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El Superfrikismo como modo de vida: Fan-films, machinima y otras ocupaciones indeseables

A través de ubuntulife di con un enlace para ver online la recién estrenada Born of Hope, un fan-film sobre la vida y milagros de Arathorn; sí, el papaíto de Vigg.. estooo de Aragorn. La película está realizada bajo licencia Creative Commons, está disponible tanto para visionado como descarga en su portal web y dejan muy clarito que es “de gratis” (en los créditos iniciales dejan muy clarito que ni se te ocurra pagar un pavo por una copia rippeada).

bornofhope


La película dura una hora y es auténtica maravilla (con sus limitaciones claro está) sobre todo teniendo en cuenta que el presupuesto no pasaba de 4000 libras. Y además he dado con una nueva diosa para el frikismo, Kate Madison, que resulta que además de estar de muy buen ver resulta que es la directora y productora de la película. ¡Y hasta sabe manejar bien una espada!

KateMadison

Elgarain3_small

Escarbando un poquito más di con la información de otra superproducción fanfilm llamada The Hunt for Gollum. Estrenada hace unos meses, recibió muy buena acogida y algún que otro premio. El argumento de esta película se centra sobre el perído que Aragorn invirtió en la búsqueda y captura de Gollum, una serie de pasajes que no son narrados en El Señor de los Anillos, pero a los que se hace referencia y condicionan el devenir de la historia principal de la novela.


Hunt for Gollum, Trailer 2


En realidad mi primer contacto con los fan-films fue hace unos años, cuando me topé casi de casualidad con un corto llamado Batman Dead End. Al principio todo normal: Batman captura al Joker, intercambio habitual de tortas y acusaciones cruzadas. De repente, hace su aparición un alien que se merienda a Joker y, cuando está a punto de despachar también a Batman hace su aparición el tercero en discordia, es decir, un Depredador. A partir de ahí intercambio de galletas en plan demencial.

Bat man, Dead End

Hay bastante material por ahí, mayormente cortos realizados con mayor o menor presupuesto y sobre casi cualquier saga que haya atraído un número sustancial de frikis a lo largo del tiempo (Star Wars, Star Trek, Buffy…) y es bastante sencillo dar con ellos ya sea a través de dailymotion, youtube o portales específicos. Sobre este capítulo, sólo recomendaros un corto más, que ni siquiera es estrictamente fan-film sino parodia: Jedi Gym.

Jedi Gym

Al hilo de haber sacado el tema de las parodias está el filón donde creo que mayores posibilidades existen: Machinima. Basándose en la liberación de código, o en aplicaciones asociadas al programa principal, muchos juegos de éxito han dado paso a la creación de cortos basados en personajes, lugares comunes, escenarios, etc. de cada una de estas sagas. No soy precisamente muy ducho como jugador y mi experiencia con juegos inspiradores de machinima se limitan a World of Wacraft, donde hay auténticos filones de creaciones dispersas por ahí, desde la misma web de Wow, pasando por la de machinima.com y también youtube y demás portales de alojamiento de vídeos. Ni que decir tiene que existen machinimas para casi todo: Neverwinter Nights, Halo, Assassin’s Creed, Everquest, Medal of Honor… Entre el cúmulo inabarcable de videos, me hice seguidor de una serie en particular llamada Dude, where is my mount? en clave de spoof que contó con bastantes episodios.

Dude, Where is my mount? Episode 1

Y no os aburro más, creo que os he pasado suficiente material para que esteis entretenidos/descojonados durante un buen rato. Bueno, sí, hay algo más que quería comentar: Unforgotten Realms. Es una serie de animación en 2D (nada de machinima por aquí) que es una parodia absolutamente genial de las partidas de AD&D, relatando las desventuras de Sir Schmoopy y Eluamous Nailo. No tengo disponible para embeber el vídeo así que os dejo en enlace al primer episodio. Imprescindible auténtica oda de frikismo (Nineteen plus foooour, that means I scoooree!).

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01/10

Los diez cómics más vendidos de esta década en los EEUU

7:11 pm por Raúl S.. Archivado en: Cómic, Marvel, biblioteca selecta friki, Éxito empresarial

Sacado de Bajo la Máscara:

1.- Amazing Spider-Man #583
Enero-09 • Marvel • al menos 524,914 copies pedidos

2.- Civil War #2
Junio-06 • Marvel • al menos 341,856 copies pedidos

3.- Civil War #3
Julio-06 • Marvel • al menos 337,025 copies pedidos

4.- Civil War #1
Mayo-06 • Marvel • al menos 328,524 copies pedidos

5.- Captain America #25
Marzo-07 • Marvel • least 317,713 copies pedidos

6.- Civil War #4
Septiembre-06 • Marvel • al menos 290,994 copies pedidos

7.- Civil War #5
Noviembre-06 • Marvel • al menos 283,863 copies pedidos

8.-All Star Batman & Robin #1
Julio-05 • DC • al menos 276,017 copies pedidos

9.- Civil War #7
Febrero-07 • Marvel • al menos 274,451 copies pedidos

10.- Infinite Crisis #1
Octubre-05 • DC • al menos 269,991 copies pedidos

Paliza absoluta y total de Marvel: 8 de los 10 primeros son suyos. Para hacernos una idea de la paliza, el mejor colocado de DC, “All Star Batman & Robin #1″, estaba hecho ni más ni menos que por Jim Lee y Frank Miller.

¿Y cual es ese número de Spiderman que saca casi 200 000 cómics vendidos al segundo? Pues el número en el que sale con Obama:

El número en cuestión hace tiempo salió en España…y es un truño infantiloide, bobo, mamporrero y vergonzante. Sí, Marvel nunca fue muy del Partido Republicano precisamente, pero es un cómic deshonesto y tonto. Ha vendido tantísimo por el morbo, claro está.

Quesada, el mandamás de Marvel, está llevandose sopapos de impresión en los blogs e internet (yo le odiaré siempre por lo que hicieron a Spiderman en “One More Day“), pero los resultados son los resultados: empresarialmente está barriendo a la competencia.

Para los que quieran ver las ventas de cómics en los EEUU desde finales de los 90 hasta ahora pueden pasarse por aquí: gráficas, gráficas y más gráficas. Resumen: se vende cada vez más, Marvel y DC estuvieron mano a mano la primera mitad de la década y en la segunda mitad Marvel ya empezó a dejar atrás a DC.

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12/09

Lo mejor de una década: The Ultimates, de Millar & Hitch

12:50 am por Raúl S.. Archivado en: Cómic, Frikisociología, biblioteca selecta friki

Marvel se había dado cuenta de la edad media de la gente que compraba cómics de Spiderman, Hulk o Lobezno: tirando a alta. Además, los más jóvenes no compraban mucho cómic de superhéroes, sino que se entregaban al manga. ¿La razón? Spiderman, por ejemplo, tiene historias desde los años sesenta, muchas historias que hay que leer antes para enterarse de quién es quién hoy, y como que empezar así echa para atrás.

Decisión: hacemos un nuevo universo, en el que Spiderman, Los Cuatro Fantásticos y demás empiezan jovencitos y sin historia previa, con dibujantes espectaculares y todos los superhéroes jovencitos. Además, para no liar mucho las cosas, este nuevo universo, el Universo Ultimate, sólo tendrá unas pocas colecciones.

La idea, satanizada por los viejos compradores de cómics Marvel (entre ellos yo en su momento), ha sido comercialmente un éxito. Además, consiguieron que adolescentes se apunten a los cómics superheróicos. ¿Y la calidad? En general, regular. Comercialmente ha sido un buen negocio, aunque en cuanto a originalidad ha sido poca cosa, repitiendo los clichés de las series originales con cada vez más frecuencia. La innovación se fue por el retrete bastante pronto. Ultimate Fantastic Four o Ultimate Spiderman son regularcejos, Ultimate X-Men no está mal del todo.

Y la última colección en aparecer de todo este Universo Ultimate fue The Ultimates.

Son, claro, los Vengadores del Universo Ultimate. El Capitán América, Iron Man, Thor, Hulk, etc. Se encargaron de sus dos primeros volúmenes Bryan Hitch y Mark Millar. Y fabricaron una de las dos o tres mejores series de superhéroes de los últimos 20 años, y también una de las que más ha vendido.

En primer lugar, por el dibujante, Bryan Hitch. Es ya legendaria su lentitud dibujando, pero también su habilidad para narrar, su nivel abrumador de detalle fotorealista, y sobre todo, su espectacularidad arrolladora: ya sean recuerdos de la Segunda Guerra Mundial del Capitán América, ya sea la armadura de Iron Man, ya sean naves espaciales o calles hechas polvo, ojeas el cómic en la tienda y llama a comprarlo. Es muy difícil entrar tan bien por los ojos, ser tan fotorealista y narrar de un modo tan estupendo.

Y luego está Mark Millar, que después de Red Son se ha vuelto a superar. Su etapa está pensada como una superproducción cinematográfica, empezando por detalles como que algunos personajes están descaradamente inspirados en actores reales (Nick Furia es Samuel L. Jackson, por poner un ejemplo). Iron Man, Ojo de Halcón, la Viuda Negra…todos tienen un lavado de cara, todos son actualizados al siglo XXI estética y psicológicamente pero respetando sus esencias. Los más cambiados son, curiosamente, los mejores de la serie: Thor y el Capitán América.

Thor, además de mejorar estéticamente una auténtica barbaridad, es uno de los líderes del movimiento antiglobalización, está rodeado de muchachada jipi y dice haber sido mandado por Odín para salvarnos de “la Playstation y la comida basura”. Eso sí, cuando aparece en escena lo hace a lo grande (y con su martillo).

El Capitán América es al fin un soldado. Quiero decir, tiene mentalidad de soldado en guerra, mata a sus enemigos sin florituras, piensa de verdad como alguien de los años 30, se le hace raro que cuando habla de dios el resto le mire como a un loco…Mark Millar es conocido por su izquierdismo, pero su versión honesta y bien escrita del Capi le ha valido que muchos conservadores le pidan que les firme números de la serie o imágenes del Capitán América del universo Ultimate.

Los Ultimates son el supergrupo que forman los EEUU bajo la tutela del mismísimo Bush Jr., con el objetivo de defenderse de amenazas metahumanas. El primer arco de Millar y Hitch (números 1-6 del primer volumen) cuenta todo desde el inicio, con la última batalla del Capitán América en la Segunda Guerra Mundial. Luego pasa a contar cómo se forma el grupo, vemos la genial caracterización de los personajes centrales y acaba con una pelea contra un Hulk desbocado (¡y caníbal!). El segundo arco (números 7-13 del primer volumen) cuenta una clásica invasión alienígena, en la que hay explosiones nucleares, batalla final épica, centenares de naves espaciales en el cielo contra Thor e Iron Man, conspiraciones…y la ya mítica pelea del Capitán América contra el líder de los invasores…

Tras recibir una buena paliza, el capi está tirado y a merced del líder extraterrestre, el cual se pavonea diciendo al capi que se rinda…en ese momento el capi se revuelve, le empieza a golpear gritando: “¿Rendirme?”, para acabar en una página de esas que hacen historia, señalándose la A de América de la máscara y diciendo: “¿Crees que esta letra en mi cabeza está por Francia?”.

El tercer arco (números 1-13, segundo volumen) es el que tiene más contenido político. Los EEUU empiezan a usar a los Ultimates para derrocar gobiernos extranjeros que no son afínes (y el primero, por lo que se ve, parece de Oriente Medio). Ahí empiezan los problemas para el grupo: asesinatos de familiares, juicio por crímenes de un miembro hasta ahora ocultos a la opinión pública, persecución a uno de los miembros del grupo por oponerse a la utilización de los Ultimates como instrumento geopolítico de los EEUU, la amenaza de un traidor en sus filas…para, a mediados del la historia, ver que un grupo de supervillanos de China, Siria, Rusia, Francia y Corea del Norte atacan a los EEUU, liderados por la versión iraní del Capitán América. Sus motivos quedan bien claros en las palabras de su líder, el coronel Abdul al-Rahman:

We told you to stop making super people, America. We told you not to interfere with cultures you can never understand. This is what happens when your ambitions outstrip your capabilities. The empire takes a fall. Congratulations, ladies and gentlemen…The Great Satan has just been liberated.

Es un arco gráficamente sublime (la batalla final de los dos últimos números no puede ser mejor visualmente, en serio), muy sólido e intenso, con varios giros argumentales que no te esperas en absoluto, con mucho trasfondo político, dudas sobre quién será el traidor que está llevando a la perdición al grupo (y que, siendo lógico, sorprende), mucha acción, un final épico a más no poder y, sobre todo, divertidísimo.

El mes pasado sacaron un tomo de 368 páginas, que contiene los dos primeros arcos argumentales (números 1-13 del primer volumen), por 34, 95€. Aún lo tienen en librerías especializadas. Si te gustan las superproducciones de acción bien hechas, si alguna vez te gustaron los superhéroes pero lo dejaste, si quieres volver a sentir la sensación de maravilla de las primeras lecturas de lo fantástico, The Ultimates de Millar y Hitch son tu cómic.

P.D.: Anterior post de la serie “Lo mejor de una década”: la Música.

P.D: El cuarto arco argumental de los Ultimates (tercer volumen), ya sin Millar ni Hitch, perpetrado por Loeb y Madureira es…como decirlo…mierda absoluta y sin posibilidad de redención. Según acabé de leer el primer número lo eché a reciclar. Los chicos de Adlo lo explican bastante bien: es el temido retorno a los 90 del cómic de superhéroes.

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12/09

La novia del superhéroe

7:14 pm por Áuryn. Archivado en: Cómic

Dejando a un lado lo meramente biológico, la diferencia de mentalidad entre frikis-macho y frikis-hembra no es demasiado grande. Todos los frikis tendemos a hacernos preguntas extrañas sobre los detalles, por menores que sean, de nuestros vicios preferidos. La distinción aparece en cuáles de estos detalles nos fijamos. Las chicas nos preocupamos por algunas cosillas en las que la mayoría de nuestros homólogos masculinos no suelen pensar. Por ejemplo, nos preguntamos quién diseña los uniformes de los X-Men y si es daltónico.

Pero aún asumiendo que todos los frikis tenemos cierta tendencia a fijarnos en los personajes secundarios que en principio están ahí para hacer bulto y dar excusas a la trama, hay uno del que sólo las chicas solemos compadecernos: la novia del superhéroe. Puede ser Lois Lane, Gwen Stacy, Mary Jane Watson, o incluso esas tías buenas que pasan por la Mansión Wayne por temporadas (que son aún más prescindibles), el caso es que nadie mira las cosas desde su perspectiva. Vale, pueden ser cegatas y despistarse por unas gafas falsas, o ser un poco torpes y meterse solas en sitios oscuros cuando oyen ruidos, pero ¿es que nadie se da cuenta de lo mucho que tienen que aguantar estas pobrecillas?

Ya desde el principio, que te atraiga un superhéroe es caer en la esquizofrenia. Porque te gusta él, pero también te gusta su alter-ego. Y no entiendes cómo es posible, si el tío es tan soso que aburre a los muebles, pero tiene un algo… un algo… Así que lo intentas con él, claro, porque el superhéroe no está ahí, y el soso sí. Pero tampoco te llena, porque en comparación sale perdiendo. Pero el otro prefiere salvar el mundo a estar contigo, y así no se puede llevar una relación… Una duda tras otra. Hasta que te enteras, claro. Y entonces además de esquizofrénica, te sientes gilipollas. Pero bueno al menos ahora parece que la cosa se ha aclarado y todo va a ir bien. ¡Ja! La que te espera.

1- Tu novio rara vez llegará a tiempo a una cita y, si lo hace, se tiene que marchar de repente con alguna excusa, y tú te quedas en el restaurante, cine o lo que sea, con cara de tonta y teniendo que pagar la cuenta.
2- Todo lo que puede pasar en la ciudad te pasa a ti. Si se derrumba un puente, tú lo estás cruzando, si descarrila un tren, tú vas dentro, si cae un meteorito, va a impactar justo en tu casa. Y eso sin tener en cuenta que…
3- …Los supervillanos la toman contigo. Parece que no hay más chicas que secuestrar, colgar de una cornisa o amarrar a la vía del tren. Y todavía tu novio tiene la cara dura de justificar su fobia al compromiso con frases como: “No podemos estar juntos, porque mis enemigos querrían hacerte daño” ¡Pero si ya lo hacen todo el tiempo, idiota!
4- Consecuencia de todo lo anterior es que no ganas para ropa. No importa lo bien que te vistas o lo cuidadosamente que combines los conjuntos pensando en todas las posibilidades, ni si llevas ropa de andar por casa o un vestido de diseño para una fiesta de postín. Al final del día, cualquier cosa que te pongas será un guiñapo desgarrado que mostrará mucho más escote y piernas de lo necesario. Y eso con suerte, porque podrías acabar sin llevar encima más que un pseudobikini (al menos el peinado y el maquillaje tienen tendencia a ser indestructibles, ya es algo).
5- Encima, tienes que aguantar que cada cierto tiempo aparezca una zorra, imposiblemente exuberante, en mallas ajustadas y trate de seducir a tu novio con malas artes, ya sea para llevarlo al lado oscuro o para matarlo después. A menudo en tus narices, además (ver punto 3).
6- Y no voy a tocar el tema de las dificultades en la cama, porque en eso sí que hemos pensado todos… pero hacéos a la idea de que hay cosas que pueden resultar muy, muy raras cuando en ellas intervienen superpoderes.

Así que desde P.I.F.I.A. quiero romper una lanza por todas estas pobres mujeres incomprendidas, siempre dispuestas a padecer por su amor y nuestras tramas.

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11/09

El Buitre Buitáker, o cuando España era España

buitaker1Los lectores del ABC entre finales de los ochenta y principios de los noventa -una de esas épocas en las que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo aún no ha nacido- éramos gente afortunada. Ya no es que pudiésemos degustar los editoriales ansonianos, azote del tardo-felipismo; las terceras carcas; las portadas onírico-sicalípticas -yo siempre las recuerdo manchadas con un círculo de café, no sé por qué-; los retratos a plumilla que no reconocías ni a tu padre; las denuncias de la consabida ola de pornografía; y, en fin, secciones míticas como “Las caras de la noticia”. Al fin al cabo, todo eso lo podemos seguir disfrutando, en fase manierista o senil, en el ABC actual y, sobre todo, en La Razón -bien es cierto que las famosas portadas del diario neo-ansoniano son a las del ABC clásico como Andrés Pajares a Lenny Bruce. No; es que, además de todos esos regalos para los sentidos y el espíritu, al final del diario, después de los  crucigramas y antes de la programación de la tele, venía una tira de Gallardo: El Buitre Buitáker.

Nadie se explica muy bien qué hacía allí. El que menos, el propio Gallardo: “Lo del ABC fue una champa que duró igual 3 años hasta que algún sudirector serio se fijó en lo que estaba saliendo en sus paginas e hizo un par de llamadas, con lo que acabó mi colaboración, hasta a mi me extraño que durara tanto sin protestas, sólo la de algún camarada legionario retirado que escribio una carta encolerizada!! Me alegro de haber hecho reir a la gente porque nosotros mismos nos partiamos el culo de las animaladas que dibujábamos.” Ciertamente, el tono, el ethos y la estética del Buitre casaban mal con el resto de la panda del periódico: ni con la carcunda del rank and file, ni con la pedantesca tropa del Cultural (”ABC, diario muy conservador en lo político y muy liberal en lo artístico”, se decía por entonces; sería por las viñetas de “Lolita”).

Gallardo, como los doctos lectores sabrán, venía del Víbora y, aún antes, de crear a Makoki, emblema de lo que se llamó “la línea chunga”. Y el Buitre, para no alargarnos, es un ave castiza, un español que se viste por los pies y vive a la sombra del Colón barceloní. Le acompaña su sobrino Blasito, que ejerce de valet de chambre y chico para todo y, entre otros menesteres, le abastece de porros -no olvidemos que en la España racial y legionaria, la España de Millán Astray y la Guardia Mora, el hachís es tolerado y hasta bien visto, un pasatiempo viril. Como buen español-que-se-viste-por-los-pies, el Buitre Buitáker es un insolvente nato que no paga impuestos pero reclama orden, un vividor de medio pelo -o pluma- al que no se le caen las buenas costumbres de la boca -del pico- y un filisteo vocacional para el que la receta del Daiquiri  consiste en pasar el JB y dejarse de mariconadas. (¿Les suena de algo el retrato?) Bueno, pues así todas las semanas, y en el ABC.

Aprovechen, por cierto, la flamante hemeroteca digital del ex-diario de los Luca de Tena; ya que no para bucear en la intrahistoria reciente de nuestro país, para descojonarse con aquel milagro efímero.

buitre buitaker.JPG

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11/09

La Patrulla X y las tradiciones inventadas

A mediados de la última década del siglo pasado, la juventud española, aunque aún no completamente sumida en la anomia y el neoprimitivismo, empezaba a mostrar los síntomas de una profunda crisis de valores. Los vínculos sociales tradicionales se resquebrajaban ante la incipiente prosperidad y el empuje de los valores postmodernos por antonomasia -la autorrealización, el secularismo y el chonipijismo. Abolida la mili por el PGA (Primer Gobierno Aznar), y a la espera de que otros rites de passage -el carnet de conducir, el verano en Londres, el minuto loco- ocupasen su lugar, pocos acontecimientos marcaban el paso a la madurez. De todos ellos, quizá ninguno tan significativo como regalar la colección de tebeos.

En efecto, algo permanecía inalterado en la sociedad española: la necesidad imperiosa de deshacerse de todo álbum, comic-book, novela gráfica, volumen antológico, póster, trading-card, etc, que experimentaban los post-púberes cuando reparaban en que:

a) les interesaban más las tías, el alpiste y las drogas que lo que le pudiese suceder al Increíble Hulk o Nathan Never.

b) a las tías no les interesaba nada el Increíble Hulk, ni siquiera Nathan Never.

c) interesarse por ese tipo de cosas no sólo no les acercaba al objeto de su deseo, sino que señalizaba al objeto de su deseo que eran unos gilipollas y unos losers sin remedio.

La realidad...

La realidad...

En no pocas ocasiones, la urgencia por deshacerse del material incriminatorio era tal que el joven ni siquiera intentaba venderlo y sacar algún provecho, sino que lo regalaba a toda prisa a algún amigo o conocido más joven y cuyo córtex, por tanto, aún no estuviera frito por la conjunción de elementos endógenos (hormonas) y exógenos (frailty, thy name is woman…). A veces, la vergüenza y el dolor eran tan grandes que la ingrata tarea se dejaba a las madres; quienes, invariablemente, hacían entrega de la colección -tan afanosamente reunida durante años a costa de innúmeras renuncias- al niño más imbécil y retardado de la familia o el vecindario.

Bien, hora es ya de decirlo, yo nunca fui uno de esos sacrílegos. Mi carácter neurótico me ponía al borde de las lágrimas incluso cuando tiraba el envoltorio de las magdalenas; cuánto menos iba a darle mis tebeos a la parroquia o a algún pajillero de menos edad. Muy al contrario, mi resiliencia friki hizo que me aprovechase de sucesivas crisis para aumentar mis posesiones. Así, por ejemplo, una caja hasta arriba de La espada salvaje cedida por mi amigo Fernando -cuya colección de vinilos de Kiss no sucumbió, sin embargo, a mis avances. Pero la pièce de résistance, el Koh-i-Noor, la Mona Lisa de mi catálogo pasó a ser la colección de La Patrulla X de Fórum hasta el número 100 donada graciosamente por otro amiguete -la magnitud de cuya angustia vital, pensaba yo, podía inferirse de semejante sacrificio, comparable al de Shylock.

Pero corrieron los años y, como nadie puede sustraerse a los universales de la condición humana, yo también experimenté la desazón de ser una criatura escindida y socialmente inadecuada. No obstante, tuve en el último momento la precaución de atarme al mástil: previendo con buen juicio que en algún momento pasaría la tormenta, empaqueté la colección primorosamente en bolsas protectoras, cajas y más cajas, y la envié a la vieja casa familiar de la Montaña como una cápsula del tiempo que, en algún momento del futuro, el extraño que sería yo abriría.

Ahorraré el relato de los años siguientes. Digamos que un día, con la excusa de releer Watchmen, subí al desván y abrí las cajas. En sucesivas visitas repasé otras piezas y, aunque no había sido lo bastante precavido de elaborar un inventario, noté que faltaban ejemplares de Lobo; cosa que achaqué a préstamos atolondrados. Bien: todo el Excalibur de Alan Davis seguía en su sitio, y allí estaban también todos los polvorientos tomos de Vértice que había rebuscado en el Rastro y librerías de viejo. Y allí seguían los 100 primeros números de La Patrulla X. ¿O no era así?

<p align="right">...y el deseo.</p>

...y el deseo.

Bien, llega el triste momento de confesar que no. Hace poco lo he sabido. He abierto todas las cajas, y en la correspondiente a la joya de la corona apenas hay un solitario número 100, algún triste merchandising y unos cuantos ejemplares de los X-Men de Jim Lee en formato americano. No poco, es cierto, pero tampoco la materia de que se hacen los sueños. No, no penséis en el préstamo; menos aún en el robo -los tebeos de Claremont y Byrne no cotizan al alza en las aldeas de la Cordillera Cantábrica. La verdad es que nunca estuvieron allí. Ahora estoy seguro: fue todo un espejismo, una ilusión alimentada por el tiempo y la distancia. Y he pensado en las “tradiciones inventadas” de Hobsbawn. Y en John Wojtowicz, el modelo real de Pacino en Tarde de perros, que al cabo de 30 años había mezclado sus propios recuerdos del atraco con la película, y ya no distinguía la una de los otros.

Es cierto que siempre tuve delante los indicios. Si de verdad poseía La Patrulla X original, en formato grande, ¿qué demonios pintaban todos aquellos números de la Segunda Edición, en formato yanqui? ¿Cómo podían ocupar menos 100 números de La Patrulla X que 60 de Excalibur? Pero, como en tantos otros casos, la inercia de la ficción y la disonancia cognitiva pueden más que cualquier dato objetivo. Hay quienes creen que la tradición que hay en su pueblo de tocar la cornamusa, vestirse de sota de bastos o zumbarse cabras se remonta a la prehistoria. Porque eso proporciona un relato donde antes sólo había una sucesión amorfa de acontecimientos; dota de sentido a lo que, si no, sería una historia estúpida y sin propósito: nacer y morirse y, por el camino, zumbarse alguna cabra. Yo, inconscientemente, necesitaba creer que aquellos 100 números existían porque, si no, menuda mierda de adolescencia -y quien haya crecido en un barrio de clase media en los ochenta-noventa sabe que el terror de la historia de Eliade es un juego de niños en comparación. Y, sobre todo, porque si no, ¿para qué coño había guardado todas aquellas puñeteras cajas durante años?

Así que bajé del desván tambaleándome y, durante unos minutos, deambulé por la casa y el jardín con la mirada perdida, un hombre roto. Luego pensé en la maleta llena de ejemplares de Superman y Batman de los 50 que desapareció de la casa de mi padre en los grises años de su post-adolescencia. Pensé en los escalofríos que deben de recorrerle la espalda cada vez que, cual Rosebud, la recuerda; y me sentí modestamente afortunado.

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09/09

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5:00 am por Raúl S.. Archivado en: Cómic, Política

Hace una semana me pasé por Akira Cómics y me encontré dos pequeñas joyas.

“Marvel Gold: Escuadrón Supremo 1 (de 2)”. Antes de que aparecieran Watchmen, Kingdom Come o The Authority a Mark Gruenwald se le ocurrió, en medio de los ochenta, una idea sonada en una serie menor de Marvel (el Escuadrón Supremo, una copia-homenaje a la JLA de Superman, Batman y etc): ¿Y si el grupo de superhéroes más poderoso decidiera tomar el poder político de los EEUU después de un estado de caos a escala planetaria, con el fin de llevar a la Humanidad hacia un mundo perfecto? Como es normal eso no podía hacerlo con la JLA o los Vengadores, pero con unos segundones como el Escuadrón Supremo y su mundo alternativo era posible.

La saga tuvo buenas críticas, por algo suele ser llamada “el Watchmen de Marvel”. No, no llegó a tanto, claro, pero fue el pionero en el intento de acercar el cómic de superhéroes a la reflexión sobre el poder y la legitimidad de éste. Además, puede disfrutarse sin conocer nada de la historia previa: las primeras páginas nos ponen al día y es tremendamente fácil de leer.

Un clásico injustamente olvidado.

“Marvel Deluxe. Capitán América 1: Otro tiempo”. Es el primer tomo de la recopilación del Capitán América de Ed Brubaker. Es una de las mejores etapas no sólo del capi sino del actual mundillo comiquero en general. Brubaker maneja la intriga, la sorpresa y la tensión a la perfección: convierte al cómic en una película de espías perfectamente planteada. Dibujantes como Epting consiguen que la atmósfera acompañe y contribuya al excelente guión. Decir que este Capitán América se salta ciertos tabús, como podemos ver en los recuerdos del Capi de la Segunda Guerra Mundial (¡¡donde la gente mataba gente!! ¡¡incluso Bucky!!). Brubaker decía que era ridículo que en los recuerdos del capi de aquella guerra nunca muriera nadie, y tenía razón.
Además, vemos de qué palo político cae Steve Rogers:

He visto mucha guerra…y había visto mucha antes de venir a Francia…pero el salvajismo que le inflingieron a esta gente no lo volví a ver hasta que llegamos a Buchenwald. Por eso me da rabia cuando oigo a los míos despreciar a los franceses por cobardes. Hablamos de un pueblo que nunca dejó de luchar contra la ocupación nazi. Puede que su país se hubiese rendido, pero ellos no…

Lo vemos también cuando habla de las dos personas que le sustituyeron como Capitán América cuando él se pasó décadas hibernando:

Acabó el trabajo que había empezado Naslund. Y gracias a ellos, Kennedy vivió lo bastante para llegar a ser presidente. Lo bastante para cambiar este país para mejor…Ojalá hubiera estado para verlo…el movimiento por los derechos civiles, la carrera a la luna…

Brubaker ya ha dicho alguna vez que el Capitán América creció con la Gran Depresión y que era un partidario de Roosevelt, más demócrata que republicano, en contra de la imagen que suelen tener los que desconocen al personaje.

Divertido, intrigante y bien planteado.

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