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12/09
VIDA Y MILAGROS EN EL METACOSMOS
Quería entrar con buen pie dentro del terreno poldavo de la mano de uno de mis autores favoritos: Clive Barker. La razón es bastante simple. Este año coincide con mi mayoría de edad friki, coincidiendo con la eclosión de mi frikismo a la tierna de 15 años de manos de la lectura de los Libros Sangrientos de Clive Barker (en la edición publicada por Círculo de Lectores). Mi frikismo llevaba gestándose ya cerca de tres años, desde que a mi padre se le ocurrió la maravillosa idea de regalarme primero El Hobbit por mi cumpleaños, para acto seguido obsequiarme con la edición en tres volúmenes de Minotauro de El señor de los Anillos. El resto del icosaedro friki mejor lo vamos desgranando poco a poco en el futuro.

Por razones que desconozco, tengo la sensación de que a diferencia de otros autores de género friki, Barker ha sido y sigue siendo inexplicablemente maltratado en lo que se refiere a la publicación de sus obras en terrenos carpetobetónicos. Dejando aparte la mencionada edición de Círculo, conozco sólo unas pocas ediciones publicadas por la Factoría de Ideas y, si la memoria no me falla, por Valdemar. Aunque parece que recientemente el catálogo de obras traducidas se ha ampliado bastante. Pese a todo, su primera novela de gran extensión El juego de las maldiciones sigue descatalogado desde los años ochenta. En resumen: para poder gozar con plenitud de la obra del maestro lo mejor es leerle en inglés (tanto por disponibilidad de catálogo como por poder acceder sin filtros de traducciones a la enjundia de su obra).
Coincidió que tras la lectura de esas dos obras, servidor marchó hacia la pérfida Albión para intentar labrarse un futuro laboral y, de paso, tener acceso a ese amplio mundo de frikismo que son las tierras anglosajonas. Mi camino allí comenzó con la lectura completa de la saga original de “X-Men” (Lee & Kirby), gentileza de la Biblioteca Pública de Horley (Surrey). De ahí pasé a zamparme la primera serie de “Preacher” (Dillon & Ennis).

Con tan adecuada introducción a la lectura “a saco” de la lengua inglesa lo siguiente debía ser ya una novela, nada menos que The hellbound heart de nuestro amigo Barker. Esta novela es más conocida por la adaptación que el mismo Barker realizó para la gran pantalla bajo el formato de la magistral Hellraiser (y de cuyas sucesivas secuelas, a cual más abyecta, vergonzante y ridícula, no quiero ni acordarme; baste mencionar que creo que era ya la quinta de la saga Bloodline venía firmada por Alan Smithee). Trazar una línea de distinción entre película y novela en este caso me resulta complicado. Si bien hay elementos y personajes del libro, como el “ingeniero”, que sólo se sugieren en la película, ésta logra una perfecta síntesis de la historia: sus ambientes, olores, texturas, personajes y horrores. En Hellraiser/Hellbound Heart aparece también una de las ideas fuerza en el metacosmos barkeriano y que se verá repetida en casi toda su obra: la dualidad e indivisibilidad entre lo que percibimos como placentero o benigno y su reverso tenebroso, doloroso e inmoral. La configuración de Lemarchand (eje de la historia en Hellraiser) no es sino el juguete definitivo que proporciona el placer definitivo y el dolor más extremo a la vez.

Mi siguiente parada fue Cabal (Nightbreed/Razas de Noche). La peli la tenía más que vista y aunque me gustó no me entusiasmó pese a un David Cronemberg absolutamente impagable en el papel de Decker. El libro viene a abundar en la perversión de los conceptos o principios dictados socialmente: lo diferente, feo, horrible y monstruoso encierra mayor humanidad y valor que la misma sociedad que los condena. Hemos de abrazar al monstruo para aceptar esa parcela de nosotros mismos reprimida y condenada para convertirnos en mejores seres, seres superiores fruto de la aceptación de esa fealdad que forma parte de su interior. ¿A alguien se le ocurre una apología del frikismo más acertada y bella?
A partir de ahí mi faceta de frikicoleccionista tomó los mandos. Descubrí un lugar marvilloso al norte de Londres en Holloway Road donde se podían conseguir desde ediciones de bolsillo de Moorcock (de las que tengo legión) a primeras ediciones de auténticas joyas (aún recuerdo ese ejemplar en vitrina bajo llave de The hounds of Tindalos). A raíz de escribir esta entrada e intentar documentarme al respecto acabo de descubrir que The Fantasy Center echó el cierre en Junio pasado (quiero llorar ahora mismo!). Sentimentalismos aparte, allí me hice con Weaveworld (Sortilegio), Imajica, The great and secret show (El gran espectáculo secreto), Everville, Coldheart Canyon, The thief of Always (El ladrón de días), Abarat y The damnation game (El juego de las maldiciones) en sucesivas visitas casi obligadas mes tras mes (además de casi toda mi colección de Discworld, Philip K. Dick y algunas obras Matheson y Ellison). Joder, todavía estoy impactado con la noticia del cierre…
El Barker más épico y entretenido se desmelena imaginando mundos paralelos. Comenzó su andadura con Weaveworld. Dentro de una vieja alfombra encontrada en olvidado rincón de Liverpool, se encuentra una realidad alternativa, mágica y terrible a ratos. De modo similar, en El Gran Espectáculo Secreto se nos habla directamente del Metacosmos, Quiddity y la islas Efemérides, ese océano de los sueños en donde a los humanos sólo se nos permite bañarnos tres veces durante nuestra vida (al nacer, al amar y al morir), que forman el cimiento de lo que se supone será su Magnum Opus: los libros del Arte, de los cuales El gran espectáculo secreto es el primer volumen y Everville el segundo (y cuyo tercer volumen y conclusión llevamos esperando unos diez años ya). En la saga Imajica, el concepto de metacosmos es expandido y, en cierto modo, regulado, describiendo una realidad dividida en cinco dominios siendo nuestro mundo el que se encuentra separado de los otros cuatro y, por tanto, carente de magia y de maravillas. En Abarat, otra saga aún por concluirse, la realidad alternativa se antoja como un híbrido de los dominios de Imajica y las Efemérides de El gran espectáculo secreto.
A diferencia de otros creadores de otros mundos, Barker no peca de ser timorato o puritano. Al contrario. Una de sus mayores virtudes como contador de historias es el no “cortarse”, el dar rienda suelta a ideas y actos por torcidos o repulsivos que puedan parecer. Cuando un pasaje toma una carga sexual, esta normalmente excede lo que uno pudiera esperarse. Del mismo modo ocurre con la violencia, la muerte o cualquier otro concepto que en la sociedad occidental conlleve cualquier tipo de tabú asociado.
Me he dejado en el tintero varias facetas de Barker: productor, ilustrador, guionista, musa e incluso activista gay. Me he dejado en el tintero también varias novelas (Sacrament y Coldheart Canyon, ambas profundas decepciones para mí). He preferido centrarme en lo más destacable de Barker como autor, es más, como autor radical que debe ser reivindicado desde el frikismo.
Todo buen aficionado a la estrategia conoce la saga
No es que haya hecho un gran esfuerzo para mantener esta entrada libre de spoilers: es que no hay argumento alguno que os pueda destripar. Simplemente, el guión es tan malo que no hay nada de la trama que merezca la pena contar. Básicamente, podríamos resumirlo en:
Mi resumen de la historia: Una nave alienígena llega a la Tierra, concretamente a Johannesburgo, pero se les gripa el motor o algo, se les cae una pieza y claro, si para que te reparen el coche tardan dos meses en traerte una pieza de Alemania, imagínate tener que traerla del espacio exterior. ¡Buf! La muerte. 20 años tardan en arreglar la nave, no te digo más. El caso es que toda la población de aliens que venían en la nave en algún sitio los tienen que meter, y para eso crean un gueto, el Distrito 9, a las afueras de Johannesburgo, para tenerles apartados y no les dejan convivir con los humanos. Que sea precisamente en la capital de la Sudáfrica del apartheid donde se constituya un nuevo gueto para mantener separados ahora a humanos y extraterrestres, no deja de tener su coña. De hecho, hay grupos que luchan por los derechos no-humanos, pero no recuerdo haber visto ningún personaje equiparable a Nelson Mandela. American sucks!
Mi opinión: Si Mandela llega a ver la peli, se mea en la cara de Peter Jackson. Pero dejando eso a un lado, la primera parte está rodada como si de un documental se tratara y aunque es algo lenta, no está mal. Tiene algunos momentos asquerosos, como cuando se arranca las uñas, o cuando entran en las chabolas de los bichos, pero en general es entretenida y diferente. Le comenté a Joan al salir del cine que esta parte era Alien meets Callejeros, pero un amigo lo describió ayer por la tarde de una forma mucho más acertada: Ripley lives in Sant Cosme.
Acto 1.- Descubrimos que el Ministerio del Interior