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04/10

Pequeñas joyas casi ignoradas: Mount & Blade

7:47 pm por Raúl S.. Archivado en: Pifia con el mayal, ansias de opresión imperial, videojuegos

Como el Pueblo parece querer este tipo de juegos y como compré-disfruté el cómic recomendado por J, he decidido revelar al Pueblo de PIFIA otra pequeña joya de los videojuegos: Mount & Blade.

El videojuego en cuestión salió sólo para PC y está desarrollado por una compañía turca (TaleWorlds). Es un juego de rol y también de estrategia, ambientado en una edad media sin elementos fantásticos.

¿Cuál es el argumento? Ninguno. No hay hilo argumental, no hay final establecido ni nada por el estilo. Hay un mundo enorme dividido en varios reinos ficticios diferentes en cuanto a tropas y posición geográfica, en el cual haremos lo que queramos. Podremos decidir ser un comerciante. Podremos ser un mercenario con tropas a su cargo que se vende al mejor postor. Podremos ser un saqueador de caravanas comerciales. Podremos ser vasallos de un reino, tener castillos, ciudades o apoyar a aspirantes a un trono a recuperarlo. Podemos dar puñaladas traperas al reino al que servimos en medio de una guerra y vendernos a su enemigo, rescatar a gente prisionera, vender prisioneros, asaltar castillos y defenderlos.

No estamos obligados a nada ni atados a ninguna trama. Todas las misiones se generan aleatoriamente. Y todas tienen consecuencias: puedes ayudar a ese pueblo a librarse de los bandidos. Como todo elemento en el juego, la puntuación de relación contigo mejorará y te venderán alimentos más fácilmente…pero el señor feudal de esas tierras se enfadará contigo, por entrometido. Y al revés, puede que recaudes impuestos para el señor feudal, llevándote parte de ellos y el pueblo te coja manía. Saquear el pueblo te dará aún más suministros, pero todos se enfadarán más contigo. En las guerras los saqueos son habituales. Las ciudades y pueblos se empobrecen o se enriquecen, los nobles dan puñaladas traperas y cambian de reino, son capturados, ganan torneos o se enfadan entre sí. Los reinos ganan batallas o castillos a otros reinos, cambian las paces y las guerras, la gente nos aprecia más o nos odia, todo de modo dinámicamente maravilloso.

Crearemos a un personaje, le damos puntos de habilidad y características, y nos plantaremos en el mundo, decidiendo qué hacer. Lo prioritario es contratar tropas/reclutar aldeanos. Estos subirán de nivel con la experiencia y cambiarán de clase, pudiendo terminar siendo la unidad definitiva (y más cara de mantener) del juego: la caballería.

En pocos juegos el poder de la caballería es más patente. Y eso nos lleva a las batallas. Llevaremos un ejército, más grande si tenemos más carisma o ganamos más batallas y renombre, pero sólo controlamos a nuestro personaje. En medio de un montón de gente sentiremos el choque con el enemigo como casi nunca se ha conseguido en otro juego: la sensación de caos, de montones de espadas, lanzas y flechas matando e hiriendo a tu a tu alrededor es, sencillamente, enorme. ¿Cómo controlas a los tuyos? Dando “gritos” gracias a teclas: una indica que carguen, otra que bajen de los caballos, otra que retrocedan, etc. Pero sólo manejas a tu personaje, y verás que la mortalidad es altísima: un par de espadazos mata a cualquiera, incluído tú. Ir con la lanza en el caballo y cargar contra una marea humana suele conllevar llevarte a alguien por delante, pero se te pueden ventilar de un solitario flechazo. En cuanto te acorralen puedes darte por muerto casi sí o sí. Siempre jugaremos escaramuzas: llevar 100 soldados es carísimo y complicadísimo de tener bien alimentado: empezaremos pudiendo llevar sólo unos pocos. Pero, a pesar del número, las batallas (más bien escaramuzas) son espectaculares. Cada reino tiene una estética, tipo de terreno en los que luchar, armaduras, tropas y poder diferente. Ir a caballo y cargar es una gozada…y el caballo no gira sobre sí mismo mágicamente: hay que ir girando poco a poco. Pisotear a los enemigos también funciona, claro.

Además de la espectacularidad y brutalidad de las batallas, otra cosa muy de agradecer es el espíritu modificable del juego. Desde el menú del juego podemos elegir qué “modo” de juego usar, indicativo de las facilidades que pusieron los chicos turcos que han hecho el juego para que los aficionados modifiquen a su gusto casi todo. ¿Resultado? Modos de juego maravillosamente trabajados que nos llevan a la Reconquista, al Viejo Oeste, a las Cruzadas, al Imperio Romano o a Star Wars, cambiando espadas por sables láser, pueblos por planetas y reinos por facciones de la saga…wow. Todo esto, y mucho más, se puede instalar y jugar muy fácilmente, gracias al diseño del juego y sus facilidades.

Los problemas vienen de varios lados. Los menús y el interfaz del juego son muy toscos y rudos, quizás pegan con el espíritu del juego (una edad media brutal, nada idealizada), pero le dan un toque de juego más viejo de lo que es. Es un juego sin fin (si nos matan simplemente nos secuestrarán y al poco pagarán rescate/nos escaparemos), lo cual puede hacer que nos enganchemos durante meses haciendo lo que queramos (de todo menos ser rey, snif) o como no hay propósito general nos sintamos sin objetivo y lo dejemos. Los asaltos a castillos son tristes: habrá una escalera (o similar) apoyada a la muralla y los atacantes irán subiendo: no se puede tirar la escalera, no se pueden poner más, no hay catapultas ni nada parecido. Todo consiste en si los atacantes consiguen poner pie en el castillo o no. Defender un castillo es tremendamente sencillo (yo llegué a cepillarme a 300 atacantes con mi guarnición de 40). En el inventario mover objetos de un lado a otro (p.ej. para comprar) es un auténtico infierno si queremos trasladar o comprar varias cosas. Al basarse en elementos aleatorios, para no sobrecargar demasiado la máquina, las misiones y diálogos suelen repetirse mucho.

Ha recibido muchas críticas por el aspecto gráfico, sí. Creo que es correcto, algo justito para los tiempos que corren, cierto. También parece que cualquier juego que no sea el Mass Effect 2 gráficamente da igual si es divertido o rejugable para las revistas de videojuegos. Y Mount & Blade es muy divertido, muy rejugable, muy fácil de modificar y trastear con él, por no comentar los inolvidables combates.

No sólo eso: te lo puedes descargar gratis legalmente y jugar lo que quieras (aquí, dentro de la sección Download).

Eso sí, si quieres que tu personaje pueda subir más allá del nivel 7 tienes que pagar por un serial, el cual desbloquea el límite a la subida de experiencia a partir de ese nivel. Yo terminé cayendo, como era esperable, y me lo compré en tienda (incluía un mapa enorme del mundo del juego).

Es una política de vender el juego realmente buena: a pesar de las críticas más o menos reguleras y de no ser una desarrolladora grande ha vendido bastante. Acaban de sacar una actualización enorme del juego que casi podría venderse como expansión (de hecho, esta nueva versión es la que te descargas por defecto de la sección de descargas antes indicada): Warband, en la cual, además de mejorar los criticados gráficos, introducir multijugador, el galanteo o una facción nueva inspirada en el mundo musulmán del medievo (su arquitectura, armaduras, los desiertos y todo), podremos al fin tener posibilidad de ser rey (o reina) de una facción!!

Recomiendo vivamente su compra, la verdad, lo que le falta en gráficos (que no me parecen tan tan malos) le sobra en diversión y vida jugable.

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