Sé que durante las últimas décadas algunos frikis, sobre todo ateos, nos hemos dedicado a ser perversos. Hemos decidido hacer algo de sincretismo con nuestros iconos frikis. O hemos probado a meter≤ el dedo en la llaga. Quizás hayamos mancillado la figura de Jesús, pero da igual. Carece de importancia. En general, sitios como Lol God nos han dado risas sencillas a lo largo de este joven siglo. Se ha hecho buen humor. Pero nada de eso importa. Hace más de tres décadas, Oral Roberts, un predicador estadounidense, lo hizo. Realizó un chiste religioso insuperable. Imaginó un Jesús gigantesco de 274,32 metros de altura (900 pies) que le ayudaría con la edificación de una ciudad de la fe, ahora conocida como CityPlex Towers. Oral lo testimonia así:
I felt an overwhelming holy presence all around me. When I opened my eyes, there He stood … some 900 feet tall, looking at me … He stood a full 300 feet taller than the 600-foot-tall City of Faith. There I was face to face with Jesus Christ, the Son of the Living God. I have only seen Jesus once before, but here I was face to face with the King of kings. He reached down, put his Hands under the City of Faith, lifted it, and said to me, “See how easy it is for Me to lift it”!
Godzilla a menudo se ha enfrentado a monstruos de más o menos su misma altura, hasta donde se lo permitía su altura variable, de cincuenta a cien metros de altura. La visión de Oral Roberts, sin querer, da lugar a un buen crossover, una de esas batallas épicas que posiblemente decepcionen a quienes recuerden el precedente de King Kong versus Godzilla. En el escenario de batalla, un Jesús de casi 275 metros de altura alteraría radicalmente las tornas. Godzilla tendría que compensar con su velocidad o sus poderes la superioridad física de Jesús, quien podría agarrarle y tirarle muy lejos. Será una orgía fantástica de acción en donde numerosas maquetas de cartón se destruirán y abundarán los trucos emanados del ingenio y la escasez, como efectos baratos de luces.
Desde PIFIA, con todo lo antedicho, proponemos esta dulce blasfemia que a muchos niños y frikis divertirá.
El rey del Inframundo, señor de todos los diablos y monstruos, ha muerto atragantado mientras tomaba un aperitivo. Los demonios se pegan entre sí para conseguir su título…y dos años después el príncipe despierta de su siesta. Una de las pocas vasallas “leales” (con muchas comillas) le intenta despertar a base de mazazos, disparos y demás, cosa que consigue. Desde ese momento Laharl, el hijo del difunto rey, trata de poner fin al caos del Inframundo y tener a todos los demonios a sus pies, con las únicas debilidades conocidas de debilitarse si oye palabras relacionadas con el amor o si ve mujeres con “cuerpo explosivo”. Etna, su vasalla, le ayudará, contando con su escuadrón Prinny: unos pingüinos que explotan al lanzarlos, y que son en el fondo almas pecadoras que pagan sus pecados trabajando por debajo del salario mínimo en el Inframundo.
Así comienza Disgaea, el mejor juego de rol táctico que hasta el momento yo he podido jugar (tengo la versión de DS, aunque salió mucho antes para Playstation 2 y PSP).
Tendremos cuadrículas, combate por turnos, subidas de niveles, estadísticas a porrillo, golpes especiales, etc. Pero Disgaea es mucho más: es un juego infinito. Puedes jugar de modo totalmente lineal, haciendo las misiones del surrealista y sorprendente hilo argumental y ya está, sin más complicaciones…pero si quieres complicaciones tienes las que quieras.
Para empezar, no sólo están los mapas del modo Historia: te puedes meter en CUALQUIER espada, armadura, botas, arco u objeto del juego y dentro hay desde 30 a 100 mapas llenos de bichos. Cuantos más mapas pases, más subirán las estadísticas del objeto. Todos estos mapas de dentro de los objetos son aleatorios. El Item World (se llama así) está plagado de objetos, experiencia y desmadre (incluído el hacer “castellers” para lanzar a algún personaje a la escalera que te permite pasar el nivel, imprescindible si los monstruos nos superan en nivel).
Por otro lado, tenemos la Asamblea Oscura. Si quieres que en la tienda de juego haya mejores objetos tendrás que ir a una Asamblea de demonios y ellos tendrán que votar en pleno si acceden a que tengas mejores objetos. Puede que les caigas bien y te lo aprueben. Puede que tengas que sobornarles. Puede que te rechacen la propuesta y en medio de la Asamblea te líes a tortas con ellos para convencerles (nota: los miembros que votan pueden ser de niveles altísimos, y suele ser poco recomendable). No sólo eso: podemos pedirles hacer más contraataques, mover más casillas, que nos dejen ir a la Tierra a conquistarla, reencarnar al personaje que convoque la asamblea en otra clase, visitar otras realidades alternativas en las que los bichos tienen tropecientos mil niveles (nota: ¡¡en el juego el nivel máximo es 9999!!!! Sí, sí, 9-9-9-9, así que podeis estar subiendo nivel a vuestros personajes y objetos un buen rato…y no es una tontería, hay enemigos en fases alternativas que alcanzar niveles de cuatro cifras…). Solicitar cosas a la asamblea es un mundo en sí mismo. Y es especialmente satisfactorio cuando eres lo suficientemente fuerte para pegarles, os lo aseguro.
Además, tenemos la inmensa variedad de los niveles. Veremos que muchos mapas tienen casillas de muchos colores diferentes, y que en cada color pasa una cosa: unos curan, otros bajan tu defensa, otros te hacen invencible, otros crean clones de tus personajes, etc. Pues bien, en el mapa hay “generadores” de ese color que si nos los cargamos nos cepillamos el efecto…y hacemos daño a todos lo que están en esas casillas. Tenemos ahí momentos locos en muchas batallas, en las que seremos teleportados al azar, haremos explotar las casillas rojas, mientras los que están en las verdes son invencibles,etc.
Además de lo puramente jugable, que es casi eterno, variado a más no poder, fácil de aprender y adictivo al máximo, quiero hablar del argumento y los personajes. Allí donde la mayoría de los juegos del género como Fire Emblem u otros de otros géneros como los Final Fantasy, Gears of War y demás intentan relatar historias épicas, serias o dramáticas, Disgaea apuesta por el absurdo, el desmadre y lo ridículo. Ya lo hemos visto al principio, pero casi todo el juego es así (con excepciones como el capítulo en el que descubres el porqué desaparecen algunos prinnies). Tenemos episodios que empiezan con Laharl cabreado por fotos comprometedoras que le ha hecho alguien y que usan para chantajearle. Otras empiezan con un picnic por el infierno que acaba en una pelea con el que nos ha robado la cesta de la merienda. En otras tenemos a un villano recurrente, un demonio rival del protagonista que se hace llamar el Adonis del Inframundo (pero al que Laharl rebautiza como “Mid-boss”, ante el cachondeo general). Los rivales son surrealistas, idiotas, patéticos y tiernos a la vez, sacándote más de una risa con sus motivaciones y actuaciones (entre ellos una parodia genial de los Power Rangers y otra del típico superhéroe de cómic estadounidense).
Por poner un ejemplo, al final de cada capítulo Etna, la vasalla del protagonista, hace un resumen de lo que será el siguiente capítulo…aunque lo que cuenta son fantasías suyas que no tienen nada que ver con lo que pasará, contándonos, por ejemplo, que en el próximo capítulo un equipo de béisbol en horas bajas será rescatado por ella, que se pondrá a batear!
Y, para acabar, quiero hablar de los prinnies. El escuadrón de esbirros de Etna, la vasalla de Laharl. Gregarios, temerosos de su jefa, suicidas si es necesario, con su riñonera donde guardan machetes y bombas, explotan al lanzarlos…son tan carismáticos y el concepto es tan bueno que se hizo un juego con ellos de protagonistas, cuyo título lo dice todo: “Prinny: Can I Really Be the Hero?“. Ha vendido bastante bien (a pesar de que se ha dicho que su dificultad era desmadrada) y parece que saldrá una segunda parte.
Para Playstation 3 teneis la tercera parte de la saga, que por lo que he leído es más de lo mismo. En un mundo justo este tipo de juegos serían promocionados por la prensa especializada, hablando de su originalidad, excelente sentido del humor (muy negro por momentos, que nadie se engañe con la estética anime aniñada de la portada), alto nivel de adicción y duración casi infinita. No hay versión oficial en castellano (sí hay traducciones amateur bastante decentes por ahí), así que toca jugar en inglés, pero es un inglés asequible para la mayoría de jugones, creo yo.
No hay excusa que valga: Disgaea DS es una genialidad que nadie debería perderse, dood!
Echo un poco de menos aquí los libros. No me toméis a mal, me parece genial todo el detalle que se presta al mundillo de las novelas gráficas (y éstas son por naturaleza, el arquetipo de literatura friki). Sin embargo, servidor suele quedarse con cierta sensación de insatisfacción con las novelas gráficas (excepciones a mencionar: la saga “Preacher” y la saga “Sandman”). Con todo, no soy ni de lejos un consumidor habitual de esa forma de literatura. Dadme libros, dadme bichos con todas las páginas que sean, que pese, que me haga pensar, que me haga esforzarme, o simplemente que me entretenga.
Últimamente, amén de la sobrecarga que aún me queda por liquidar, vengo simultaneando lectura en español (mi colección Reinos Olvidados de Altaya me la compré aquí) y en inglés, con títulos bastante variados. Llevaba bastante tiempo detrás de poder hincarle el diente a las obras de Max Brooks. Desde que tito Rinze le hizo referencia hará un par de años, hasta que recientemente me las encontré en una liquidación en play.com a precio irrisorio.
Brooks publicó en 2003 su “Zombie Survival Guide”. El libro es simplemente genial, aunque supongo que no para todos los gustos. Como su propio nombre indica, no deja de ser una guía o manual sobre qué hacer en caso de que los zombies se propagaran por la tierra. El aspecto científico queda acotado con la definición de las causas de la aparición de los zombies: aquí no hay sitio para magufadas o pseudo-explicaciones sobrenaturales; los zombies son fruto de una infección vírica, y el causante de la misma es el “Solanum”. La única forma de acabar con un infectado es destruir el cerebro. Una vez explicado esto, Brooks pasa a dar su informe pormenorizado de aspectos tan cruciales para la supervivencia en una crisis como pueden ser la elección de armas (desde la más que destacable “pala” shaolin a la totalmente inútil ametralladora pesada), la preparación de la residencia como fortaleza (y todo lo que conlleva en términos de autosuficiencia y sostenibilidad), la huída, la elección de terrenos y vehículos, la supervivencia a largo plazo (tanto frente a los infectados como a los más que probables bandidos), preparación física y mental y distintas tácticas a usar cuando fuera posible pasar a la ofensiva. Parece no dejar detalle sin considerar. El libro concluye con una supuesta crónica de ataques o brotes zombies a lo largo de la historia, así como una sección donde anotar posibles brotes que el lector fuera tomando en cuenta. Lo dicho: no deja de ser una guía, y como cualquier manual su contenido no está, al menos a priori, concebido como un vehículo de entretenimiento, aunque en esta ocasión sí que lo consigue intercalando el humor asociado ante tal amalgama de indicios y recomendaciones con una ligera sensación de desasiego (más de una y dos veces me encontré cavilando sobre la viabilidad de cargarme las escaleras de mi bloque como forma de aislar los accesos al edificio en caso de ataque, por poner un sólo ejemplo). Por cierto, el mayal (y similares armas sin filo cortante) vuelve a figurar como arma poco recomendable por su limitada efectividad, elevada necesidad de entrenamiento para lograr la maestría suficente en su uso, así como el peso asociado al mismo.
Lo dicho: sólo si tienes el suficiente estómago o tus gustos frikis incluyen manuales técnicos
World War Z (o Guerra Mundial Z) es otro cantar bien distinto. Bebiendo de los principios y definiciones establecidos en la Guía, World War Z viene a ser la crónica verbal de la guerra contral los zombies. Escrita siguiendo un estilo periodístico, con sucesivas entrevistas a varios supervivientes de la Guerra, el libro viene detallando los distintos estadíos de la misma, desde los primeros brotes en China, pasando por el llamado “Gran Pánico”, la supremacía de los zombies en lo que a terreno controlado se refiere, y concluyendo con el contraataque y la limpieza paulatina de todas las regiones del planeta de la amenaza del Solanum. Gracias a este estilo de narración, y a la sobresaliente variedad de supervivientes, el libro es más que entretenido, abundando en pequeños y sorprendentes detalles centrados en los esfuerzos y vivencias, los héroes y villanos, las acciones brillantes y las cagadas de campeonato a lo largo de los más de 10 años de historia que comprende el libro, por cierto, comenzando en 2012. Supervivencia en la estación espacial internacional, en un submarino nuclear chino, la línea defensiva de las Montañas Rocosas, el éxodo a Canadá, los brotes en China y Sudáfrica, el aislamiento total de Israel, y cómo no, el episodio a lo “Little Big Horn” del ejército yanki al principio de la guerra en el desastre de Yonkers:
Y ahora más buenas noticias: se prevé que una versión cinematográfica vea la luz para el año que viene. Aunque los datos no son demasiado concretos (o fiables) parece que le han encargado el tema a Marc Foster (“Finding Neverland”, “Monster’s Ball” o “Quantum of Solace”) y se dice que el prota (???, como no se refiera al encargado de las entrevistas) será Brad Pitt. Honestamente, no sé qué pensar con esos dos nombres (pero el destripe de la peli se lo dejaré a Jessica). Un solo apunte más: no os moléssteis en buscar videos en youtube; son todos montajes y batiburrillos entremezclando “Dawn of the Dead”, “28 days later”, “Resident Evil” y cosas así. No hay teaser trailer disponible aún.
Aunque Egócrata ya se había dejado de caer la semana pasada sobre el asunto, voy a incidir sobre un inesperado y (hasta ahora) insospechado aliado para los fines poldavos: los volcanes.
Llevamos más más de una semana con las consecuencias que está provocando el volcán islandés… estooo… un momento… Eyjafjallajkull (más conocido como “el volcán de los cojones”) sobre el tráfico aéreo europeo. Entre las consecuencias nos hemos encontrado desde una carrera de taxi de 5100 dólares de John Cleese a un “avistamiento” de Madonna repostando en una gasolinera de un pueblecito de Burgos. La situación y dura ya una semana y hace sólo un rato se había disparado el rumor de que otro volcán de la zona también había entrado en erupción (este sí lo puedo pronunciar, es el Hekla). Mientras tanto, las compañías aéreas andan tirándose de los pelos por las pérdidas millonarias que a diario han de afrontar por cada día sin poder volar.
A la vista de este fenómeno no creo que sea del todo descabellado el plantear que Europa refuerce el transporte por ferrocarril, cumpliendo así uno de los objetivos poldavos. Desconozco las posibles consecuencias de una erupción continuada sobre la agricultura/ganadería, del mismo modo que tampoco estoy muy seguro de si existe un balance positivo de emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero entre el volcán y el tráfico aéreo (leía hace un rato que la cifra de emisiones por el trafico aéreo es de 200000 toneladas diarias de CO2, aunque no me fío del todo de la fuente ya que no aporta datos sobre las posibles emisiones del Eyjafjallajkull).
De otra parte, y para aquellos con tendencias pastafaris como un servidor, tampoco es cuestión de olvidar la representatividad de los volcanes en el paraíso prometido por el monstruo de espaguetti volador: en el cielo, junto a la fábrica de strippers, hay un volcán de cerveza. El volcán sin duda es una poderosa imagen icónica (esos sacrificios humanos a deidades primigenias en islas fuera de las cartas de navegación en los mares del Sur también son significativas)
¿Será cuestión de marcharnos a Islandia y hacer algunos sacrificios vestales al Eyjafjallajkull para que siga escupiéndole en la cara a Richard Branson y compañía? O mejor: ¿nos llevamos al lumbrera aquel de Air Comet para que expíe sus pecados en la lava?
La noticia me ha alcanzado esta tarde como un auténtico martillazo. El mítico, magistral, cachondo mental e irrepetible Dan O’Bannon nos ha dejado. Tras más de 30 años de lucha contra la enfermedad de Crohn, su cuerpo dijo basta la semana pasada a la aún tierna edad de 63 años.
Fue precisamente debido a esa dolencia que O’Bannon fue capaz de idear su obra maestra:Alien. La enfermedad de Crohn es crónica y autoinmune, provocando que tu propio cuerpo ataque a tu sistema digestivo. A raíz de un episodio especialmente virulento de la enfermedad, fue que el germen de Alien vio la luz en la mente del guionista.
O’Bannon tuvo su estreno en largometrajes colaborando con otro de los grandes maestros del génereo, John Carpenter. Entre ambos, estando aún en la Universidad, dieron cuerpo a la hilarante Dark Star, una gamberrada genial cuyo argumento se centra sobre los devenires de una nave espacial encargada de destruir planetas de órbitas inestables lanzándoles bombas nucleares, cuyo capitán se encuentra congelado y sólo pueden consultar con su cabeza conectada a diodos, un alien que en realidad es un balón de nivea con pies peludos que no para de hacer barrabasadas y una bomba que toma conciencia de sí misma siguiendo los principios del existencialismo. La película tenía un presupuesto ínfimo, que era suplido de sobra con la creatividad y el ingenio de ambos maestros.
La obra por excelencia de O’Bannon fue el guión de la ya mencionada Alien, que no pretendo diseccionar aquí ya que hace bastante que no la re-veo y, además, merece de sobra una entrada para ella solita. A raíz del éxito de Alien, la carrera de O’Bannon despegó durante los años ‘80, con unos resultados algo agridulces: pergeñó parte del guión de Heavy Metal(el largo de animación), participó también en el Trueno Azul(que aunque también se puede considerar bastante friki, no es que me pareciera precisamente una maravilla ahora que miro hacia atrás a los tiempos de mi niñez), y luego fue llamado por otro de los maestros del género,Tobe Hooper, para participar en su proyecto de mayor presupuesto hasta ese momento que fue la historia de vampiros del espacio exterior Lifeforce, con un resultado más que aceptable pese a estar encorsetada dentro de las limitaciones impuestas por una major. Por último, mencionar que también se atrevió como director en Return of the living dead(si no recuerdo mal, trabajando hombro con hombro con el mítico Tom Savini a cargo de los efectos de maquillaje).
El siguiente trabajo de O’Bannon fue otro de los hitos de su carrera como guionista. En 1990 el amigo Paul Verhoeven le llama para que se haga cargo del guión de su blockbuster en ciernesTotal Recall, y O’Bannon hace un maravilloso (aunque demasiado sui generis para mi gusto personal) trabajo de adaptación del cuento de Philip K. DickWe can remember it for you wholesale. El resultado, con Arnie de prota, Michael Ironside de malo maloso y una aún desconocida Sharon Stone, supongo que lo conoceis todos. La peli lo petó por completo siendo de los mayores éxitos de ese año.
La última participación destacable de O’Bannon como guinista fue en 1995 en Screamers, de nuevo adaptando al maestro Philip K. Dick en uno de sus cuentos, esta vez Second Variety. De nuevo O’Bannon, desde un punto de vista purista como el mío, vuelve a extralimitarse en la libertad de la adaptación del relato, lo cual no supone ningún menoscabo para la película que, aunque pasó creo recordar sin pena ni gloria por las carteleras, era un ejercicio más que competente de ciencia ficción malrollera. A partir de ese momento no recuerdo ninguna aportación más de O’Bannon. Supongo que la enfermedad le impidió que diera a luz alguna joyita más antes de morir.
Espero que ahora se encuentre en el cielo, con el monstruo de spaghetti volador, disfrutando de las bondades del volcán de cerveza y de la fábrica de strippers sin que la tripa le dé la más mínima guerra. Descanse en paz.
Camaradas, la primera etapa de nuestro plan de opresión imperial está siendo todo un éxito: la alianza con el ente maligno por excelencia, McDonald’s, está dando sus primeros frutos; la idea del Happy Meal Star Wars no solo está alcanzando lo más profundo de la corteza cerebral de los niños por la vía más rápida conocida hasta ahora (atontarlos a base de sal, azúcar y grasas, y asociar esos gloriosos momentos de placer al maestro Yoda), sino que además está obligando a los adultos a posicionarse públicamente y a salir del armario: a los frikis del mundo que vivían ocultos y paralizados por el pánico aterrador al rechazo social, ya no les da miedo salir del armario y pedir un Happy Meal para conseguir su muñequito miniatura de la Guerra de las Galaxias.
El siguiente paso para la dominación mundial y el advenimiento del Imperio Poldavo está claro: ¡debemos aliarnos con Coca-Cola! Los prototipos están casi listos:
Mi persona tenía mucha roña hace unos años. Sufría los disparos de taquiones logsianos. Y cuando los rigores diarios me separaban de mis educados progenitores para acabar en la escuela, estaba la típica panda de imbéciles realizando poderosa presión social. Yo también era imbécil y claudiqué poco a poco en sus encantadores juegos para convertirme en parte de una gigantesca masa uniforme. Pero algunas partes se negaban. Yo era nintendero. Ellos, de la Play (sin embargo, les anuncié “mi supuesto triunfo como uno más de la masa” cuando me compré la PS2, ahora era “los juegos que ellos quieran, como el Need for Speed o el Pro”, pero me quedé con el Kingdom Hearts en vez de esa necesidad de velocidad). Escribía relativamente bien (mucho peor que ahora), ellos escribían en lenguaje SMS. Ignoré.Triunfé. Mejoré. Ellos eran de fiesta. Yo, de ordenador, cómics y casita. Al final, cada uno a lo suyo.
En los derroteros futboleros, éramos del Atlético, Real Madrid o FC Barcelona. Se sucedían discusiones fútiles que acabarían en la nada: “jódete”. Había poquísimo frikismo futbolístico, no sucedían cosas tan afortunadas como: ¿qué pasaría si en nuestras criticas futboleras inventamos el concepto de no-gol e ironizamos: “Malbranque, qué gran no-gol hizo. Y qué tres pasos: pisar mal el césped, disparar fuerte con la espuela y desviar el balón a la quinta grada”? Estuve en sus juegos hasta los dieciséis años, cuando vi el DESPERTAR™, con pilas alcalinas, y aprendí a pasar de las rivalidades.
Todos coincidían en que yo era malo jugando al fútbol. Pero me animaban a seguir. Luego vinieron con otros deportes. Se reían. Se burlaban. Porque era horrendo con los abdominales y las flexiones, aunque me empujaban a que lo demostrara (o me empujé). Si hubiera seguido estos pasos, podría ser… ¡EL HOMBRE-MASA MÁS PODEROSO! ¡ATROCIDAD AL PODER! ¡AAAAARGH! Suerte tuvo Youtube de no ser demasiado conocido entre la masa en mis últimos días de la ESO. Podría haber sido un consumado actor en vídeos de putaditas al profe, abdominales en clase que durarían 20 segundos, críticas sesgadas a las chicas de la clase (”Ego te absolvo, aurum”), collejas king-size, importación masiva de cultura estadounidense, etcétera.
~ Bonus track.
Podría haber devenido en canipijo (en Madrid hay fusiones de éstas), pero mi excesiva querencia por la informática y mis interminables jornadas picando piedra en foros me empujaron al camino del frikismo. Descubrí quién soy. Abominaba las fiestas. Mi disfraz social para el instituto era muy cutre y repleto de hilachas. Y en los últimos días de la ESO, leía a menudo para sorpresa de amigos. E-L-L-O-S fracasaron en su intento de convertirme a la secta “Normalidad”, la mayor del país. Eso sí, por el camino fui muy vituperiado y difamado (¡eran travesuras adolescentes, ni abogado de oficio me hacía falta!). Actualmente soy un feliz ciudadano europeo que se refocila profundizando en las últimas aventuras gráficas de Telltale Games, viendo acción seagaliana y pensando en cómo sería su mundo utópico, contemplando lo más apasionante de la antropología (¡ese animismo en Papúa Nueva Guinea que a todos nos ha de levantar simpatías!), rebuscando bitácoras harto extrañas que le ayuden a descubrir cosas como ese punk kazajo que todos han de escuchar en sus reproductores musicales, etcétera.
Soy mejor ahora. El mañana dirá: ¡Soy un superhombre!
En mi facultad de Sociología y Ciencias Políticas, templo de los pensadores marxistas, hace un porrón de meses hallé semejante documento, descansando en una pila con sus iguales, en una aula vacía. Hágase la curiosidad y me fijé. Creóse el gusto y la tentación: guindé una copia de semejante pila para mi hogar, a sabiendas de que no ocurriría nada. Aquí tienen, caballeros:
Ahora la pregunta es de qué clan son. Las opciones más claras son dos: Nosferatu o Gangrel.
¿Esto implica que Zapatero también es un vampiro? Las conexiones en Toledo, la evidencia de que sus hijas son no-muertas, sus enfrentamientos con la Iglesia…todo cada vez cuadra más. Cuidado, Zapatero: la Sociedad de Leopoldo tiene su atención sobre ti.