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01/11
Demonios, pingüinos explosivos y desmadre: Disgaea
El rey del Inframundo, señor de todos los diablos y monstruos, ha muerto atragantado mientras tomaba un aperitivo. Los demonios se pegan entre sí para conseguir su título…y dos años después el príncipe despierta de su siesta. Una de las pocas vasallas “leales” (con muchas comillas) le intenta despertar a base de mazazos, disparos y demás, cosa que consigue. Desde ese momento Laharl, el hijo del difunto rey, trata de poner fin al caos del Inframundo y tener a todos los demonios a sus pies, con las únicas debilidades conocidas de debilitarse si oye palabras relacionadas con el amor o si ve mujeres con “cuerpo explosivo”. Etna, su vasalla, le ayudará, contando con su escuadrón Prinny: unos pingüinos que explotan al lanzarlos, y que son en el fondo almas pecadoras que pagan sus pecados trabajando por debajo del salario mínimo en el Inframundo.
Así comienza Disgaea, el mejor juego de rol táctico que hasta el momento yo he podido jugar (tengo la versión de DS, aunque salió mucho antes para Playstation 2 y PSP).
Tendremos cuadrículas, combate por turnos, subidas de niveles, estadísticas a porrillo, golpes especiales, etc. Pero Disgaea es mucho más: es un juego infinito. Puedes jugar de modo totalmente lineal, haciendo las misiones del surrealista y sorprendente hilo argumental y ya está, sin más complicaciones…pero si quieres complicaciones tienes las que quieras.
Para empezar, no sólo están los mapas del modo Historia: te puedes meter en CUALQUIER espada, armadura, botas, arco u objeto del juego y dentro hay desde 30 a 100 mapas llenos de bichos. Cuantos más mapas pases, más subirán las estadísticas del objeto. Todos estos mapas de dentro de los objetos son aleatorios. El Item World (se llama así) está plagado de objetos, experiencia y desmadre (incluído el hacer “castellers” para lanzar a algún personaje a la escalera que te permite pasar el nivel, imprescindible si los monstruos nos superan en nivel).
Por otro lado, tenemos la Asamblea Oscura. Si quieres que en la tienda de juego haya mejores objetos tendrás que ir a una Asamblea de demonios y ellos tendrán que votar en pleno si acceden a que tengas mejores objetos. Puede que les caigas bien y te lo aprueben. Puede que tengas que sobornarles. Puede que te rechacen la propuesta y en medio de la Asamblea te líes a tortas con ellos para convencerles (nota: los miembros que votan pueden ser de niveles altísimos, y suele ser poco recomendable). No sólo eso: podemos pedirles hacer más contraataques, mover más casillas, que nos dejen ir a la Tierra a conquistarla, reencarnar al personaje que convoque la asamblea en otra clase, visitar otras realidades alternativas en las que los bichos tienen tropecientos mil niveles (nota: ¡¡en el juego el nivel máximo es 9999!!!! Sí, sí, 9-9-9-9, así que podeis estar subiendo nivel a vuestros personajes y objetos un buen rato…y no es una tontería, hay enemigos en fases alternativas que alcanzar niveles de cuatro cifras…). Solicitar cosas a la asamblea es un mundo en sí mismo. Y es especialmente satisfactorio cuando eres lo suficientemente fuerte para pegarles, os lo aseguro.
Además, tenemos la inmensa variedad de los niveles. Veremos que muchos mapas tienen casillas de muchos colores diferentes, y que en cada color pasa una cosa: unos curan, otros bajan tu defensa, otros te hacen invencible, otros crean clones de tus personajes, etc. Pues bien, en el mapa hay “generadores” de ese color que si nos los cargamos nos cepillamos el efecto…y hacemos daño a todos lo que están en esas casillas. Tenemos ahí momentos locos en muchas batallas, en las que seremos teleportados al azar, haremos explotar las casillas rojas, mientras los que están en las verdes son invencibles,etc.
Además de lo puramente jugable, que es casi eterno, variado a más no poder, fácil de aprender y adictivo al máximo, quiero hablar del argumento y los personajes. Allí donde la mayoría de los juegos del género como Fire Emblem u otros de otros géneros como los Final Fantasy, Gears of War y demás intentan relatar historias épicas, serias o dramáticas, Disgaea apuesta por el absurdo, el desmadre y lo ridículo. Ya lo hemos visto al principio, pero casi todo el juego es así (con excepciones como el capítulo en el que descubres el porqué desaparecen algunos prinnies). Tenemos episodios que empiezan con Laharl cabreado por fotos comprometedoras que le ha hecho alguien y que usan para chantajearle. Otras empiezan con un picnic por el infierno que acaba en una pelea con el que nos ha robado la cesta de la merienda. En otras tenemos a un villano recurrente, un demonio rival del protagonista que se hace llamar el Adonis del Inframundo (pero al que Laharl rebautiza como “Mid-boss”, ante el cachondeo general). Los rivales son surrealistas, idiotas, patéticos y tiernos a la vez, sacándote más de una risa con sus motivaciones y actuaciones (entre ellos una parodia genial de los Power Rangers y otra del típico superhéroe de cómic estadounidense).
Por poner un ejemplo, al final de cada capítulo Etna, la vasalla del protagonista, hace un resumen de lo que será el siguiente capítulo…aunque lo que cuenta son fantasías suyas que no tienen nada que ver con lo que pasará, contándonos, por ejemplo, que en el próximo capítulo un equipo de béisbol en horas bajas será rescatado por ella, que se pondrá a batear!
Y, para acabar, quiero hablar de los prinnies. El escuadrón de esbirros de Etna, la vasalla de Laharl. Gregarios, temerosos de su jefa, suicidas si es necesario, con su riñonera donde guardan machetes y bombas, explotan al lanzarlos…son tan carismáticos y el concepto es tan bueno que se hizo un juego con ellos de protagonistas, cuyo título lo dice todo: “Prinny: Can I Really Be the Hero?“. Ha vendido bastante bien (a pesar de que se ha dicho que su dificultad era desmadrada) y parece que saldrá una segunda parte.
Para Playstation 3 teneis la tercera parte de la saga, que por lo que he leído es más de lo mismo. En un mundo justo este tipo de juegos serían promocionados por la prensa especializada, hablando de su originalidad, excelente sentido del humor (muy negro por momentos, que nadie se engañe con la estética anime aniñada de la portada), alto nivel de adicción y duración casi infinita. No hay versión oficial en castellano (sí hay traducciones amateur bastante decentes por ahí), así que toca jugar en inglés, pero es un inglés asequible para la mayoría de jugones, creo yo.
No hay excusa que valga: Disgaea DS es una genialidad que nadie debería perderse, dood!

Venía hablando el otro día sobre el halo mítico de los videojuegos “de antes”, retórica habitual entre los que tenemos 30 años (o más) y llevamos jugando desde tiempos del Spectrum/Amstrad.


Todo esto está en mi gran obsesión de esta semana, el magnífico
hilo conductor de toda la serie desde el primer episodio, y que era el auténtico misterio de la isla: ¿quién tiene razón, el hombre de fe o el hombre de ciencia?