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10/09

Masoquismo de vieja escuela: The Dark Spire (DS)

El otro día hablaba sobre como la Nintendo DS es probablemente la mejor consola del mercado ahora mismo para el jugón machaca de vieja escuela. La base instalada es tan absurdamente grande que en su biblioteca cabe básicamente de todo, incluyendo juegos de rol variados de vieja escuela.

Al hablar de antigüedades no sólo me refiero a remakes de juegos japoneses antiguos, por cierto. Aunque es un regalo divino poder jugar a Chrono Trigger, Final Fantasy III o japonesadas parecidas, el aire retro de la plataforma no acaba aquí. La DS tiene algunos juegos nuevos que imitan al detalle los juegos más salvajes de esa era: juegos de exploración subterránea puros, de esos de hacer mapitas y caminar por mazmorras gigantescas peleando contra hordas infinitas de monstruos aleatorios.  ¿Alguien echa de menos los Eye of the Beholder, Wizardry, Dungeon Master, Bard´s Tale y Might & Magic de antañ0? La pequeña máquina de Nintendo está aquí para ayudar.

El gthe-dark-spire-20090127020758858_640wran productor de JDR machacas para DS es Atlus, un pequeño estudio japonés especializado en juegos de rol machaca. En DS tienen un montón de juegos, algunos más tácticos, otros más modernos. La verdaderas joyas del catálogo, sin embargo, son su trilogia de juegos machaca para nostálgicos: Etrian Odyssey (I y II) y The Dark Spire.

Los Etrian son juegos excelentes, pero un poco más refinados; los gráficos son más modernos y el juego tiene algunas mecánicas y refinamientos acordes con la época. The Dark Spire, sin embargo, no se queda en estas chorradas: el juego es difícil a matar, las estadísticas que manejan el juego completamente opacas, la información sobre qué hacer y como es mínima y la cantidad de opciones y estrategias ocultas son casi infinitas. El juego es estrictamente en primera persona (nunca ves a tu grupo), estrictamente por turnos (el movimiento es por pasos) y estrictamente centrado en hacerte la vida imposible, hasta el punto que el interfaz es notablemente complicado. El aire retro llega hasta el punto de darte la opción de “ochentalizar” el aspecto gráfico, reduciendo todo a texto y gráficos vectoriales sin texturas.

El resultado es un retorno a los orígenes – más concretamente, un retorno a las horas de dolor y agonía de los exploradores de mazmorras de antaño. Paciencia, constancia buscando estrategias y combinaciones de hechizos, habilidades y equipo óptimas, duro trabajo táctico en la exploración, éxtasis cuando los planes salen bien y cabreos monumentales cuando un monstruo errante de los cojones te bloquea la salida cuando estás volviendo al pueblo hecho cisco, te saca brillo a ostias y arruína tu último descenso a los infiernos.

Es un juego arcaico, sin concesiones, hasta el punto que a veces echas de menos detalles tan “modernos” como un tutorial o saber qué arma o hechizo es mejor. Pero para el masoquista nostálgico, la clase de persona que cree que esto de necesitar narrativa o historietas para matar orcos es cosa de nenazas, es un juego prácticamente perfecto.

Como de costumbre, no tengo ni idea si se vendió algún día en España – en Estados Unidos vendió una miseria, hasta el punto que compre una copia por $5 nuevo el otro día.

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