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Lo mejor de una década: más música
Puesto que mis gustos musicales actuales giran fuertemente alrededor de grupos de niñas niponas preadolescentes fabricados a partir de 1998 (salvando la excepción de las gloriosas aunque prehistóricas Onyanko Club), resulta lógico penar que, en el apartado musical, la última década me ha dado demasiadas buenas canciones como para quedarme con una sola.
Y, ciertamente, si nos ceñimos sólo a los valores musicales y de producción, es duro decidir si me quedo con Renai Revolution 21, Mr. Moonlight – Ai no Big Band, Love is Forever, This is Unmei o Senpai Love Again. Pero de entre todas ellas, destaca una, no sólo por su calidad, sino porque rompe todas las barreras y clichés concebibles en el Pop comercial y edulcorado post-Spice Girls que me dan de comer por norma.
Cuando Shabondama salió a la calle, la primera vez que la oí fue en una actuación televisiva en la que quedaba claro que las niñas necesitaban demasiada práctica. Mi reacción natural fue “¿Qué mierda es esta?” mientras observaba, con grandes dosis de vergüenza ajena, los gritos y gallos, la coreografía epiléptica, la ropa espantosa y el caos general que esa canción desprendía. Tampoco ayudaba el hecho de que muchos seguidores del Visual Kei hicieron caso omiso de sus prejuicios sobre el pop prefabricado y llegaron a aceptar, con la nariz tapada, que se trataba de una obra cuando menos interesante. Esa panda de emos snob no puede tener nunca razón.
No fue hasta mucho tiempo después que supe apreciar el mérito de la canción. La versión de estudio ayuda mucho al eliminar una parte considerable (aunque no toda) de los gallos y despropósitos vocales que una actuación en directo no puede ocultar (aunque la técnica avanza una barbaridad). Pero sobre todo, después de escucharla varias veces, ver el videoclip cn otros ojos y sobreanalizar la letra descubrí que todo ese feísmo ocultaba una joya de la historia de la música.
Lo que define ante todo a esta canción es eso, el feísmo. Feísmo vocal e instrumental, disonancias constantes, gritos, casi chillidos animales, ese pitido inicial que se te mete en las entrañas y todo el circo visual que acompaña ese desmadre estético. El feísmo de Shabondama es el resumen de lo que la canción nos quiere expresar: el rostro desencajado de una adolescente que se mueve a ratos entre el mal de amores y el cabreo puro y duro. La letra merece un análisis detallado por sus implicaciones psicológicas – deja entrever un carácter entre paranoico y esquizoide – y sociológicas – hablando de pop japonés, una canción en la que una chica no se limita a llorar acurrucada en un rincón porque su novio ya no la quiere es un oxímoron tan grande que uno no puede dejar de pensar que ciertas cosas están cambiando, y mucho, en el país del sol naciente.
La cosa comienza con la potagonista dejando clara su intención de colgarse de su novio como si fuera el último aliento de vida que le queda. No resulta demasiado esperanzador: eres mi único amor, no te dejaré ir, blah blah. Pero inmediatamente empieza lo bueno: la protagonista, ya hemos dicho, padece un cierto comportamiento esquizofrénico, o más bien lo podríamos llamar una voz interior que se da cuenta de lo ridícula que resulta su dueña. ¿Crees que llorar te sentará bien? Pues llora un poco más. Esta actitud de autoflagelación es uno de los momentos culminantes, pero no se queda ahí: la protagonista se recobra en seguida y asegura que si todo esto termina, el chaval ya se puede ir despidiendo de ella: si alguna vez vuelvo a amar, no será tu nombre lo que amaré. Brutallll.
Poco a poco la muchacha se da cuenta de la mentira en la que vive: de la manipulación y las mentiras, de cómo el imbécil la usa para aumentar su ego (de entre todas las mujeres de este mundo, ¿en qué posición del ranking me colocas?) y entramos en el punto de inflexión de la pieza: el monólogo.
Muchos odian la manía que le coge a Tsunku de vez en cuando por introducir un monólogo hablado en algunas de sus canciones, pero en ninguna como en ésta está tan justificado. La parte codependiente de la protagonista pugna aún por mantener el control y se planta delante del imbécil intentando ganar su atención, rogando, exigiendo, preguntando, irritada por la calculada indiferencia del imbécil, y termina suplicando que le abrace, creyendo que podrá mantener la fantasía una noche más.
Pero pronto vuelve a asomar la parte cínica, y la inmediatez del cambio es como una bofetada realzada por el contraste entre la vocecilla aguda, como de dibujos animados, de la codependente y el tono sarcástico y nasal de la cínica. Qué más puedo decir: es genial. Y los fragmentos subsiguientes, que tratan del dolor de un amor abocado a la nada, de las esperanzas rotas, de las presiones sociales (en este mundo, ¿a cuántas mujeres certifican que son maravillosas?), acaban de dibujar el retrato de una mujer que, al fin y al cabo, se mueve entre lo que se espera de ella (luchar por su verdadero amor a pesar de lo inútil del sufrimiento) y lo que siente en realidad (básicamente, un cabreo monumental).
A todo buen friki le debería encantar una canción que nos presenta semejante historia: al fin y al cabo es una precuela de lo que Gloria Gaynor explica en la icónica “I wil survive”, que ya es bastante friki de por sí.
P.S. Otra razón que me llevó a adorar esta canción es esta fantástica versión en directo que proporciona suficientes dosis de mala leche y sadomasoquismo como para convertirte en un pervertido de por vida. Sexxxxxxxy.
Roger
Enero 13, 2010
3:46 pm
Genial. Ahora la gente de la oficina me pregunta por qué estoy muerto de risa viendo videos de música japonesa.
Gran post.
citoyen
Enero 13, 2010
10:15 pm
Mireia, no sé si sabes que a los que tenemos pene nos pueden imputar en alguna red de pederastia por el mero hecho de ver estos videos.
Impresionante
Mireia
Enero 13, 2010
11:03 pm
Tranquilo, parecen jóvenes pero alguna ronda ya la cuarentena
Además todo eso no son más que estereotipos: los primeros videos de Britney Spears son 10 veces más sexuales y no nos rasgamos las vestiduras (curiosamente recuerdo un programa de TV japonés en el que un grupo de idols nacionales asistían emocionadas a la actuación de la Spears en el programa. La expresión de las niñas cuando vieron la coreografía tipo Stripgirl iba entre “esta tía se ha tomado algo” y “si mis padres me vieran hacer esto por la tele me encierran en casa durante 20 años”. A alguna pareció gustarle, pero estaban más escandalizadas que otra cosa. Pá que veáis.)
Lüzbel
Enero 13, 2010
11:20 pm
Buenísimo. Queremos más de ésto.