsible, se hace más amigo del primero. Más allá de las cualidades del cómic o el personaje, éste tiene por adversarios a vikingos, a Genghis Khan (con el que mantiene un duelo que acaba en empate), a varios enemigos orientales e incluso algunos de civilizaciones precolombinas. Aparece algún enemigo musulmán (y Saladino no es retratado muy bien que digamos), pero las aventuras del Capitán Trueno le enfrentan a enemigos muy variados por casi todo el planeta. Por otro lado, las motivaciones del personaje le hacen encarnar el ideal romántico caballeresco: nunca ataca a un enemigo desarmado con una espada, cumple su palabra, se rinde para proteger a inocentes, etc. Se ha llegado a decir, ya quizás difuminando demasiado al personaje, que el Capitán Trueno hoy estaría en una ONG (difícil, pues aunque era caballeroso y demás se liaba a golpes contra los malvados de turno).

Esto de atribuir al Capitán Trueno elementos que no son suyos se hace aún más extraño si miramos al otro “caballero” del cómic español que más se acerca al tópico: el Guerrero del Antifaz. Ambientado en la Reconquista española, trata la historia de un hijo de nobles cristianos. Su madre, aún con él en la tripa, es secuestrada por un musulmán. El niño nace y crece creyendo ser hijo del secuestrador, haciendose un nombre peleando en nombre de Alá. Cuando descubre su auténtico origen de boca de su madre ésta es asesinada por su “padrastro”. El protagonista clama venganza, y lleno de vergüenza por su pasado, lucha por el cristianismo y contra el Islam, poniéndose un antifaz para no ser reconocido. Sus enemigos son los musulmanes, los traidores a España y al cristianismo. Por otro lado, mientras el Capitán Trueno siempre va de cara, el Guerrero del Antifaz miente, monta trampas vergonzosamente maquiavélicas y si ve que caes al suelo te apuñala por la espalda sin ningún remordimiento: contra el enemigo no hay piedad ni reglas que valgan.

¿De donde vienen los comentarios que identifican al Capitán Trueno con lo que es el Guerrero del Antifaz, esto es, un cómic abiertamente nacionalcatólico? Posiblemente del grito de batalla del protagonista (“Santiago y Cierra España!”), puede que de la aparición (no tan común) de Saladino como malvado de fondo, todo aumentado y distorsionado por el enorme éxito comercial del personaje (sólo superado por Mortadelo y Filemón en este país). El Guerrero del Antifaz es anterior, y más de una vez se ha hablado de que el Capitán Trueno era la alternativa “progresista” (poner muchas comillas) al oficialismo franquista que encarnaba el Guerrero del Antifaz. Quizás esta “respuesta” le ha contagiado de la misma fama. No lo sé, la verdad.

Ambos son cómics muy entretenidos, llenos de dinamismo y con una buena narrativa (el Capitán Trueno es bastante mejor).

22

04/10

Perfección friki: Kick Ass

Hoy he tenido una revelación. Hoy he tenido una visión, una imagen, una aparición. He visto lo que hay fuera de la caverna. He mirado al cielo y he visto la luz. La idea platónica de frikismo puro se ha hecho película. Hoy he visto Kick Ass, la película.

Y oh Poldavia, es una pasada de peli.Kick-Ass_film_poster (1)

Kick Ass es una adaptación de una serie extraordinariamente friki de Mark Millar, donde se narran las aventuras de un pobre pelagatos aficionado a los cómics que decide que quiere empezar a ejercer de superhéroes. Por descontado, el tipo no tiene ni un puñetero superpoder aparte de una capacidad desmesurada de recibir castañazos, así que no es que la cosa se fácil – pero siendo esto un tebeo, el tipo persiste y triunfa. Más o menos.

No he leído el material original, más allá de ojear un par de capítulos en casa de un amigo, así que no puedo opinar si es una buena adaptación o no. Me importa un comino. La película es brutal, genial, realmente buena. Tiene los mejores detalles frikosos de una peli de Kevin Smith, las referencias refinadas de un buen artículo en P.I.F.I.A, el total desprecio por las leyes de la física de una ovra de John Woo, la abrumadora coreografía de un sueño húmedo de Tarantino, el desparpajo sangriento de un apocalípsis zombie, la grandeza irrendenta de Michael Bay y la energía quinética de un tren de mercancias aplastando a Belén Esteban. Todo ello con una niñita de once años psicótica armada hasta los dientes, Nicholas Cage haciendo de friki que pretende hacer de Batman y McLovin como potencial genio del mal.

Kick Ass tiene los tiernos homenajes a la vida friki, una surrealista reflexión sobre el sentido de la vida de un superhéroe cualquiera y algunas de las mejores secuencias de acción que he visto en años. La entrada triunfal de Hit Girl  pone a Sin City a la altura de un episodio de los Power Rangers. El rescate de los héroes haría llorar al Batman de Dark Knight de pura envidia. La confrontación final hace que el tiroteo en el vestíbulo de Matrix parezca un episodio de Verano Azul.  Todo esto con una banda sonora que hace que te de ganas de pegar una patada voladora al tipo sentado a tu lado en el cine, gritar “¡Por el poder de Greyskull!” y salir a la gran ciudad a desfacer entuertos. Al acabar la película la sal estaba prácticamente haciendo la ola, presa del espíritu del frikismo verdadero.

No tengo ni idea cuándo se estrena en España. Pena que me dáis. No he salido tan entusiasmado de una sala de cine en mucho tiempo. Im-pres-cin-di-ble.

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03/10

Northlanders I. Algo más que un placer culpable

4:23 pm por J. Archivado en: Cómic, biblioteca selecta friki

Servidor, como muchas otras gentes de bien, ha tenido siempre ciertas prevenciones contra la ficción histórica. Por decirlo suavemente, me cuesta creer que alguien se pueda meter en la cabeza y la piel de un campesino del 1200 cuando ni siquiera tenemos muy claro qué coño quería decir con sus 35 diálogos el señor que fundó la civilización occidental. Y esto, aunque en distintos grados, vale tanto para las Memorias de Adriano como para el telefilm de gladiadores que ponen en la sobremesa de Antena 3 con Eric Roberts coronado de laurel. Los intentos de dotar a Gladiator de una trama política en torno a la restauración de la República -¡en el 192 d.C.!-, burdamente calcados de Yo, Claudio, donde ya eran un pasote, dan mucha risa y penita. (Aunque a los frikis nos cabrean mucho más las abundantes inexactitudes en la puesta en escena de la batalla inicial, claro.) Sensu contrario, le perdonamos a Roma haber convertido a la pobre madre de Augusto en un zorrón y comprimir 20 o 30 años de historia republicana en un par de temporadas de tele, porque los personajes aguantan mejor la ilusión de la mente y las costumbres antiguas. Bueno, y porque ver al fin un triunfo decentemente recreado, con el jeto del excelente Ciarán Hinds pintarrajeado de rojo, mola en sentidos y niveles que la vida cotidiana rara vez nos ofrece. Aunque echemos de menos algún montefortino y algún coolus más, en lugar de todos esos yelmos estándar por los que les debieron hacer rebaja en Cinecittà.

Porque, con todo, los grados importan. Hay representaciones más y menos burdas, colorines que dan más o menos cante; y, en definitiva, a veces no puede uno resistirse al elemental placer de la recreación histórica y del propio anacronismo -no, no me refiero a esas cenas medievales con calzas de lycra y los Carmina Burana atronando en surround. Si, como en el caso que nos ocupa, de lo que se trata es de un tebeo de vikingos, y de uno que intenta al menos llevar la cosa un poco más allá que el Thor de Simonson o Astérix y los normandos, pues resulta inevitable acabar pecando.

Evidentemente, no le podemos pedir a Northlanders las sutilezas de una Yourcenar o un Gore Vidal, ni la erudición demente de un Graves, ni la elegante sencillez de un O’Brian. Lo cierto es que el guionista medio de cómics -como el escritor medio de novela histórica, por otra parte- carece del equipaje intelectual preciso para vadear con éxito determinadas profundidades. La historia se sitúa además tan lejos en el tiempo y el espacio que la mera empresa de crear un argumento y unos ambientes verosímiles resulta muy arriesgada; pero el autor Brian Wood consigue no naufragar y, salvo en un par de ocasiones, evitar ese puntito de vergüenza ajena que es la marca de tantas y tantas obras históricas, y más aún en el terreno de la historieta.

Northlanders (Vertigo, 2007) narra el regreso a las Orcadas de Sven, hijo de un jefe local que ha pasado los últimos veinte años en Constantinopla como varego. Este pequeño artificio le permite a Wood observar la sociedad escandinava con los ojos de un extraño, atenuando en cierto sentido todos esos problemas de ambientación y verosimilitud a los que me refería arriba. Además, Sven representa también el contraste entre los tiempos viejos y nuevos -en 995, apenas 15 años después de su supuesto regreso, el rey Olaf Tryggvason convertirá por la fuerza a los colonos de las Orcadas al cristianismo-; aunque a veces con demasiado énfasis: sus repetidas declaraciones de increencia resultan más bien impostadas. Los enemigos de Sven pertenecen al universo pagano que se extingue, y uno tiene la sensación de que dicho elemento está algo desaprovechado, a pesar de las inevitables runas y del inevitable momento berserker.

A medida que Sven lucha por recuperar su herencia -qué gran verdad es esa de que no hay más allá de diez o doce argumentos de ficción repetidos hasta el infinito-, el lector conoce detalles de su pasado y del de la comunidad de Grimness. De alguna manera, este pasado es más importante que el lento avance de la trama hacia un final indeterminado, un anticlímax. El flashback de la historia de amor en Constantinopla resulta chirriante, y no tanto por sí misma, pues nada tendría de raro que una ricachona bizantina se encaprichase de un hombretón del norte como Ana Comneno se encaprichó de Bohemundo de Tarento un siglo después, cuanto por los términos inequívocamente contemporáneos -”modernidad”, “independencia”, etc- con los que Wood la pinta. Algo menor incomodidad produce la relación con la “hija del cazador”, dejando a un lado que le falta toda la naturalidad y brutalidad que le sobra a la historia de Thora.

El trabajo gráfico de Davide Gianfelice es más que competente, aunque incurre en algún momento de confusión: a los dibujantes en ocasiones les cuesta distinguir “oscuridad” y “confusión”, y esto vale hasta para Barry Windsor-Smith, que es inevitablemente una de las referencias aquí, especialmente en las tintas -otra, claro, es Simonson. Los detalles de ambientación resultan convincentes y generalmente correctos por lo que al dibujo se refiere. En cuanto al diálogo, Wood se ha enfrentado al eterno dilema -ese que Mel Gibson resolvió recientemente tirando por la calle de enmedio, o sea, el arameo y el quiché-, y ha tomado la decisión frecuente hoy de emplear un lenguaje contemporáneo, y bastante fuerte, antes que perderse en modismos de cartón piedra. Respetable y no mal ejecutada, en general, aunque el jefe sajón carga ya un poco las tintas y llega a parecer un personaje de los Soprano.

En resumen, Northlanders es un tebeo hosco pero disfrutable, de moderadas pretensiones y logros generalmente a la altura de ellas. No se trata, desde luego, de la gran obra maestra sobre la época que nos gustaría leer, y que probablemente está más allá de las capacidades e intereses del cómic yanqui; pero tampoco cae en la categoría de placeres culpables o artículos aptos sólo para la masturbación friki. Wood sale bastante airoso de un intento en el que muchos se habrían estrellado: recrear una historia del siglo X con las herramientas narrativas y conceptuales de un arte popular de nuestros días. No es poco.

Ah, y no, no hay cascos con cuernos.

19

01/10

Viva la ironía

Debo reconocer que, a pesar de que mi afición por las novelas de misterio se inició a muy tierna edad – mi primer libro pertenecía a la colección de los Cinco y aún guardo Los 3 Investigadores, completa, como oro en paño – no fue hasta muchos años después que conseguí leerme el primer libro de Sherlock Holmes. Es cierto que luego me comí 3 o 4 de una tacada, pero el mal ya estaba hecho.

Y el culpable de mi falta de interés por Sherlock Holmes es, precisamente, el mismo Sherlock. Al igual que no me tiran los superhéroes yanquis y que desde pequeña le tengo tirria a Vicky el vikingo, hay algo en ese aire de superioridad, ese esnobismo que te hace odiar al personaje con todas tus fuerzas. Y si lo interpreta Basil Rathbone, con doble motivo. Sin embargo más que al personaje en sí he aprendido a odiar a la imagen que todos tenemos de él, como el más grande e inteligente detective de todos los tiempos. Porque una lectura más detallada de las novelas nos revela ciertos defectos que humanizan y nos hacen más soportable al personaje. Pero sigue siendo un esnob.

Por eso agradezco los intentos de desmitificar al mito, y la última – enésima revisitación del personaje lo ha conseguido de una forma que todos los frikis agradecemos: con acción, humor y grandes dosis de ironía.

Qué mejor forma de caricaturizar al mismísimo Holmes que convertirlo en una especie de Batman sin máscara (aunque también se disfraza). Sus cualidades son exageradas al máximo hasta convertirlas en algo grotesco (como por ejemplo sus tácticas de lucha: te pasas media peli esperando que en algún momento se equivoque al predecir el resultado de sus golpes y se lleve una buena tunda). Sus defectos son aquí insoportables y a causa de ellos y, al contrario de lo que muchos creen, esta caricatura es más fiel al original que otras versiones anteriores (salvo quizás la que nos reflejaba Billy Wilder en La Vida Privada de Sherlock Holmes).

Si además le sumamos un Dr. Watson ab-so-lu-ta-men-te creíble (en serio: nadie que se haya leído los libros con cierta atención podría creer que el Dr. Watson es un señor regordete de mediana edad) gracias en buena medida a la magistral interpretación de Jude Law (¡ese acento! ¡Por dios, qué maravilla de acento!), tenemos al fin un Sherlock Holmes que no se atraganta, siempre y cuando sepamos verlo desde la ironía que caracteriza la revisitación de los clásicos en estos tiempos modernos que nos han tocado.

P.S. Se huele segunda parte… y que va a ser infinitamente mejor. Ya babeo sólo de imaginármelo (pero que continúe Jude Law, por favorrrrrrr)

14

01/10

Lo mejor de una década: Los Muertos Vivientes de Kirkman…o la caída al estado natural hobbesiano

Un policía novato se ve envuelto en un tiroteo, y tras ser herido pierde el conocimiento. Despierta en un hospital, extrañamente solo…para descubrir que los zombis se han apoderado de todo. Escapa como puede, para después encontrar a su esposa junto un grupo de supervivientes…

Detrás de este inicio mil veces visto en películas de zombis está otro de los mejores cómics de esta década. Un cómic que va mucho más allá de la típica historia de acción, gore y supervivencia que hemos visto mil veces en el cine.

En una película tienen un par de horas (o, por desgracia, tres) para contarnos las cosas, pero en esta colección Kirkman tiene mucho más tiempo. No sólo habla de los primeros momentos, del caos y la ignorancia, también del lento transcurrir de los meses en un mundo dominado por los zombis, de sus implicaciones sociales y psicológicas a largo plazo, hasta ahora poco explotadas en el género.

Pasan semanas, y sigue sin haber policía ni gobierno. Todo sigue invadido por zombis. Ya no es sólo escapar o resistir un poco. El mundo en el que todos van contra todos, el estado natural hobbesiano, es descrito en todo su esplendor…y horror.

Hay que conseguir comida, y cuando vas al supermercado, ya saqueado, hay más supervivientes. No hay abrazos perroflaúticos, no, hay lucha por los escasos recursos que quedan. Los zombis quieren comerte, y los humanos quieren los escasos recursos que hay. ¿Qué hacemos cuando sabemos que alguien que hemos aceptado en el grupo asesina a otro? Ya no hay sistema penitenciario, ni parece que vaya a haberlo. Toda la mentalidad que tienen (tenemos) los protagonistas, construida en un mundo en el que existía el estado, el capitalismo o el estado de derecho, va dándose golpes con la nueva y aterradora realidad, dura, triste, implacable.

Los muertos están siempre presentes y siempre están llevándose a personajes cada poco (la mortalidad es altísima en la serie), pero son el mar de fondo de la historia, en la que los personajes, que han crecido en un mundo civilizado y post-histórico, de repente vuelven a la prehistoria. Las relaciones sexuales de repente son una fuente de conflicto enorme en el grupo, presionados siempre por la ansiedad de verse asediados por las hordas interminables de zombis (y por el resto de humanos).

La psicología de la supervivencia es descrita con minuciosidad y exactitud: los hay que tienen pareja y no dejan de triscar, los hay que se deprimen, los hay que simplemente viven al día, pero cualquier pequeño asunto provoca conflictos tremendos. La alerta es continua, todo parece una amenaza, no sabemos porqué hay zombis, ni qué ha pasado en el resto del mundo y quizás no lo sabremos nunca. Ignorancia, miedo, ansiedad constantes. No estamos preparados en nuestro paraíso post-histórico, rico y privilegiado para todo ésto. Pero lo que queda después del fin de la civilización siguen siendo los instintos.

El protagonista, Rick, tiene una evolución perfectamente tratada, partiendo de un policía novato pasa a ser el primero de ellos que acepta las implicaciones del mundo sin organizaciones ni instituciones, del mundo de individuos que se ven condenados a pelear contra los zombis y contra el resto de los humanos para sobrevivir.

El cómic en ningún momento es aburrido, siempre es intenso. Es apasionante cuando habla de cómo va cambiando la toma de decisiones del grupo, los enfrentamientos ideológicos sobre cómo afrontar los problemas, las consecuencias psicólogicas perfectamente plasmadas de vivir siempre al límite o las muchas páginas de acción pura y dura. Es un cómic que te dejará un mal cuerpo número tras número, por lo que cuenta (y cómo lo cuenta) más que por el gore (que lo hay)…aún así querrás como loco ir a leer el siguiente.

Recomiendo vivamente los primeros 24 números (recopilados en los primeros cuatro tomos recopilatorios, tanto en España como en EEUU). También el resto, pero especialmente éstos para ver los inicios del protagonista, su evolución y el desgarrador, deprimente, lúcido y mítico discurso con el que acaba el número 24 (tomo cuarto: “Lo que más anhelas”). Ese discurso no dejará a nadie indiferente: es de esas cosas que, al leerlas, hacen que algo haga “click” en tu cabeza y quedes como diez minutos mirando al vacío, deprimido y maravillado al mismo tiempo. “Nosotros somos los muertos vivientes“, dice Rick al final de su ya legendario discurso.

Obra adulta, ni mucho menos adolescente por la profundidad de cosas de las que habla, es un cómic absolutamente necesario por el análisis descarnado de lo que hay debajo de nuestro modo de pensar propio de una sociedad del primer mundo o sobre la propia naturaleza humana cuando estamos sometidos a ansiedad extrema continuada.

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