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01/11

Demonios, pingüinos explosivos y desmadre: Disgaea

DisgaeaEl rey del Inframundo, señor de todos los diablos y monstruos, ha muerto atragantado mientras tomaba un aperitivo. Los demonios se pegan entre sí para conseguir su título…y dos años después el príncipe despierta de su siesta. Una de las pocas vasallas “leales” (con muchas comillas) le intenta despertar a base de mazazos, disparos y demás, cosa que consigue. Desde ese momento Laharl, el hijo del difunto rey, trata de poner fin al caos del Inframundo y tener a todos los demonios a sus pies, con las únicas debilidades conocidas de debilitarse si oye palabras relacionadas con el amor o si ve mujeres con “cuerpo explosivo”. Etna, su vasalla, le ayudará, contando con su escuadrón Prinny: unos pingüinos que explotan al lanzarlos, y que son en el fondo almas pecadoras que pagan sus pecados trabajando por debajo del salario mínimo en el Inframundo.

Así comienza Disgaea, el mejor juego de rol táctico que hasta el momento yo he podido jugar (tengo la versión de DS, aunque salió mucho antes para Playstation 2 y PSP).

Tendremos cuadrículas, combate por turnos, subidas de niveles, estadísticas a porrillo, golpes especiales, etc. Pero Disgaea es mucho más: es un juego infinito. Puedes jugar de modo totalmente lineal, haciendo las misiones del surrealista y sorprendente hilo argumental y ya está, sin más complicaciones…pero si quieres complicaciones tienes las que quieras.

Para empezar, no sólo están los mapas del modo Historia: te puedes meter en CUALQUIER espada, armadura, botas, arco u objeto del juego y dentro hay desde 30 a 100 mapas llenos de bichos. Cuantos más mapas pases, más subirán las estadísticas del objeto. Todos estos mapas de dentro de los objetos son aleatorios. El Item World (se llama así) está plagado de objetos, experiencia y desmadre (incluído el hacer “castellers” para lanzar a algún personaje a la escalera que te permite pasar el nivel, imprescindible si los monstruos nos superan en nivel).

Por otro lado, tenemos la Asamblea Oscura. Si quieres que en la tienda de juego haya mejores objetos tendrás que ir a una Asamblea de demonios y ellos tendrán que votar en pleno si acceden a que tengas mejores objetos. Puede que les caigas bien y te lo aprueben. Puede que tengas que sobornarles. Puede que te rechacen la propuesta y en medio de la Asamblea te líes a tortas con ellos para convencerles (nota: los miembros que votan pueden ser de niveles altísimos, y suele ser poco recomendable). No sólo eso: podemos pedirles hacer más contraataques, mover más casillas, que nos dejen ir a la Tierra a conquistarla, reencarnar al personaje que convoque la asamblea en otra clase, visitar otras realidades alternativas en las que los bichos tienen tropecientos mil niveles (nota: ¡¡en el juego el nivel máximo es 9999!!!! Sí, sí, 9-9-9-9, así que podeis estar subiendo nivel a vuestros personajes y objetos un buen rato…y no es una tontería, hay enemigos en fases alternativas que alcanzar niveles de cuatro cifras…). Solicitar cosas a la asamblea es un mundo en sí mismo. Y es especialmente satisfactorio cuando eres lo suficientemente fuerte para pegarles, os lo aseguro.

Además, tenemos la inmensa variedad de los niveles. Veremos que muchos mapas tienen casillas de muchos colores diferentes, y que en cada color pasa una cosa: unos curan, otros bajan tu defensa, otros te hacen invencible, otros crean clones de tus personajes, etc. Pues bien, en el mapa hay “generadores” de ese color que si nos los cargamos nos cepillamos el efecto…y hacemos daño a todos lo que están en esas casillas. Tenemos ahí momentos locos en muchas batallas, en las que seremos teleportados al azar, haremos explotar las casillas rojas, mientras los que están en las verdes son invencibles,etc.

Además de lo puramente jugable, que es casi eterno, variado a más no poder, fácil de aprender y adictivo al máximo, quiero hablar del argumento y los personajes. Allí donde la mayoría de los juegos del género como Fire Emblem u otros de otros géneros como los Final Fantasy, Gears of War y demás intentan relatar historias épicas, serias o dramáticas, Disgaea apuesta por el absurdo, el desmadre y lo ridículo. Ya lo hemos visto al principio, pero casi todo el juego es así (con excepciones como el capítulo en el que descubres el porqué desaparecen algunos prinnies). Tenemos episodios que empiezan con Laharl cabreado por fotos comprometedoras que le ha hecho alguien y que usan para chantajearle. Otras empiezan con un picnic por el infierno que acaba en una pelea con el que nos ha robado la cesta de la merienda. En otras tenemos a un villano recurrente, un demonio rival del protagonista que se hace llamar el Adonis del Inframundo (pero al que Laharl rebautiza como “Mid-boss”, ante el cachondeo general). Los rivales son surrealistas, idiotas, patéticos y tiernos a la vez, sacándote más de una risa con sus motivaciones y actuaciones (entre ellos una parodia genial de los Power Rangers y otra del típico superhéroe de cómic estadounidense).

Por poner un ejemplo, al final de cada capítulo Etna, la vasalla del protagonista, hace un resumen de lo que será el siguiente capítulo…aunque lo que cuenta son fantasías suyas que no tienen nada que ver con lo que pasará, contándonos, por ejemplo, que en el próximo capítulo un equipo de béisbol en horas bajas será rescatado por ella, que se pondrá a batear!

Y, para acabar, quiero hablar de los prinnies. El escuadrón de esbirros de Etna, la vasalla de Laharl. Gregarios, temerosos de su jefa, suicidas si es necesario, con su riñonera donde guardan machetes y bombas, explotan al lanzarlos…son tan carismáticos y el concepto es tan bueno que se hizo un juego con ellos de protagonistas, cuyo título lo dice todo: “Prinny: Can I Really Be the Hero?“. Ha vendido bastante bien (a pesar de que se ha dicho que su dificultad era desmadrada) y parece que saldrá una segunda parte.

Para Playstation 3 teneis la tercera parte de la saga, que por lo que he leído es más de lo mismo. En un mundo justo este tipo de juegos serían promocionados por la prensa especializada, hablando de su originalidad, excelente sentido del humor (muy negro por momentos, que nadie se engañe con la estética anime aniñada de la portada), alto nivel de adicción y duración casi infinita. No hay versión oficial en castellano (sí hay traducciones amateur bastante decentes por ahí), así que toca jugar en inglés, pero es un inglés asequible para la mayoría de jugones, creo yo.

No hay excusa que valga: Disgaea DS es una genialidad que nadie debería perderse, dood!

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12/10

Lost Odyssey, la fantasía (casi) final de Sakaguchi

9:36 pm por Raúl S.. Archivado en: Juegos de Rol, gafapastismo electrónico, videojuegos

Sakaguchi fundó una compañía de videojuegos en los años 80, pero la cosa empezó muy mal. Iban a cerrar. Antes, juntaron lo poco que tenían y lanzaron una última intentona, su última fantasía…a ese videojuego le llamó Final Fantasy.

Arrasó en ventas en Japón, siendo un fenómeno de masas título tras título de la saga. Pero logró con el tiempo algo aún más importante: en su séptima entrega consiguió dar un vuelco al mercado occidental, logrando vender como churros fuera de Japón un juego de rol japonés, algo absolutamente impensable para los analistas, que siempre profetizaban que el elemento diferencial cultural imposibilitaría que un juego de ese tipo pudiera triunfar fuera de Japón.

Final Fantasy VII fue uno de los cuatro o cinco culpables de que la primera Playstation fuera el éxito que fue. Consiguió algo compladísimo, que todo un género que tenía más de una década en Japón se convirtiera en exportable para el resto del mundo. Final Fantasy VII es una de las obras maestras de los videojuegos, por personajes, por historia, por el fantástico villano y por la enormemente épica batalla final. Yo lo tengo aún original, como un pequeño tesoro.

La octava entrega fue inferior (era casi inevitable), pero siguió teniendo un buen nivel, al igual que la novena. La décima, a pesar de la mejora gráfica, dio un bajón en cuanto a calidad considerable y de ahí en adelante han oscilado entre lo regular tirando a malo (Final Fantasy XIII) o directamente digno de denuncia y persecución de sus creadores (Final Fantasy X-2: es el equivalente en videojuegos a Los Ángeles de Charlie 2).

Sakaguchi salió de Square, la empresa que ha desarrollado siempre la saga, por el gran fiasco de la película Final Fantasy.- la fuerza interior. Cuando hablamos de gran fiasco hablamos de que costó 135 millones de dólares y recaudó 85. Y la empresa quebró. La película, efectivamente, era muy muy floja.

Lo cierto es que fue Sakaguchi el que estuvo detrás de casi toda la saga hasta la décima entrega (que salió para Playstation 2). En páginas de aficionados al rol japonés el veredicto suele ser parecido: desde que se fue Sakaguchi las siguientes partes del Final Fantasy son argumentalmente mucho más flojas, los protagonistas son mucho más planos y las innovaciones en el sistema de combate no terminan de convencer. Ni la prensa especializada ha mirado demasiado bien a los Final Fantasy post-Sakaguchi.

La última parte vendió cantidades desproporcionadas la primera semana, para en las siguientes apenas vender casi nada.

No es una sorpresa: el boca a boca y los foros avisaron a los que no habían pasado por caja de lo que era realmente la última parte. Gráficos bonitos. Combates mal diseñados. Linealidad asfixiante. Una historia que tampoco convencía. Una protagonista que era un remake femenino de otro protagonista de la saga. ¿Resultado? Por ejemplo, en Madrid a las dos semanas podían verse montones de copias de segunda mano en tiendas de GAME. Curiosísimo. Esta tira lo refleja muy bien. Es un hecho que los Final Fantasy post-Sakaguchi venden menos que de los que se encargó él, y eso que ahora se venden muchísimas más consolas y videojuegos.

¿Y qué hacía Sakaguchi mientras tanto? Reconocer que eso del cine no era lo suyo y que debía hacer un nuevo Final Fantasy, aunque no lo llamara así. Él, que había revolucionado el género y conseguido que fuera un género importante en el mercado mundial. Fundó una nueva compañía, Mistwalker, e intentó repetir la jugada del gran rival de Final Fantasy: Dragon Quest.

Si Dragon Quest tenía como creador del concepto artístico del juego al más influyente dibujante japonés de los ochenta, el mísmisimo Toriyama (sí, el de Dragon Ball), Sakaguchi consiguió que su nuevo juego tuviera el concepto artístico de uno de los mejores dibujantes japoneses de los últimos 20 años: Takehiko Inoue, creador de Slam Dunk y de esa maravilla hecha manga llamada Vagabond, en la que relata la vida del espadachín más famoso de Japón: Miyamoto Musashi (haré un post sobre ello, espero).

El resultado es Lost Odyssey, el mejor juego del género en esta generación junto a Resonance of Fate y The World ends with you, pequeñas joyas a las que se ha dado poca o nula publicidad para lo que son.

¿Qué ofrece Lost Odyssey? Lo primero de todo, maravilla visual.

Desmerece en bastante poco a los mejores juegos en cuanto a gráficos de XBOX360 o Playstation 3. Es una delicia visual (y musical) de principio a fin.

Lo segundo, la línea argumental. El mundo está metido de lleno en la llamada “Revolución mágicoindustrial”, en la que nadie sabe de dónde ha salido de repente la magia pero nuevos descubrimientos basados en ella cambian el mundo y hacen surgir las tensiones entre países, sobre todo cuando uno de ellos anuncie que tiene una especie de gran batería mágica que va mucho más allá de tener trenes o barcos a vapor. Veremos realpolitik, veremos espías, traiciones, golpes de estado y demás. Como era de esperar, tendremos épica hasta-decir-basta. El protagonista, Kaim, es un hombre que no puede morir y que no recuerda nada de su vida de más de mil años. Y, sin saberlo, será una pieza clave de todo lo que está por venir.

¿Cómo recuerda su vida anterior Kaim? A través de relatos escritos que veremos en pantalla cuando se cruce con algo que le haga recordar. Sí, relatos escritos en pantalla, sencillos y emotivos, que te pondrán triste y melancólico, haciendote casi sentir lo que es tener mil años de recuerdos, de sentir una nostalgia infinita. Todos los relatos tienen componente poético, emotivo y melancólico, alimentados por una sencillez que los hace accesibles a cualquiera. Es raro que te dejen indiferente. En Japón vendieron un libro recopilando estas memorias de Kaim, con bastante éxito. Aquí tenemos a gente que trata de juntar todos los relatos en un pdf para que cualquiera pueda leerlos. Recomiendo vivamente su lectura (por ejemplo, éste o también éste, que me parece maravilloso y que aquí tenemos tal y cual aparece en el juego), aunque no se juegue al juego…de hecho, uno de los problemas es que los relatos no tienen relación con el juego ni su trama, sólo con aspectos del pasado del protagonista que nada tienen que ver con lo que jugaremos. Todos son obra del escritor Kiyoshi Shigematsu.

La mecánica del juego es la clásica del Final Fantasy, con añadidos que no rompen su estilo, es más, lo potencian: las habilidades unos personajes las aprenden sólos pero otros tienen que aprenderlas de los demás. El momento del ataque deja de ser pasivo: si acertamos a dar a un botón en el momento preciso haremos más daño o menos. Los hechizos pueden combinarse para hacer nuevos hechizos.

El diseño de los personajes es fantástico, aunque hay que reprocharle a Inoue que tire de personajes del último manga en el que está. El protagonista, Kaim, tiene un parecido sospechoso con Musashi Miyamoto en Vagabond. Otro de los personajes, Jansen, es muy muy parecido a Matahachi de Vagabond. Es una tendencia de casi todo dibujante con éxito el repetir esquemas artísticos, pero el resultado conceptual es realmente espectacular y adecuado a lo que se cuenta.

Tenemos espectacularidad, mecánica clásica pero resultona con novedades interesantes, historia, personajes…¿donde está la parte mala? En primer lugar, es rol japonés clásico. Esto es, por turnos. Es para un tipo de jugador determinado y a mucha gente le aburre. Luego está otro elemento clásico del género: los combates aleatorios. A mucha gente le desesperan o le superan. En segundo lugar, es un juego largo. De 30-40 horas no baja para acabarlo. No es un juego para jugar 10-15 minutos: los puntos de grabado pueden o estar muy juntos o tirarte un par de horas hasta que ves otro. En tercer lugar, el argumento es interesante, original y épico, los personajes están diseñados y pensados muy bien, pero hay altibajos notables. Si dividimos el juego en cuatro partes, la primera y la cuarta son de notable-sobresaliente y la segunda-tercera son de bien justito: hay un descenso en la originalidad y tensión en la meseta del juego que le hacen perder puntos.

Un juego de notable alto, al que le quedan pequeños detalles para ser una referencia. Su clasicismo es parte de su encanto pero también de lo que le lastra. En todo caso, más que recomendable. Y que nadie se pierda los relatos de los “Mil años de sueños”.

P.D.: Lo del “casi” del título tiene que ver con que parece que Sakaguchi va a hacer un último juego además de éste antes de dejar el sector (eso leí hace tiempo, no sé si ha cambiado de opinión últimamente).

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12/10

Críticas de videojuegos

11:50 pm por Raúl S.. Archivado en: No hagais ésto en casa, gafapastismo electrónico, videojuegos

Venía hablando el otro día sobre el halo mítico de los videojuegos “de antes”, retórica habitual entre los que tenemos 30 años (o más) y llevamos jugando desde tiempos del Spectrum/Amstrad.

Hoy hablaremos del presente. El videojuego ha pasado de ser una cosa “de niños” o de gente muy muy rara a ser algo que está en todas las casas. En las oficinas gente de 40 años habla en la cafetería sobre si este año es mejor el Pro Evolution Soccer o el FIFA. Gente con niños busca huecos para pasarse el Fallout 3 (aunque sea aprovechando que la novia/mujer se echa la siesta). El videojuego hoy por hoy es un elemento cultural considerado como algo “normal”. Eso se ha debido, entre otras cosas, al abrumador éxito económico del sector, llegando a superar a cine y música.

El éxito ha llegado con una mejor tecnología, juegos con gráficos tridimensionales (ahora parece tonto, pero había gente que decía entonces que los juegos en 2D eran los únicos auténticos, que lo tridimensional mataría a los videojuegos, que Alone in the Dark era algo propio de herejes, etc) y, aunque no se comenta mucho, un diseño más cómodo y un control menos ortopédico.

Como es normal, para que algo tenga un éxito arrollador es necesario hacerlo accesible a más gente. Videojuegos más fáciles, más bonitos, más sencillos de aprender a jugar, etc. Yo, como malvado que soy, estoy totalmente a favor de esto. Una de mis aficiones, los videojuegos, han pasado de algo marginal a algo aceptado por casi todos.

Y eso a pesar de que del mercado de videojuegos me gustan cosas raras: Fire Emblem, Infinite Space (gracias mil, Roger, por descubrirlo), Europa Universalis III, Lost Odyssey (el mejor juego de rol japonés para esta generación junto al estupendo hasta decir basta Resonance of Fate), Football Manager, etc. Juegos cuyo aprendizaje no es intuitivo, que no es raro que impliquen leer y entender lo que lees, que implican cierta pausa y planificación, etc. No siempre, claro: me encantan los FIFA o Mass Effect.

A pesar de gustarme juegos oscuros, gafosos y muy muy poco comerciales como Planescape Torment o El Templo del Mal Elemental entiendo otras conductas videojueguiles. No las desprecio ni me siento superior por jugar a videjuegos minoritarios. Entiendo a la perfección al que llega a casa, juega media hora a su Call of Duty y ya está. O al que juega a Wii Sports con amigos y no toca la Wii para nada más. O a uno de mi oficina que sólo tiene juegos de Rock Band y Guitar Hero, y no le hables de más, que no le interesan. Todos ellos contribuyen a que las compañías ganen más y de vez en cuando se atrevan a hacer videojuegos raritos de los que me gustan a mí. Todos felices. Bueno, todos no.

Hay toda una especie nueva en relación a los videojuegos:

Y una vez más, nos encontramos con que incongruentemente el juego más vendido no es un juego, sino un mando adicional para Wii que viene con un juego de regalo: ‘Wii Play‘. Ya ocurrió en diciembre y ha vuelto a ocurrir en enero. Plena vorágine navideña. Tras el mando, una tabla, también para Wii, ya que ‘Wii Fit‘ se sitúa en segundo lugar. ¿Y en tercero? Un volante, por supuesto, el que viene com ‘Mario Kart Wii‘. Tras ellos, más morralla tipo ‘Pro Evolution Soccer 2009’ para PS3, PS2 y PSP, ‘Brain Training’, ‘Monopoly’ y similares obras futboleras o “sociales”.

Afortunadamente, la cordura vuelve a la lista cuando miramos las ventas individuales de las consolas, donde vemos cómo por ejemplo en PS3 se ha vendido mucho ‘Fallout 3’, ‘Resistance 2’, ‘GTA IV’ o ‘Assassin’s Creed’; o juegos como ‘Gears of War 2’, ‘Fable II’ o ‘Prince of Persia’ en Xbox 360. Ya me estaba asustando…

Efectivamente, el videojuego del Monopoly no era gran cosa y el Pro del año 2009 era flojo. Llamar “morralla” al “Brain Training” tiene delito, pero supongamos que también es un mal juego (que no lo es). ¿Cuáles son las alternativas, lo que consideran “buenos juegos”? Pues videojuegos con publicidad multimillonaria que tuvieron notas de 9 o 10 en revistas del sector. Dentro de los mencionados hay juegos buenos pero sin pasarse (Fallout 3) o juegos simplemente entretenidos que han querido hacerse pasar por videojuegos perfectos (GTA IV o Assassin’s Creed).

Este tipo de espíritu puede verse en los comentarios de muchos videojuegos, en varias revistas del sector: se da por supuesto que el videojuego que llaman “casual” (los de la Wii, la DS o cosas de karaoke) rebaja al sector o lo infantiliza. En cambio se da por supuesto que los videojuegos que las revistas ponen con notas de 9/10 o 10/10 son los propios de gente que le gustan los videojuegos “de verdad”, aunque en esos juegos puntuados como sobresalientes haya montones de videojuegos que nunca debieron pasar del 6/10. Pero montones. Pasad por cualquier tienda de videojuegos y ved como a la semana de la salida de muchos juegos de 10/10 las estanterías de videojuegos de segunda mano se llenan de “juegos perfectos”. Qué rápido se aburre la gente de ellos, leñe. Y eso que eran perfectos.

Lo más chocante de todo ésto es éste considerar a juegos muy muy comerciales y muy muy apoyados por campañas publicitarias como cosas gafosas. En el cine, de hecho, es al revés: los críticos dan palos inmisericordes a las películas con mucha publicidad detrás. No es nada raro, al menos. Tampoco que den vivas a películas tiernísimas de paquistaníes hablando con sus cabras sobre filósofos de Ulan Bator. En música, grupos que sacan su segundo album son destripados y llamados “vendidos”: un ritual habitual.

En los videojuegos no: todo videojuego con campaña de publicidad detrás es aclamado por la teórica crítica del sector, salvo casos terribles que no había por dónde pillarlos . Juegos no tan publicitados pero francamente buenos (Resonance of Fate tiene gráficos, historia y una de las mejores y más originales mecánicas de combate que se han podido ver en años) tienen peor nota. Críticos de cine o música darían mucha bola a Infinite Space o, en la anterior generación, al maravilloso, genial y sublime Viewtiful Joe, que debería ser un ejemplo de libro de cómo hacer un juego divertido, original, desmadrado y ultrafriki.

¿Sería mejor que los criticos, blogs y opinadores de videojuegos emularan a sus homólogos del cine o la música? La sana costumbre de mirar con mala leche a los que dan mucho bombo o a los vendedores de humo nunca debería perderse, aunque sin la tendencia a gafapastearlo todo. No lo sé, la verdad. Sólo sé que para hacerme una idea de si un juego nuevo puede gustarme cada vez las críticas de revistas o blogs estrella valen menos (¿cuanta publicidad tiene?=¿cuanta puntuación le pondrán?), y que sólo vale rastrear a gente que sé que tiene gustos (¡y fobias!) similares a los míos.

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10/10

The ugly truth about classic games: they are terrible

Jeff Vogel es un artesano de los videojuegos “de antes”, en concreto la saga Avernum, saga de rol clasicota, con gráficos reguleros pero con muchos números, táctica, historia, bastante buena relación acción-consecuencias, dificultad más alta de la media, etc.

Y tiene su blog, claro. Uno podría esperar allí permanentes quejas sobre cómo los videojuegos de rol (y los que no lo son) que salen hoy en día ya no son como los de antes, que él hace videojuegos inspirados en el rol clásico y viejuno que no necesita de cinemáticas para entrar por los ojos, que te piden estrujarte la cabezota, etc…pero no. Todo lo contrario.

Fijaos qué post provocador, teniendo en cuenta que sus clientes son nostálgicos (como yo) de los juegos de rol viejunos, se marcó el 24 de Septiembre pasado (yo llegué allí a través de éste hilo de Meristation):

It’s no secret that I love classic games. My games are all, in some way, tributes to classics. I have a huge personal collection of old Atari 2600/5200/7200/Intellivision/Colecovision/Vectrex/Astrocade/Odyssey 2 cartridges. (All in good working order, thank you.) That you can still buy old Atari games in stores and on XBox Live, among other places, warms my heart.

But let’s not put too fine a point on it. They are not, for the most part, fun. One of my favorite things about my classic games collection is my ability to keep having this conversation with my friends:

“Oooh! Old games! I loved Pitfall! Do you have Pitfall?”

“Of course.”

“Can I play it?”

“Sure.”

(Five minutes pass.)

“This isn’t any fun.”

“No, it’s not.”
I have this huge collection of old games, but I spend all my gaming time with my XBox 360 or PS3. (Or, on increasingly rare occasions, my Wii.)

The reason I bring it up is because of this fascinating article about the unquestionable classic, that inspirational breakthrough, that great of greats, Ultima IV.

Basic summary: Professor teaches class on classic video games. Makes students play old games. Goes all right until they try Ultima IV. They find it to be opaque, dull, and completely unplayable.

Well, YEAH.

Look, nobody worships at the altar of Lord British more than me, and you can’t put into words what a breakthrough Ultima IV was at the time. It set me on the path to writing games for a living. I played it again and again. It literally Changed My Life.

But it isn’t playable now. The controls make no sense. The dialogue is bland. All of the little UI tricks that make RPGs accessible (tooltips, in-game maps, pathfinding) were not yet invented. And, and this is really important, everything that Ultima IV introduced everyone has done far better. Ultima IV had an epic quest and morality woven into the game, which was amazing at the time. But everyone does those things way better now.

So it’s been years and years since I’ve recommended anyone play a game with Ultima in the title. Or, if they really want to try a game in the series, I recommend Ultima VI, which is awesome.

I like looking back to the past. Nostalgia. History. And there are some old designs that really should be modernized. (Archon. M.U.L.E.) But, hey, classic gaming back in the day? Pong? The Atari 2600? Man, I was there. It’s better now. Wherez mah Halo?

Oh, and I will finally know that we have shaken off the dust of the past when it is no longer possible to play Joust. God, but I hate Joust.

El sujeto en cuestión no es un sospechoso quinceañero al que con ponerle unos gráficos bonitos ya el videojuego le parece maravilloso, aunque sea repetitivo y aburrido, no, es un señor que se gana la habichuelas vendiendo videojuegos “a la vieja usanza”.

Es un buen post no tanto para decir que los videojuegos de antes eran horribles, pero sí por introducir en otro ámbito de la vida (en este caso, la aficción por los videojuegos) pegas al clásico y facilón tópico empobrecedor de “cualquier tiempo pasado fue mejor“.

En unas cuantas cosas, como las que menciona Jeff, hemos mejorado muchísimo: los controles son inmensamente mejores, los diálogos pueden tener oraciones complejas y en los juegos de rol no tienes que hacerte el mapa en una hoja aparte: el mapa te lo hace el juego.

Pero de todo ésto seguiré hablando en otro post (también de lo que hemos perdido con los años: desafío en los videojuegos, capacidad de sorprender y alguna cosa más especialmente molesta).

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09/10

El rey de los instrumentos de plástico

6:20 am por Egócrata. Archivado en: biblioteca selecta friki, gafapastismo electrónico, videojuegos

apartment

El otro día, en uno de mis épicas excursiones a la caza del videojuego barato, compre DJ Hero, completo con giradiscos de pega, por $20. Nuevo. Uno que es así de bueno. Lo divertido es que el trasto este se suma a dos guitarras, seis micrófonos y una bateria, todos obviamente de mentira, que nos ayudan en nuestra addicción a Rock Band. En camino (ya reservado) tenemos un teclado ya reservado para Rock Band 3, y al pa

so que vamos va a caer como mínimo otra guitarra o una batería actualizada para el juego nuevo.

Lo más triste, por descontado, es que no canto una mierda, tengo el sentido del ritmo de un orangután borracho y soy incapaz de tocar ningún instrumento musical con el más mínimo talento. ¿Sabéis qué? Ese es exactamente el motivo que hace que me gusten estos juegos.

La vida da muchas vueltas, pero a estas alturas estoy meridianamente seguro que nunca voy a ser el bajista de Heinous Hamster Brigade, la banda de rock sucesora de Radiohead, Arcade Fire y Wolf Parade en un sólo paquete, tocando en Madison Square Garden ante una audiencia entregada. Por no ser, no voy a ser nunca capaz de tocar “Clavelitos” en una fiesta de cumpleaños, en vista de mi total falta de talento. Juegos como Rock Band básicamente me permiten suplir esta clase de incompetencia innata, del mismo modo que FIFA me permite ganar mundiales y Call of Duty ser un soldado de élite – es fantasía heróica para aquel que no tiene capacidad de tocar nada.

El genio de Rock Band, y lo que lo convierte en uno de los mejores juegos de los últimos diez años (sino el mejor) es la capacidad que tiene no sólo de hacerte revivir esta fantasía, sino además de hacerla algo compartido. Hay pocas cosas más divertidas y extrañamente emocionantes que “tocar” una canción con un grupo de amigos y clavarla de principio a fin, con todo el mundo marcando el ritmo, siguiendo al cantante y aullando en cada estribillo. No es lo mismo que tocar en Wembley o en un bar pequeñito, por descontado, pero la sensación está ahí, con todo el poder de sugestión de una ficción compartida.

Dj Hero, por cierto, es un juego sorprendentemente divertido – aunque que no tiene el encanto de Rock Band en multijugador. Aún así, es una mirada curiosa al mundillo. Recomendable, si se encuentra a buen precio.

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08/10

El gran engaño de Oliver y Benji

Dentro de las brumas de nuestras adolescencias anidan engaños, mentiras, cosas terribles que es mejor ignorar para poder dormir bien por las noches y parecer personas normales, de esas que oyen la última de Bisbal en su reproductor de mp3, conocen toda la biografía de Belén Esteban y sólo leen best-sellers. Es deber del pueblo poldavo liderar la revolución mental e ideológica que tanto necesita el mundo. Para ello hemos de alumbrar aquellos rincones oscuros que están precisamente en el centro de todo, pues de estas revelaciones vendrá la Revolución Poldava (y el enriquecimiento pornográfico de nuestros líderes, aunque eso es colateral).

Por ejemplo, la canción de la serie de Oliver y Benji en España. Sí, sí, ésta:

¡Qué canción se sacaron las mentes pensantes de Telecinco en España! ¡qué grandes! ¡wow! Bien, pues todo mentira. Resulta que la canción de Oliver y Benji que escuchabamos en España era, ni más ni menos, la que se compuso años antes en Italia para otra serie, Lupin III (que también tuvimos en España). Sentaos y agarraos la mandíbula:

La explicación aquí:

La televisión italiana Mediaset es la que compuso esta canción originalmente para el doblaje italiano de Lupin. Cuando Mediaset (que también se dedica a comercializar derechos de emisión a otras cadenas) le vendió a Telecinco la serie de Campeones, le pasó esta canción para que la utilizara en Campeones. O sea, que nadie copió a nadie, pero el caso es que la canción originalmente se compuso en Italia para Lupin III.´

Así pues, la canción de Oliver y Benji que todos conocemos no es la de Oliver y Benji original ni una adaptación de ésta, como hicieron los alemanes: es una canción de años antes adaptada para otra serie en otro país

Desde aquí recordamos que el suicidio es traición y que el Ordenador sigue siendo tu amigo.

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07/10

Españoles por el frikimundo: Mundial de Fútbol de EEUU 94

Había muchos videojuegos de futbol en los 90. Pero fijaos en éste que, siendo bueno para la época, salió en 1992. Ya vimos por dónde iban los tiros en el caso del videojuego oficial de Italia 90. El salto de calidad se dió en apenas dos-tres años. En 1993 una compañía canadiense saca uno de los videojuegos más importantes de todos los tiempos, el primer FIFA International Soccer para Megadrive, contribuyendo al salto antes mencionado. Comparad con lo que podía verse dos o tres años atrás en los enlaces e intentad comprender lo que significó en su momento que salieran juegos así.

Repeticiones de los goles, perspectiva isométrica, celebraciones en la videopantalla gigante del estadio, oir cánticos del público (¡incluso ver al público!) y gráficamente despampanante para la época. También, para qué engañarnos, tenía ese maravilloso botón que servía para agredir (al menos en su versión para Super Nintendo). Incluía montones de errores y trampas para meter gol, cierto, pero los goles, cosa rara hasta ahora en un videojuego, eran espectaculares. Las primeras veces que metías gol decías “¡Hala, qué golazo!”. Y era vergonzosamente sencillo aprender a jugar.

El juego sólo traía selecciones nacionales, con los nombres de jugadores ficticios. Salió un año antes del Mundial de EEUU, y tenía la licencia de la FIFA, así que puede considerarse el videojuego de aquel mundial. Lo que buenamente podemos hacer para que el Pueblo vea la imágen que tenía la selección española de fumbol por aquel entonces es ir a los datos del videojuego de Megadrive en cuestión.

FIFA94

Alemania e Italia claras favoritas, con un pelotón de perseguidores compuesto por Países Bajos, Brasil, Dinamarca (en ese momento era la campeona de la Eurocopa) y Argentina. Los primeros equipos tienen en común tener un 9 en pases. España en este juego ya empieza a pintar algo: es la séptima selección si tenemos en cuenta las estadísticas, destacando en tiros y en portero.

¿Era la selección española que fue al Mundial de EEUU 94 (aquí los convocados) la séptima mejor del mundo o similar? Mira que 9 de los 22 que fueron eran del Barça…aunque, ya sin ironías, en 1992 habían ganado la Copa de Europa, así que era normal aprovecharse de su experiencia. Pero si somos sinceros y nos pasamos por el bello enlace a la Wikipedia veremos que los delanteros eran Salinas, Juanele y Felipe Miñambres. Verlos en el mismo campeonato que Bergkamp, Roberto Baggio, Romario, Bebeto o Batistuta daba cierta cosica. El centro del campo era flojo: los que eran buenos eran demasiado jóvenes y poca cosa fisicamente (Guardiola o Julen Guerrero), los veteranos eran horribles (no conocereis el horror hasta que no hayais visto a Nadal de organizador de juego, como lo ponía Clemente) y Caminero o Luis Enrique rindieron más o menos bien, pero dentro de una tónica regularceja. Rumanía, Francia o Inglaterra no eran peores que España. Dinamarca era manifiestamente mejor, de hecho.

Conclusión: en el primer FIFA de todos los tiempos creo que se pone a la selección española algo por encima de lo que merecía antes de lo visto en el mundial.

Y el próximo capítulo irá sobre el más influyente de todos los FIFA, el FIFA: Road to World Cup 98. En otras palabras: Uuuu-juuu!

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06/10

De lo adulto y lo maduro en el videojuego

El cómic y el videojuego son cosas de niños. Gente con mallas pegando a malos, dos galos que se pegan puñetazos con soldados del Imperio Romano, un fontanero que da saltos sobre tortugas y etc. Mundos simples, personajes simples y mucho colorido.

A veces se ha intentado dar un toque de madurez mostrando a enormes marines con enormes armas en portadas de videojuegos. A veces apelando a lo sangriento del juego. Lo que más se usa como reclamo de madurez es el volumen muscular y la suciedad. No vamos a negar el componente de competencia, violencia y mala baba en más de un videojuego, juego de rol o película. Puede aparecer o ser un elemento importante, el problema es cuando el único argumento motivador es ese, olvidándonos por sistema de lo que se habla. Y aquí pasamos al tema del relato dentro del frikismo.

En general, es mejor tener una buena dinámica sin más complicaciones, como dijo otro ciudadano por aquí. El problema, si de verdad se aspira a dar un aspecto de madurez a los videojuegos, es que el recurso sistemático a la violencia gratuita o lo sucio no implica más madurez o más complejidad necesariamente. Sí lo hace una historia bien construida y que trate de cosas complejas, posiblemente relacionadas con la violencia.

En este sentido, quiero volver a Infinite Space. Es un juego adulto. Ves la portada y ves un juego de naves espaciales y estética manga. Cuando buceas en él, además de la dinámica fantástica ya mencionada en el post de Roger, la historia sorprende: (SPOILER: VOY A CONTAR PARTES DEL JUEGO)

1. El protagonista, junto a sus amigos, tratan de echar de su hogar a un imperio que va conquistando un espacio del universo tras otro. Tras mucho tiempo, vuelven de tapadillo a un planeta conquistado por el imperio…para encontrarse que la gente realmente vive mucho mejor con el nuevo gobierno imperial. No hay piratas. No hay casi pobres. La gente está mucho más contenta. Incluso un antiguo amigo del protagonista le dice que bajo el imperio todos están más seguros, son más prósperos y etc. El protagonista simplemente lucha contra él, pero no suelta ningún discurso moralista y arrebatador…sólo se va pensando…¿y si mi victoria contra el imperio hace que la gente vuelva a vivir insegura y más pobre?

2. En otra ocasión el protagonista tiene que proteger un planeta, que no sabe el porqué está siendo invadido…un planeta en el que sólo hay civiles. Al enfrentarse al ejército invasor, descubre la razón de la invasión: se ha construido un arma de destrucción masiva entre población civil, usándoles, sin que lo sepan, como escudos humanos. Al acabar la batalla, el protagonista va a pedirle explicaciones al dirigente de la facción que poseía el planeta en cuestión, diciéndole que si no tiene honor. El dirigente medio se ríe, diciéndole que la guerra no se puede ganar honestamente, y que a la fuerza hay que mentir, porque en el espacio sólo sobreviven los fuertes. Lo del código de honor, dice, es una cosa para niños y cuentacuentos.

3.Hay una permanente discusión sobre cómo un conjunto de naciones democráticas (galácticas) pueden derrotar a un imperio no democrático que tiene mando único y propósito de conquistar a toda nación que sea débil. El protagonista evoluciona de un inicial idealismo y amor por las formas a un convencimiento en la realpolitik y al maquiavelismo más atroz para evitar que el imperio lo engulla todo: todos tendrán que unirse contra el Imperio, y si hay que declarar la guerra a los que se nieguen se hace. Si hay que cepillarse a traidores, se hace. Su visión de cómo funciona el ser humano pasa de un inicial optimismo a un pesimismo sobre la posibilidad de una paz perpetua (“Tu visión de la vida es triste y violenta”) y sobre el ser humano. Yuri, el protagonista, va a la guerra no gustándole, pero creyendo que si no va lo que espera detrás puede ser mucho peor que la guerra. Es un héroe pesimista, consciente de lo limitado de su gesta, que siendo épica-hasta-decir-basta no pone fin a la Historia (“nada termina nunca”, decía el Dr Manhattan), pero que puede dejar las cosas un poco mejor…

Un protagonista que se tiene que plantear cuestiones que superan lo infantil, que no tiene todas las respuestas (lo cual no le impide actuar de modo decisivo), con personajes que son deliciosamente contradictorios, con silencios tensos cuando las situaciones son delicadas (evitando el “listillismo” de algunos protagonistas que siempre tienen respuesta para todo). Decepciones constantes que hacen que los rescates y las victorias sepan muchísimo mejor que la mayoría de los juegos. La defensa de lo que se considera preferible y perecedero puede ser mucho más épica que la defensa de lo que uno considera el Bien Supremo y Eterno.

Siempre predominará lo simplemente entretenido, las dinámicas bien construidas y la diversión por la diversión: es lo suyo, y es el modo gracias al cual la industria del videojuego puede crecer y experimentar. Pero lo que comento en este post debería venderse como signo de madurez de los videojuegos. El tono. Los temas. La complejidad de lo que se habla. La ausencia de molonismo. La honestidad en lo que se cuenta. Sólo por ahí se puede empezar a rescatar el medio de la imágen típica de juegos de marines hiperhormonados o de Mario, ambos de los cuales me gustan, pero la industria podría empezar a ofrecer bastante más, aunque fuera en pequeñas dosis.

10

06/10

Perfección friki: Infinite Space (DS)

Imaginad un juego que os permite lo siguiente:

  1. Controlar un escuadrón de naves estelares, dando órdenes a destructores, cruceros, acorazados, portaaviones y cazas estelares en combate.
  2. Asignar las responsabilidades entre nuestros oficiales y tripulación, escogiendo quién será primer oficial, oficial de artillería, logística, ingeniero, marines, ciencia, y una larga serie de funciones.
  3. Decidir cuidadosamente la composición de nuestra flota, administrando nuestro presupuesto para diseñar un escuadron que se adapte a nuestra misión y estilo de combate. ¿Queremos una flota de destructores, rápida, ágil y que mantiene las distancias? ¿Un grupo de acorazados con la sutileza de una apisonadora? ¿Una orgía de cazas estelares? ¿Algo mixto y equilibrado?
  4. Modificar y equipar al detalle cada una de nuestras naves, decidiendo armamento, radares, hangar, servicios para la tripulación, deflectores, puente de mando, sensores y demás, evaluando cuidadosamente a qué dedicamos espacio en el casco y recursos. ¿Ponemos más énfasis en precisión artillera o en capacidad de mando? ¿velocidad o maniobra? ¿Alcance artillero o daño? ¿moral de la tripulación y misiones largas o raids rápidos en naves incómodas?
  5. Ganar experiencia, mejorar nuestras habilidades, construir naves mayores.
  6. Explorar el universo, participando en una cruzada épica para salvar la galaxia.
  7. Tener tripulantes tetudas, historias melodramáticas enloquecidas, extrañas insinuaciones de incesto, extrañas historias de secuestro y violación, objetos místicos raros, relaciones efébicas de generales retirados y aprendices, imperios estelares confiando en un chaval de 16 años con naves espaciales de combate, ygrandes conspiraciones galácticas, en una epopeya evidentemente escrita por un friki japonés enloquecido.

Infinite_Space_CoverTodo esto está en mi gran obsesión de esta semana, el magnífico Infinite Space para la Nintendo DS. Un juego de rol enorme, monumental que es una especie de apoteosis de todo lo que un friki amante de space operas y novelas de ciencia ficción baratas puede desear.

Es el juego que literalmente hubiera diseñado cuando tenía doce años, una especie de sueño hecho realidad con temática rolera. El Star Control, Ascendancy, Master of Orion, Galactic Civilizations y demás eran grandes, magníficos, geniales, pero yo no quería ser el líder del imperio – mi sueño era ser el almirante en el puente de un destructor estelar, bramando a mi oficial de artillería que concentre el fuego en ese crucero, pidiendo acciones evasivas, lanzando mi marines al abordaje. El X-Wing nos puso en el centro de la batalla, pero a mandos de un pequeño caza estelar. En Infinite Space estamos al mando de las naves que cuentan, de todo el poder la flota estelar.

Vaya por delante, Infinite Space no es un juego perfecto. Como buen JDR japonés, tiene unas cuantas decisiones de diseño incomprensibles: tenemos que perder el tiempo subiendo de nivel un poco demasiado a menudo, alguno de los menús son bastante obtusos, el tutorial es completamente inservible, no tiene un listado de misiones pendientes y a veces el diseño de misiones es obtuso porque sí.

No importa. La base del juego, el núcleo, el diseño de flotas, naves y tripulaciones, es casi perfecto. Los combates son estratégicos, variados e increíblemente tensos, con cada pequeño cambio que hemos introducido en nuestra flota teniendo efectos inmediatos en el campo de batalla. El diseño artístico es realmente magnífico, con cantidad de naves tremendamente detalladas y unos efectos de sonido estelares. Nada supera a dar la orden de fuego a discreción y escuchar a nuestros oficiales aceptar la orden, asignar objetivos, y proceder a demoler esa escoria rebelde. Es un juego vibrante, absorbente, gigantesco – parece mentira que tanta épica quepa en un pequeño cartucho de DS.

Si alguna vez has soñado en naves estelares y flotas. Si tu personaje preferido en Star Wars se llama Ackbar o Needa. Si crees que Picard era un flojeras y tu puedes hacer mejor trabajo. Si te gustan los JDR con montones y montones de números que optimizar y maximizar, Infinite Space está hecho a medida para tí.

No tengo ni idea si está a la venta en España; en Estados Unidos, a pesar del pedigree de sus diseñadores (Platinum Games, ex-Clover Studios, en Capcom) ha vendido una miseria. Si la temática os atrae, haced lo imposible por encontrarlo. Es un sueño hecho realidad; un juego friki como pocos. Sencillamente magnífico.

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06/10

El final de Lost explicado a los niños

Parece que algunos compañeros en P.I.F.IA. tienen ciertos problemas entendiendo guiones de televisión. Lo pobrecitos necesitan que alguien les coja de la mano, les dibuje un mapita, y les explique bien qué está pasando, ya que si no se sienten horriblemente confundidos, echándole la culpa al escritor de su confusión. La física cuántica es complicada – ¡maldito universo, haciendo las cosas rebuscadas!

Pues mira, no. El final de Lost no fue sobre “el camino”, o sobre “los personajes”. El final de Lost fue un cierre a un tema que ha sido ellost2_1280x1024 hilo conductor de toda la serie desde el primer episodio, y que era el auténtico misterio de la isla: ¿quién tiene razón, el hombre de fe o el hombre de ciencia?

Lost no es realmente una serie sobre “misterios”. El humo, la isla, Dharma, los viajes en el tiempo, la luz de la isla, todo eso son cuestiones periféricas. Lost es sobre el misterio, en el sentido religioso del término. Los personajes de Lost se enfrentan a una serie de situaciones extremas, sucesos inexplicables y señales confusas y deben decidir qué sentido le atribuyen. Desde el primer episodio, John Locke cree que su existencia en la isla tiene un sentido que va más allá de lo humano, de lo simplemente explicable, mientras que Jack Sheppard responde como un hombre de ciencia, afrontando los problemas uno a uno y tratando de buscar una explicación lógica.

Las seis temporadas de la serie esencialmente desarrollan esta idea, y lo hacen con una profundidad y sutileza tremendas. Lost va mucho más allá de las conspiraciones de otras series, desde el cansino rompecabezas de Flash Forward al caos absoluto que acabo siendo Expediente X. La serie era interesante no (sólo) porque los sucesos de la isla fueran intrigantes, sino por cómo cada personaje se enfrenta a ellos, y qué acaban por definir como crucial. Según avanza la serie, vemos como el hombre de fe, John Locke, progresivamente deja que su obsesión con el destino le haga perder la cabeza, desesperando cuando ese “Dios” en el que cree no le habla con claridad. Jack, mientras tanto, ve como a pesar de solucionar cosas sin descanso la realidad terranal, los problemas básicos, concretos y sencillos que se esfuerza en arreglar sin descanso no le llevan a ninguna parte, y acaba suplicando volver a la isla.

Este conflicto, esta guerra interna se extiende a todos los personajes – y no se reducen a su relación con la isla, sino también a sus relaciones con los otros. Un tema recurrente en la serie es como todos y cada uno de los supervivientes son de hecho personas rotas, atrapadas por su pasado, por sus relaciones con otros. Parte de la búsqueda de respuestas es el significado, el sentido de otros  - Locke intenta distanciarse, aterrado de confiar en nada que no sea su destino; Jack ve al resto como problemas a arreglar. La isla obliga a todos ellos a enfrentarse a sus fantasmas, a sus monstruos – en más de un sentido, les obliga a confrontar su demonios interiores. El hombre de negro, el eterno manipulador, explota sus debilidades tanto como puede – los viejos fantasmas de fracasos pasados que viven atrapados en la isla, víctimas de sus fracasos.

Llegamos a la conclusión, a la última temporada de la serie, y cómo presuntamente no explica demasiado. Al contrario – Lost de hecho da una respuesta increíblemente rica al misterio, a los dos grandes conflictos de la trama. La isla, como “misterio”, es esencialmente inexplicable – la luz, Jacob, el agua, todo son expresiones de la divinidad en un sentido amplio: son manifestaciones del demiurgo, Dios, la causa última o como lo queramos llamar. Aunque los personajes, como nosotros, podemos ver el contorno de ese misterio, realmente no podemos llegar a entenderlo completamente – cualquier pregunta nos lleva a otra pregunta.

Los creadores de la serie hablan del “problema del Big Bang”: si preguntamos sobre el origen del universo y contestamos “Big Bang”, ¿cómo contestamos a la inevitable pregunta siguiente, “qué había antes”? La isla es, esencialmente, un misterio al que no podremos encontrar causa última; es el foco, el origen de la esencia última, del misterio detrás de todo, pero realmente no podemos contestar qué hay detrás de ello. Los personajes se enfrentan a este problema, y acaban teniendo que decidir si la intuición de que existe algo importante pero inexplicable es suficiente para creer en ello, o es algo que podemos dejar de lado.

Lo más interesante de Lost, y lo realmente único del capítulo final, es que da dos respuestas. Al final de la serie, Jack, Hurley y Ben acaban diciendo que sí, que la isla merece una oportunidad, mientras que el resto acaban por afirmar esa misma respuesta de un modo distinto: en los otros.  El descubrimiento de cada personaje, tanto en la isla como en la realidad alternativa, que lo más importante de sus vidas, lo que les da sentido, es su relación con otros, su amor hacia otros, es la versión terrenal de la luz divina de la isla. Jack está salvando la misteriosa piscina sagrada, pero eso no salva al resto de personajes – lo que les salva es el hecho que descubren que su vida vale la pena porque quieren a alguien. “Dios” está en los otros – la isla es una manifestación de ello, pero la vida de los hombres tiene sentido fuera de ella.

No sé si alguien tuvo la suerte/desgracia de ir a un colegio de curas, pero todo esto le debería ser familiar – Carlton Cuse, uno de los creadores, es católico, y la serie es de hecho una versión sui generis de la Biblia. No es en absoluto algo nuevo; todo aquel que ha leído El Señor de los Anillos con cierta atención sabe que J.R.R. Tolkien estaba haciendo exáctamente lo mismo. Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis también forman parte de esta tradición que Lost sigue de forma parecida. La serie tiene cantidad de alusiones religiosas, desde los nombres de los personajes a la idea del hombre de negro como un ángel caído en el el jardín del Edén.

¿Es el final de Lost perfecto? Obviamente, no, no lo es. Como toda alegoría que dura seis años y vive bajo los límites de un formato televisivo con guiones escritos por comité, el final tiene sus problemas. El mundo alternativo era emocionante, pero teológicamente confuso, y hay alguna temporada más floja que otras. Aún así, creo que la serie se cerró con una explicación fantástica sobre el sentido de la existencia de los personajes, sin perder el tiempo en trucos mágicos y leyendas variadas. Lo importante de la Biblia no es que explica historias, lo importante es que da sentido. Lost habla del mismo modo.

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