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12/09
No todo tiempo frikipasado fue frikimejor
Desde Facebook nos felicita Andrés H. Gil Walde, pero pone el dedo en la llaga de varios post de P.I.F.I.A.: nos puede el creer que todo tiempo frikipasado fue frikimejor.
Hablando, por ejemplo, de los juegos de rol, voy a sincerarme. En principio el juego de rol iba de interpretar un papel. Ser el paladín que salta a por la princesa, el Malkavian que busca borrar todo rastro de extraterrestres que dicen que le espían desde la luna, etc. Luego subías de nivel, ganabas habilidades, el personaje evolucionaba, cambiaba la historia, sus relaciones con los demás, etc.
El problema, como siempre, era el contacto de esta teoría (muchas veces descrita en los mismos manuales de los juegos de rol) con la realidad. La abrumadora mayoría de jugadores que yo me encontré en mis inicios querían una trituradora con patas, aunque no supiera hablar. Otros, más refinados, estudiaban el manual del jugador en busca de combos de habilidades invencibles o reglas ignotas del reglamento que les permitieran mearse en todo. En general, querían aventuras que consistieran en ir a una mazmorra, matar a lo que se mueva (y a lo que no), saquear lo que se pueda saquear (y lo que no) y, al final de la aventura, mejorar la capacidad de trituración para matar bichos más gordos y saquear más y mejor.
Que nadie se engañe: a mí eso me gusta. Me encanta, de hecho. La base de los juegos de rol estaba ahí. El problema es que la mayoría de los que yo me encontré al principio no quería pasar de ahí nunca, pero nunca.
Ni interpretación ni hablar entre personajes ni conflictos en el grupo ni dilemas morales ni niños muertos: carnaza, carnaza y carnaza sin fin. Tiene su gracia, sí (anda que no he echado yo horas al Diablo II). Pero es que ni de vez en cuando querían nada que tuviera que ver con usar el coco para solucionar problemas, no hables de meter puzzles para abrir puertas. Ya si yo hacía una aventura en la que los jugadores tenían que elegir entre varios bandos, ninguno claramente más bondadoso que otro, había chillidos de angustia y aclaraciones sobre quienes “eran los buenos”. Jugar al “Vampiro” les parecía abrumador por aquello de las complejidades sociales, las motivaciones, los dilemas y todo eso.
Uno de mis amigos era la esencia pura de todo esto. Cuando era máster todas sus aventuras eran igual: el grupo empieza en un bosque y se da de golpe con un ejército de orcos. Los orcos dicen que no nos pueden dejar pasar sin darnos de leches pero que ellos creen en el combate noble y que pelearan con los personajes de cuatro en cuatro (¿¿??). Entre combate y combate, los personajes podían descansar, comprar en una tienda que tenían los orcos (buf, que combate más jodido, ha molado cortar las gargantas de esos orcos…oye, orquito, ¿cuánto vale esa poción de ahí?), etc. Escapar no, claro. Cuando acababa la tarde, el ejército de orcos tenía una batalla que librar y no podía perder más tiempo, así que dejaban siempre a nuestros personajes solos en el bosque. Fin.
Total, que ya cansado una vez que me tocó de máster (cosa que en general temían por mi, decían, manía de no dejar claro-clarísimo quienes eran los malos) hice una partida bufa y estúpida que pasó a la posteridad entre mi grupo de amigos, para el juego de rol de El Señor de los Anillos.
Una cabra que habla, agonizante, llamaba a los jugadores para que fueran a su pueblo de cabras asediado por cabras malvadas. Al llegar allí, resulta que la ciudad era casi igual al Alcorcón en el que vivíamos. “Por la calle Mayor avanzan las cabras malignas, y al que pillan se lo cepillan”, expliqué. Murieron sodomizados por el ejército de cabras malignas todos los jugadores, excepto el mago (que se hizo pasar por cabra…no, todavía no se había estrenado la espectacular y genial “Ovejas Asesinas”). Les dije que no se me ocurría nada más malvado que un ejército de cabras sodomizadoras arrasando nuestro Alcorcón y que para una vez que el malo estaba claro habían hecho el ridículo.
La Universidad, la existencia de páginas en internet, el rol por correo electrónico o en foros…con el tiempo podías darte cuenta de la existencia de otros mundos y de otros frikis que les podía pasar lo que a ti. Había gente que, como yo, disfrutaba de la casquería pero de vez en cuando quería algo más que eso. Ya que, y de ahí el Horror, la abundancia de gente que no pasa del saqueo de tumbas era legión.
Hemos mejorado en muchas cosas, frikipueblo. Ahora es muchísimo más fácil encontrar a gente que le gusta tu estilo de frikismo. Quien quiera sólo casquería, la tiene. Quien le guste eso y además más cosas, lo tiene. Lo que pasamos algunos durante años quizás sea cosa del pasado gracias a internet.
Incluso tenemos conocimiento de mujeres frikis, la quimera de la época pre-internet. Algunas incluso escriben en esta página.
No todo tiempo frikipasado fue frikimejor. No nos refugiemos en los orígenes del frikismo y aceptemos que unas cuantas cosas han mejorado muchísimo.