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05/10

Del “Bwa ha ha” al psicoanálisis: J.M. DeMatteis

Al hablar de cómic la gente siempre proclama su admiración por Frank Miller, Alan Moore, Neil Gaiman, Toriyama, Hugo Pratt o, incluso, Hergé. El mundillo se ha hecho más popular, lo cual es bueno. Admirando como admiro a todos los anteriores, este post es un pequeño homenaje a alguien con menos talento que todos esos bestias antes mencionados, pero al que yo tengo mucho cariño.

Ese alguien es John Marc DeMatteis.

El bueno de DeMatteis hizo guiones de varios cómics de superhéroes, dando lo mejor de sí mismo en los dorados años 80. Al contrario que otros, especializados en un tono o estilo determinado, DeMatteis tenía dos perfiles totalmente distintos en los que era igualmente bueno: el humorístico y el introspectivo.

Del humorístico es conocido por su etapa en la Liga de la Justicia Internacional. Este cómic en principio era la reunión de los mayores héroes de DC (Batman, Superman, Wonder Woman, etc), pero cuando llegó DeMatteis de las estrellas sólo quedaban Batman y el Detective Marciano (y el primero se iría de la serie pronto). Todo estaba repleto de personajes segundones, perdedores y poco carismáticos.

Ese fue el comienzo del “Bwa ha ha”. ¿Qué es el “Bwa ha ha”? Es la mejor definición para lo que desarrolló DeMatteis junto a Giffen en la serie: hizo una sitcom de superhéroes. Los desternillantes diálogos, las situaciones ridículas (memorable aquel cómic en el que los malvados son unos pingüinos), las parodias constantes a los habituales elementos del cómic de superhéroes y los villanos delirantes (entre ellos un alienígena todopoderoso, parodia de Galactus, que planea redecorar el planeta Tierra y pintarlo de colores horteras, al que solo pueden detener llevándole a las Vegas para que vea que en la Tierra ya tenemos algo estéticamente por el estilo…¡brutal!), y el protagonismo de Guy Gardner, el superhéroe prepotente, machista, egoísta y encantador, todo a la vez.

Yo empecé a leer esta etapa (aquí en Amazon) sin conocer a ninguno de los personajes, y no influye en nada: las risas vienen y van sin remedio. Nadie ha conseguido hacer una serie de superhéroes (en la que hay poco de superheroico y mucho de comedia) tan graciosa, ingeniosa y delirante…y es muy posible que sea por haber dispuesto de personajes secundarios o que más o menos daba igual qué se hiciera con ellos. Tras abandonar la serie, hace poco tiempo (2003) que les dejaron a DeMatteis y Giffen coger otra vez a algunos de aquellos personajes, logrando de nuevo hacer unos cuantos cómics desternillantes (e incluso ganar premios totalmente merecidos en el proceso).

Y del introspectivo tenemos sus etapas en Spiderman. Entre ellas, la mejor historia de Spiderman desde que Stan Lee dejara al personaje: La Última Cacería de Kraven(1987). Kraven, un supervillano de opereta, captura a Spiderman y le pega un escopetazo a bocajarro. Sin discursos, sin llevarle a su base secreta: te cazo y te mato. Pasa a enterrarle, para luego vestirse con su traje y tomar su lugar. No es que se conforme con matarle físicamente: quiere matar su espíritu.

Los propósitos de Kraven, así como los pensamientos de los personajes, tienen una profundidad psicológica casi nunca vista en un cómic tradicionalmente simplón como es el de superhéroes. El poema “El Tigre” de William Blake aparece en varias partes de la historia, en paralelo con la progresión en los pensamientos de Kraven, que harto de la civilización a la que identifica con la barbarie (suspirando por la Rusia anterior a Lenin), quiere morir con honor…y para ello debe vencer a sus demonios internos.

La Última Cacería de Kraven posee una atmósfera tenebrosa y angustiosa, realmente claustrofóbica, donde el contraste entre luz y oscuridad, muerte y vida, es siempre constante, con un personaje como Kraven el Cazador de fuerte caracterización nietzscheana e ideales animistas, casi anárquicos en el sentido de El Club de la Lucha de Chuck Palahniuk; en contraposición a la personalidad prácticamente dostoievskiana de un Peter Parker en el que reside un tipo de religiosidad innata que bebe y se alimenta de su sentido de responsabilidad

DeMatteis hizo alguna historia más en este mismo estilo instrospectivo, psicológico y lúgubre, aunque no tan logradas, como El Niño que llevas Dentro y La Muerte de Alimaña. Hay que decir que a pesar de hacer cómics muy por encima de la media había muchas quejas: no todo el mundo gustaba que un cómic de superhéroes empezara a ponerse tan psicólogico, tan cargado de traumas infantiles o de recuadros de pensamiento en cada viñeta. Es cierto que el paso del tiempo hizo a DeMatteis más pesado de leer, y seguramente debería haberse salido del carrusel superhéroico en esos momentos para airearse un poco (de hecho, hizo el guión de un capítulo de The Twilight Zone)

En los 90 se metió de lleno en la horriblehastadecirbasta Saga del Clon de Spiderman. Junto a otros muchos, contribuyó a alargar una saga que empezó interesante pero que pasó a crear múltiples líneas argumentales que nunca se cerraban (aquí un buen resumen). Hizo el mejor cómic de la saga, en el que muere la Tia May (AS 400, 1995), cómic totalmente sentimental, emocionante y brillantemente triste. La odiosa Tia May conseguía conmoverte por mucho que la odiaras.

Intervino también en uno de los pocos cómics que he tirado a la basura: Matanza Máxima (1993), una serie de cómics en que Spiderman se enfrentaba a uno de sus supervillanos, Matanza. Todo lo malo que podais decir de un cómic estaba allí: insultante, aburrido, lleno de molonismo, caracterizaciones ridículas e infantiles de los personajes, patadas al pasado de muchos de ellos, descoordinación de los autores, etc. Hay que decir que DeMatteis llegó a reconocer que Matanza Máxima fue una mala idea y creo recordar que medio pedir perdón por el cacao que montó junto a otros en la “Saga del Clon”.

Aun con todo, DeMatteis ha demostrado ser grande haciendo chistes y montando bufas, también siendo instrospectivo o épicamente triste. No es uno de los grandes del medio, pero sí está en un digno segundo escalón. Su gran versatilidad de registros es muy muy escasa. Y, qué leches, nos ha legado el “bwa ha ha”.