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02/11
Crítica de cine: El Gran Vázquez
Ya hablamos en este sitio de quién fue Vázquez (aquí). De modo resumido, fue uno de los principales inspiradores de todo un modo de hacer cómic que creó escuela en la Editorial Bruguera. Con dichos cómics toda una generación de españoles forjó su identidad social y cultural. Llegaban a vender un millón de revistas a la semana durante el franquismo, fenómeno increíble entonces, ya no digamos hoy, con sus tres temas bandera recurrentes: ridiculización de la autoridad, la familia no como elemento idílico sino como caos y la chapuza como sistema de trabajo nacional. Tiene razón Antoni Guiral cuando dice que “Si Ibáñez, Jan, Vázquez, Víctor Mora o Escobar fuesen americanos serían grandes estrellas en todo el mundo”. No nos hemos sabido vender.
La película narra una parte de la vida de Vázquez en la editorial Bruguera, con el telón de fondo del franquismo y de la Barcelona de los años 60. La ambientación es espectacular, y parece que estamos oliendo el humo de la sala de los dibujantes, de los sitios de mala fama a los que va el protagonista, acompañando la música perfectamente al tono general de la película. Santiago Segura hace un buen papel. Le han acusado de sobreactuar, pero realmente la interpretación es mucho más comedida y escasamente histriónica para que lo podría esperarse teniendo en cuenta al personaje y al actor.
No hace falta saber nada de Vázquez, ni de la Editorial Bruguera ni, realmente, del franquismo. Quizás por eso ha tenido éxito aquí y en Francia. De lo que habla la película no es algo local, español, y va mucho más allá. Es cierto que podría pensarse que es otra historia de otro pícaro que miente, engaña, trampea y se saca las lentejas como puede, con Peláez, el tecnócrata y tesorero de la Editorial, como enemigo, fiel representante de la mediocridad trasvestida de seriedad, de esa mediocridad que odia al que tiene talento.
Es, además de eso, una historia que habla de un genio inconstante, vividor y fóbico al compromiso enfrente de un otro genio brutalmente constante, introvertido y comprometido: Francisco Ibañez, el famoso creador de Mortadelo y Filemón. El actor, Manuel Solo, además de tener un parecido físico asombroso hace un papel sencillamente fantástico: cualquiera que haya visto entrevistas a Ibañez verá que habla, se mueve y se expresa prácticamente así.
La película tiene varios momentos divertidos (incluso con las torturas habituales en el franquismo, cosa con la que bromea Vázquez: “me han torturado y he tenido que confesarlo todo, todo…la lista de los reyes godos, las capitales de Europa, el teorema de Pitágoras”). Otros tristes, claro, ya que es una tragicomedia, pero el momento más brillante es el final, el encuentro después de muchísimos años entre Ibañez, que está firmado cómics en una caseta, en la cumbre del éxito y reconocimiento, y Vázquez, olvidado por todos, viejo, tripón y paseando de la mano de una joven prostituta. El breve encuentro del final de la película es uno de los mejores momentos del reciente cine español, en el que ambos genios quedan perfectamente definidos.
Los problemas vienen de varios lados. Se incluyen animaciones muy breves de algunos de sus personajes, que no están bien implementadas en la narración. Apenas serán de dos a cinco minutos en la película, pero no convencen y no reflejan bien el porqué de su talento, quizás pueden llevar a pensar lo contrario. Los timos y engaños de Vázquez hacen la película muy divertida de ver para cualquiera, pero el contraste con los momentos más duros no consiguen cuajar una tragicomedia sobresaliente: se queda en el notable, que no es poco. Queda la sensación de faltarle algo para ser una obra maestra en vez de simplemente una buena película por encima de la media.
En todo caso, más que recomendable, te guste el cómic, conozcas al personaje o no. Y recordad: siempre hay un Peláez…
P.D.: Relacionada con la película no hace tanto apareció el cómic “El invierno del dibujante“. No sé qué tengo qué decir para que alguien se lo compre…sencillamente es una maravilla.
