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Críticas de videojuegos

11:50 pm por Raúl S.. Archivado en: No hagais ésto en casa, gafapastismo electrónico, videojuegos

Venía hablando el otro día sobre el halo mítico de los videojuegos “de antes”, retórica habitual entre los que tenemos 30 años (o más) y llevamos jugando desde tiempos del Spectrum/Amstrad.

Hoy hablaremos del presente. El videojuego ha pasado de ser una cosa “de niños” o de gente muy muy rara a ser algo que está en todas las casas. En las oficinas gente de 40 años habla en la cafetería sobre si este año es mejor el Pro Evolution Soccer o el FIFA. Gente con niños busca huecos para pasarse el Fallout 3 (aunque sea aprovechando que la novia/mujer se echa la siesta). El videojuego hoy por hoy es un elemento cultural considerado como algo “normal”. Eso se ha debido, entre otras cosas, al abrumador éxito económico del sector, llegando a superar a cine y música.

El éxito ha llegado con una mejor tecnología, juegos con gráficos tridimensionales (ahora parece tonto, pero había gente que decía entonces que los juegos en 2D eran los únicos auténticos, que lo tridimensional mataría a los videojuegos, que Alone in the Dark era algo propio de herejes, etc) y, aunque no se comenta mucho, un diseño más cómodo y un control menos ortopédico.

Como es normal, para que algo tenga un éxito arrollador es necesario hacerlo accesible a más gente. Videojuegos más fáciles, más bonitos, más sencillos de aprender a jugar, etc. Yo, como malvado que soy, estoy totalmente a favor de esto. Una de mis aficiones, los videojuegos, han pasado de algo marginal a algo aceptado por casi todos.

Y eso a pesar de que del mercado de videojuegos me gustan cosas raras: Fire Emblem, Infinite Space (gracias mil, Roger, por descubrirlo), Europa Universalis III, Lost Odyssey (el mejor juego de rol japonés para esta generación junto al estupendo hasta decir basta Resonance of Fate), Football Manager, etc. Juegos cuyo aprendizaje no es intuitivo, que no es raro que impliquen leer y entender lo que lees, que implican cierta pausa y planificación, etc. No siempre, claro: me encantan los FIFA o Mass Effect.

A pesar de gustarme juegos oscuros, gafosos y muy muy poco comerciales como Planescape Torment o El Templo del Mal Elemental entiendo otras conductas videojueguiles. No las desprecio ni me siento superior por jugar a videjuegos minoritarios. Entiendo a la perfección al que llega a casa, juega media hora a su Call of Duty y ya está. O al que juega a Wii Sports con amigos y no toca la Wii para nada más. O a uno de mi oficina que sólo tiene juegos de Rock Band y Guitar Hero, y no le hables de más, que no le interesan. Todos ellos contribuyen a que las compañías ganen más y de vez en cuando se atrevan a hacer videojuegos raritos de los que me gustan a mí. Todos felices. Bueno, todos no.

Hay toda una especie nueva en relación a los videojuegos:

Y una vez más, nos encontramos con que incongruentemente el juego más vendido no es un juego, sino un mando adicional para Wii que viene con un juego de regalo: ‘Wii Play‘. Ya ocurrió en diciembre y ha vuelto a ocurrir en enero. Plena vorágine navideña. Tras el mando, una tabla, también para Wii, ya que ‘Wii Fit‘ se sitúa en segundo lugar. ¿Y en tercero? Un volante, por supuesto, el que viene com ‘Mario Kart Wii‘. Tras ellos, más morralla tipo ‘Pro Evolution Soccer 2009’ para PS3, PS2 y PSP, ‘Brain Training’, ‘Monopoly’ y similares obras futboleras o “sociales”.

Afortunadamente, la cordura vuelve a la lista cuando miramos las ventas individuales de las consolas, donde vemos cómo por ejemplo en PS3 se ha vendido mucho ‘Fallout 3’, ‘Resistance 2’, ‘GTA IV’ o ‘Assassin’s Creed’; o juegos como ‘Gears of War 2’, ‘Fable II’ o ‘Prince of Persia’ en Xbox 360. Ya me estaba asustando…

Efectivamente, el videojuego del Monopoly no era gran cosa y el Pro del año 2009 era flojo. Llamar “morralla” al “Brain Training” tiene delito, pero supongamos que también es un mal juego (que no lo es). ¿Cuáles son las alternativas, lo que consideran “buenos juegos”? Pues videojuegos con publicidad multimillonaria que tuvieron notas de 9 o 10 en revistas del sector. Dentro de los mencionados hay juegos buenos pero sin pasarse (Fallout 3) o juegos simplemente entretenidos que han querido hacerse pasar por videojuegos perfectos (GTA IV o Assassin’s Creed).

Este tipo de espíritu puede verse en los comentarios de muchos videojuegos, en varias revistas del sector: se da por supuesto que el videojuego que llaman “casual” (los de la Wii, la DS o cosas de karaoke) rebaja al sector o lo infantiliza. En cambio se da por supuesto que los videojuegos que las revistas ponen con notas de 9/10 o 10/10 son los propios de gente que le gustan los videojuegos “de verdad”, aunque en esos juegos puntuados como sobresalientes haya montones de videojuegos que nunca debieron pasar del 6/10. Pero montones. Pasad por cualquier tienda de videojuegos y ved como a la semana de la salida de muchos juegos de 10/10 las estanterías de videojuegos de segunda mano se llenan de “juegos perfectos”. Qué rápido se aburre la gente de ellos, leñe. Y eso que eran perfectos.

Lo más chocante de todo ésto es éste considerar a juegos muy muy comerciales y muy muy apoyados por campañas publicitarias como cosas gafosas. En el cine, de hecho, es al revés: los críticos dan palos inmisericordes a las películas con mucha publicidad detrás. No es nada raro, al menos. Tampoco que den vivas a películas tiernísimas de paquistaníes hablando con sus cabras sobre filósofos de Ulan Bator. En música, grupos que sacan su segundo album son destripados y llamados “vendidos”: un ritual habitual.

En los videojuegos no: todo videojuego con campaña de publicidad detrás es aclamado por la teórica crítica del sector, salvo casos terribles que no había por dónde pillarlos . Juegos no tan publicitados pero francamente buenos (Resonance of Fate tiene gráficos, historia y una de las mejores y más originales mecánicas de combate que se han podido ver en años) tienen peor nota. Críticos de cine o música darían mucha bola a Infinite Space o, en la anterior generación, al maravilloso, genial y sublime Viewtiful Joe, que debería ser un ejemplo de libro de cómo hacer un juego divertido, original, desmadrado y ultrafriki.

¿Sería mejor que los criticos, blogs y opinadores de videojuegos emularan a sus homólogos del cine o la música? La sana costumbre de mirar con mala leche a los que dan mucho bombo o a los vendedores de humo nunca debería perderse, aunque sin la tendencia a gafapastearlo todo. No lo sé, la verdad. Sólo sé que para hacerme una idea de si un juego nuevo puede gustarme cada vez las críticas de revistas o blogs estrella valen menos (¿cuanta publicidad tiene?=¿cuanta puntuación le pondrán?), y que sólo vale rastrear a gente que sé que tiene gustos (¡y fobias!) similares a los míos.

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06/10

De lo adulto y lo maduro en el videojuego

El cómic y el videojuego son cosas de niños. Gente con mallas pegando a malos, dos galos que se pegan puñetazos con soldados del Imperio Romano, un fontanero que da saltos sobre tortugas y etc. Mundos simples, personajes simples y mucho colorido.

A veces se ha intentado dar un toque de madurez mostrando a enormes marines con enormes armas en portadas de videojuegos. A veces apelando a lo sangriento del juego. Lo que más se usa como reclamo de madurez es el volumen muscular y la suciedad. No vamos a negar el componente de competencia, violencia y mala baba en más de un videojuego, juego de rol o película. Puede aparecer o ser un elemento importante, el problema es cuando el único argumento motivador es ese, olvidándonos por sistema de lo que se habla. Y aquí pasamos al tema del relato dentro del frikismo.

En general, es mejor tener una buena dinámica sin más complicaciones, como dijo otro ciudadano por aquí. El problema, si de verdad se aspira a dar un aspecto de madurez a los videojuegos, es que el recurso sistemático a la violencia gratuita o lo sucio no implica más madurez o más complejidad necesariamente. Sí lo hace una historia bien construida y que trate de cosas complejas, posiblemente relacionadas con la violencia.

En este sentido, quiero volver a Infinite Space. Es un juego adulto. Ves la portada y ves un juego de naves espaciales y estética manga. Cuando buceas en él, además de la dinámica fantástica ya mencionada en el post de Roger, la historia sorprende: (SPOILER: VOY A CONTAR PARTES DEL JUEGO)

1. El protagonista, junto a sus amigos, tratan de echar de su hogar a un imperio que va conquistando un espacio del universo tras otro. Tras mucho tiempo, vuelven de tapadillo a un planeta conquistado por el imperio…para encontrarse que la gente realmente vive mucho mejor con el nuevo gobierno imperial. No hay piratas. No hay casi pobres. La gente está mucho más contenta. Incluso un antiguo amigo del protagonista le dice que bajo el imperio todos están más seguros, son más prósperos y etc. El protagonista simplemente lucha contra él, pero no suelta ningún discurso moralista y arrebatador…sólo se va pensando…¿y si mi victoria contra el imperio hace que la gente vuelva a vivir insegura y más pobre?

2. En otra ocasión el protagonista tiene que proteger un planeta, que no sabe el porqué está siendo invadido…un planeta en el que sólo hay civiles. Al enfrentarse al ejército invasor, descubre la razón de la invasión: se ha construido un arma de destrucción masiva entre población civil, usándoles, sin que lo sepan, como escudos humanos. Al acabar la batalla, el protagonista va a pedirle explicaciones al dirigente de la facción que poseía el planeta en cuestión, diciéndole que si no tiene honor. El dirigente medio se ríe, diciéndole que la guerra no se puede ganar honestamente, y que a la fuerza hay que mentir, porque en el espacio sólo sobreviven los fuertes. Lo del código de honor, dice, es una cosa para niños y cuentacuentos.

3.Hay una permanente discusión sobre cómo un conjunto de naciones democráticas (galácticas) pueden derrotar a un imperio no democrático que tiene mando único y propósito de conquistar a toda nación que sea débil. El protagonista evoluciona de un inicial idealismo y amor por las formas a un convencimiento en la realpolitik y al maquiavelismo más atroz para evitar que el imperio lo engulla todo: todos tendrán que unirse contra el Imperio, y si hay que declarar la guerra a los que se nieguen se hace. Si hay que cepillarse a traidores, se hace. Su visión de cómo funciona el ser humano pasa de un inicial optimismo a un pesimismo sobre la posibilidad de una paz perpetua (“Tu visión de la vida es triste y violenta”) y sobre el ser humano. Yuri, el protagonista, va a la guerra no gustándole, pero creyendo que si no va lo que espera detrás puede ser mucho peor que la guerra. Es un héroe pesimista, consciente de lo limitado de su gesta, que siendo épica-hasta-decir-basta no pone fin a la Historia (“nada termina nunca”, decía el Dr Manhattan), pero que puede dejar las cosas un poco mejor…

Un protagonista que se tiene que plantear cuestiones que superan lo infantil, que no tiene todas las respuestas (lo cual no le impide actuar de modo decisivo), con personajes que son deliciosamente contradictorios, con silencios tensos cuando las situaciones son delicadas (evitando el “listillismo” de algunos protagonistas que siempre tienen respuesta para todo). Decepciones constantes que hacen que los rescates y las victorias sepan muchísimo mejor que la mayoría de los juegos. La defensa de lo que se considera preferible y perecedero puede ser mucho más épica que la defensa de lo que uno considera el Bien Supremo y Eterno.

Siempre predominará lo simplemente entretenido, las dinámicas bien construidas y la diversión por la diversión: es lo suyo, y es el modo gracias al cual la industria del videojuego puede crecer y experimentar. Pero lo que comento en este post debería venderse como signo de madurez de los videojuegos. El tono. Los temas. La complejidad de lo que se habla. La ausencia de molonismo. La honestidad en lo que se cuenta. Sólo por ahí se puede empezar a rescatar el medio de la imágen típica de juegos de marines hiperhormonados o de Mario, ambos de los cuales me gustan, pero la industria podría empezar a ofrecer bastante más, aunque fuera en pequeñas dosis.

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10/09

Por qué Buffy Cazavampiros es una obra maestra

3:37 am por Egócrata. Archivado en: biblioteca selecta friki, gafapastismo electrónico

En P.I.F.I.A. tenemos artículos serios, y artículos completamente veraces, importantes y esenciales para el futuro del mundo. Este artículo es, para desgracia del futuro del mundo, es un artículo más o menos sensato, con vocación de educar a la chusma plebe populacho masas estúpidas unicejas gente sobre material friki de calidad.

Dicho en pocas palabras: Buffy Cazavampiros es una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. No sólo ash-buffyseasonthreecastl2eso; Buffy es de hecho una de las series más influyentes de los últimos veinte años. Parece una serie basurilla de adolescentes con exceso de hormonas luchando tipos con un presupuesto de efectos especiales limitado, pero no – es muchísimo más que eso. Joss Whedon es un Dios friki por muy buenos motivos.

¿Qué hace de Buffy una de las mejores series televisivas de la historia? Veamos.

Tomarse la adolescencia en serio:

El punto de partida de Buffy es que los años del instituto son un infierno… sólo que en este caso, el mal es un poco más explícito. Escondido detrás de las batallitas contra monstruos hay personajes de carne y hueso que se enfrentan a problemas reales; las peleas y demonios son a menudo paralelas a los terrores de crecer y hacerse adulto. Hay decenas de episodios sensacionales que hablan de incomunicación, sentirse secundario (Zeppo, mi episodio preferido), la muerte de un ser querido, romance, la dificultad de hacerse adulto, el tomar responsabilidad…

En Buffy los personajes no son eternos adolescentes; durante los siete años que duró la serie, Buffy va del instituto a la universidad al mundo real (sin poder acabar la carrera; el dinero importa en este mundo) de forma natural, como parte de su arco dramático. Crecer es parte de la serie, no una excusa para romanticismo adolescente.

Buffy además tiene la distinción de ser una de las primeras series en una cadena de televisión nacional de tener una relación lésbica larga (dos años y medio), probablemente la primera serie que se tomó una relación de esta clase en serio y sin perder el tiempo en salidas del armario y traumas varios, y ser la primera con una escena sexual lésbica (más o menos explícita) en una serie en abierto.

Guiones:

Joss Whedon es, ante todo, un escritor – y sus guiones son una muestra perfecta de ello. Buffy es una de las pocas series de los últimos años que tienen un estílo inmediatamente reconocible (y que por cierto, no es demasiado traducible; pierde mucho doblada), con personajes que hablan porque les gusta, no por necesidad de avanzar la historia. El diálogo en Buffy es rápido, realista y extraordinariamente referencial; los personajes comentan lo que les gusta, recuerdan (y bromean) sobre experiencias pasadas y hablan como adolescentes, no como robots. Por añadido, Whedon disfruta creando neologismos, hasta el punto que los personajes hablan un peculiar dialecto – hay incluso un libro sobre el lenguaje en la serie, algo que no se ve demasiado a menudo.

Estructura de la serie:

Cada temporada de Buffy tiene un “big bad” (el malo maloso que es el gran enemigo de ese año) y una progresión hacia su derrota en un sólo arco. Whedon no fue el primer guionista en crear sagas largas con hilo conductor (Expediente X o Twin Peaks lo hicieron antes), pero  es probablemente la primera en hacerlo bien. La historia no es lineal; en algunas temporadas no sabemos quién es el “enemigo final” hasta bien entrado el año, en otro el mal es implícito toda la temporada, y sólo es real en abierto en los últimos cuatro o cinco episodios (sexta temporada; totalmente magistral).

No todos los episodios avanzan la historia, y de hecho algunos son completamente secundarios. Lo que realmente distingue a Buffy es la capacidad de engarzar el “monstruo de la semana” en la evolución de los personajes.

Personajes:

Es la primera serie con un personaje femenino fuerte como protagonista; los héroes de la historia son de hecho casi siempre las chicas. Más allá de eso, es la primera serie en que los protagonistas heróicos son los frikis, los desclasados, los raritos de la clase -y la primera que se toma sus fustraciones, aspiraciones y dilemas en serio.

Muertes y rarezas:

A Joss Whedon le encanta hacer cosas raras – y disfruta matando personajes. Buffy es una serie extraordinariamente salvaje en términos del número de personajes principales que caen en acto de servicio; cuando se combate el mal, uno se la juega en serio, y a menudo muere en consecuencia. Las muertes además duelen; los personajes no las encajan especialmente bien.

Más allá de su sadismo personal, la serie tiene un buen puñado de episodios genuinamente experimentales. Hacer un musical es casi cliché a estas alturas; “Once More, with a Feeling” es -que yo sepa- el pionero en este aspecto. Es también uno de los mejores episodios de toda la serie, avanzando la trama de forma magistral. Whedon también nos brindó otras joyas como “Hush” (un episodio mudo – y todo justificado), “The Body” (sin banda sonora, cámara en mano, imposíblemente triste), “Zeppo” (Rosencrantz y Guildenstern, versión Xander), “Innocence” (una reflexión sobre el alma) o “Conversations with Dead People” (pérdida y dolor – y el mejor prólogo para una temporada jamás parido).

Estos son algunos puntos; hay decenas de estudios académicos (de hecho, una mini-disciplina académica) dedicados a la serie. La serie ha sido increíblemente influyente; series como Alias, Smallville, Journeyman, Battlestar Galactica (remake),  Life on Mars, Ashes to Ashes o Lost tienen una enorme deuda con la obra de Whedon. Buffy cambió de forma radical cómo escribir personajes adolescentes en televisión, así como qué temas una serie “de fantasia” puede tocar.

Joss Whedon ha hecho muchas cosas después de Buffy: Angel, un spin off excelente (y a veces aún más ambicioso), Firefly (aún mejor, a pesar de su muerte prematura), Dollhouse, Dr. Horrible… Su primera serie, sin embargo, es de lejos su mayor legado. Es difícil ver lo influyente que es Buffy, en gran medida porque muchas de sus aportaciones están en todas partes estos días. Vale la pena verla, degustarla, disfrutar sus siete temporadas.