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09/10

El rey de los instrumentos de plástico

6:20 am por Egócrata. Archivado en: biblioteca selecta friki, gafapastismo electrónico, videojuegos

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El otro día, en uno de mis épicas excursiones a la caza del videojuego barato, compre DJ Hero, completo con giradiscos de pega, por $20. Nuevo. Uno que es así de bueno. Lo divertido es que el trasto este se suma a dos guitarras, seis micrófonos y una bateria, todos obviamente de mentira, que nos ayudan en nuestra addicción a Rock Band. En camino (ya reservado) tenemos un teclado ya reservado para Rock Band 3, y al pa

so que vamos va a caer como mínimo otra guitarra o una batería actualizada para el juego nuevo.

Lo más triste, por descontado, es que no canto una mierda, tengo el sentido del ritmo de un orangután borracho y soy incapaz de tocar ningún instrumento musical con el más mínimo talento. ¿Sabéis qué? Ese es exactamente el motivo que hace que me gusten estos juegos.

La vida da muchas vueltas, pero a estas alturas estoy meridianamente seguro que nunca voy a ser el bajista de Heinous Hamster Brigade, la banda de rock sucesora de Radiohead, Arcade Fire y Wolf Parade en un sólo paquete, tocando en Madison Square Garden ante una audiencia entregada. Por no ser, no voy a ser nunca capaz de tocar “Clavelitos” en una fiesta de cumpleaños, en vista de mi total falta de talento. Juegos como Rock Band básicamente me permiten suplir esta clase de incompetencia innata, del mismo modo que FIFA me permite ganar mundiales y Call of Duty ser un soldado de élite – es fantasía heróica para aquel que no tiene capacidad de tocar nada.

El genio de Rock Band, y lo que lo convierte en uno de los mejores juegos de los últimos diez años (sino el mejor) es la capacidad que tiene no sólo de hacerte revivir esta fantasía, sino además de hacerla algo compartido. Hay pocas cosas más divertidas y extrañamente emocionantes que “tocar” una canción con un grupo de amigos y clavarla de principio a fin, con todo el mundo marcando el ritmo, siguiendo al cantante y aullando en cada estribillo. No es lo mismo que tocar en Wembley o en un bar pequeñito, por descontado, pero la sensación está ahí, con todo el poder de sugestión de una ficción compartida.

Dj Hero, por cierto, es un juego sorprendentemente divertido – aunque que no tiene el encanto de Rock Band en multijugador. Aún así, es una mirada curiosa al mundillo. Recomendable, si se encuentra a buen precio.

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