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01/10
Lo mejor de una década: Los Muertos Vivientes de Kirkman…o la caída al estado natural hobbesiano
Un policía novato se ve envuelto en un tiroteo, y tras ser herido pierde el conocimiento. Despierta en un hospital, extrañamente solo…para descubrir que los zombis se han apoderado de todo. Escapa como puede, para después encontrar a su esposa junto un grupo de supervivientes…
Detrás de este inicio mil veces visto en películas de zombis está otro de los mejores cómics de esta década. Un cómic que va mucho más allá de la típica historia de acción, gore y supervivencia que hemos visto mil veces en el cine.
En una película tienen un par de horas (o, por desgracia, tres) para contarnos las cosas, pero en esta colección Kirkman tiene mucho más tiempo. No sólo habla de los primeros momentos, del caos y la ignorancia, también del lento transcurrir de los meses en un mundo dominado por los zombis, de sus implicaciones sociales y psicológicas a largo plazo, hasta ahora poco explotadas en el género.
Pasan semanas, y sigue sin haber policía ni gobierno. Todo sigue invadido por zombis. Ya no es sólo escapar o resistir un poco. El mundo en el que todos van contra todos, el estado natural hobbesiano, es descrito en todo su esplendor…y horror.
Hay que conseguir comida, y cuando vas al supermercado, ya saqueado, hay más supervivientes. No hay abrazos perroflaúticos, no, hay lucha por los escasos recursos que quedan. Los zombis quieren comerte, y los humanos quieren los escasos recursos que hay. ¿Qué hacemos cuando sabemos que alguien que hemos aceptado en el grupo asesina a otro? Ya no hay sistema penitenciario, ni parece que vaya a haberlo. Toda la mentalidad que tienen (tenemos) los protagonistas, construida en un mundo en el que existía el estado, el capitalismo o el estado de derecho, va dándose golpes con la nueva y aterradora realidad, dura, triste, implacable.
Los muertos están siempre presentes y siempre están llevándose a personajes cada poco (la mortalidad es altísima en la serie), pero son el mar de fondo de la historia, en la que los personajes, que han crecido en un mundo civilizado y post-histórico, de repente vuelven a la prehistoria. Las relaciones sexuales de repente son una fuente de conflicto enorme en el grupo, presionados siempre por la ansiedad de verse asediados por las hordas interminables de zombis (y por el resto de humanos).
La psicología de la supervivencia es descrita con minuciosidad y exactitud: los hay que tienen pareja y no dejan de triscar, los hay que se deprimen, los hay que simplemente viven al día, pero cualquier pequeño asunto provoca conflictos tremendos. La alerta es continua, todo parece una amenaza, no sabemos porqué hay zombis, ni qué ha pasado en el resto del mundo y quizás no lo sabremos nunca. Ignorancia, miedo, ansiedad constantes. No estamos preparados en nuestro paraíso post-histórico, rico y privilegiado para todo ésto. Pero lo que queda después del fin de la civilización siguen siendo los instintos.
El protagonista, Rick, tiene una evolución perfectamente tratada, partiendo de un policía novato pasa a ser el primero de ellos que acepta las implicaciones del mundo sin organizaciones ni instituciones, del mundo de individuos que se ven condenados a pelear contra los zombis y contra el resto de los humanos para sobrevivir.
El cómic en ningún momento es aburrido, siempre es intenso. Es apasionante cuando habla de cómo va cambiando la toma de decisiones del grupo, los enfrentamientos ideológicos sobre cómo afrontar los problemas, las consecuencias psicólogicas perfectamente plasmadas de vivir siempre al límite o las muchas páginas de acción pura y dura. Es un cómic que te dejará un mal cuerpo número tras número, por lo que cuenta (y cómo lo cuenta) más que por el gore (que lo hay)…aún así querrás como loco ir a leer el siguiente.
Recomiendo vivamente los primeros 24 números (recopilados en los primeros cuatro tomos recopilatorios, tanto en España como en EEUU). También el resto, pero especialmente éstos para ver los inicios del protagonista, su evolución y el desgarrador, deprimente, lúcido y mítico discurso con el que acaba el número 24 (tomo cuarto: “Lo que más anhelas”). Ese discurso no dejará a nadie indiferente: es de esas cosas que, al leerlas, hacen que algo haga “click” en tu cabeza y quedes como diez minutos mirando al vacío, deprimido y maravillado al mismo tiempo. “Nosotros somos los muertos vivientes“, dice Rick al final de su ya legendario discurso.
Obra adulta, ni mucho menos adolescente por la profundidad de cosas de las que habla, es un cómic absolutamente necesario por el análisis descarnado de lo que hay debajo de nuestro modo de pensar propio de una sociedad del primer mundo o sobre la propia naturaleza humana cuando estamos sometidos a ansiedad extrema continuada.
Marvel se había dado cuenta de la edad media de la gente que compraba cómics de Spiderman, Hulk o Lobezno: tirando a alta. Además, los más jóvenes no compraban mucho cómic de superhéroes, sino que se entregaban al manga. ¿La razón? Spiderman, por ejemplo, tiene historias desde los años sesenta, muchas historias que hay que leer antes para enterarse de quién es quién hoy, y como que empezar así echa para atrás.