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04/10
Gobernando un imperio galáctico: instituciones
Dado que el futuro inevitable de Poldavia es erigirse en una unidad de destino en lo universal a escala galáctica, es necesario que empecemos a plantearnos cómo vamos a gobernar nuestro imperio estelar. Aparte del terror indiscriminado, una devoción fanática por el Ordenador y la voluntad de llevar el frikismo a sus cotas más excelsas, P.I.F.I.A. va a necesitar un sistema político para organizar el cortijo. ¿Qué instituciones vamos a crear? ¿Qué sistema debemos tener en mente?
Nuestro punto de partida debe ser claro y obvio: el universo es un sitio muy, muy grande, y todo está a parir de lejos. Incluso con reactores de tránsito, impulsores Kearny-Fuchida o reactores de impulso Cherenkov, enviar tropas, provisiones y suministros lleva su tiempo. Recaudar impuestos es complicado, incluso utilizando medios electrónicos – controlar el fraude a distancias estelares es una pesadilla. Aún más importante, mover información y noticias es complicado, ya que a distancias estelares la radio y su patética velocidad de la luz no te lleva a ninguna parte. Saber lo que pasa en nuestras provincias y colonias es complicado y difícil, incluso con HPGs o Hiperradios.
Esto crea un problema: ¿cómo mantenemos nuestro bienintencionado e ilustrado liderazgo sin perder el control del territorio?
Históricamente, los imperios han utilizado dos estrategias institucionales básicas, con tasas de éxito dispar.
El modelo “original” es la Roma Republicana. Es un imperio relativamente descentralizado, con gobernadores provinciales que se dedican a gestionar el día a día local, pero que no tienen control sobre fuerzas militares significativas. Las legiones vienen de Roma, a cargo del Senado, y las crisis son gestionadas a nivel “imperial” cuando se ponen difíciles. El problema, claro está. es el que las legiones son pagadas por el Senado (o Emperador), pero van por el mundo siguiendo a un general. Es relativamente fácil imaginarse una situación en que un líder militar se decide a imponer un poco de orden y violencia en Roma, a ver si pilla un poco de poder político dictatorial.
Por mucho que intentemos evitarlo, un imperio estelar siempre tendrá su dosis de almirantes ansiosos con ganar poder político a base de bombardeos orbitales. Una armada grande, centralizada, aún cuando se pase la vida en la frontera combatiendo chinches, es una receta para el desastre – una pila de profesionales dispuestos a seguir a sus líderes antes que al Estado. No, amigos, el Imperio Poldavo necesita otro sistema institucional.
Volvamos a los libros de historia. Tras la caída de Roma, los habitantes de la vieja Europa construyeron poco a poco un sistema diseñado para resolver estos problemas de comunicaciones lentas, altos costes de transporte y burocracia débil con escasa capacidad recaudatoria. Un sistema descentralizado basados en pactos de vasallaje, privilegios cruzados y lealtad basada en la responsabilidad mutua. Un sistema estable, en que los ejércitos son compartidos y nacen de la cooperación entre nobles. No, no es el estado de las autonomías. Me refiero a un sistema feudal.
El feudalismo es, en gran medida, una innovación organizativa para resolver el problema de insuficiente tecnología de comunicaciones y elevados costes de transporte. Si el centro no puede controlar a la periferia sin poder evitar el cesarismo, descentralizar la autoridad de forma consciente y más o menos simétrica tiene sentido. Las provincias controlan sus regimientos, pero no pueden operar de forma autónoma. Basta con que el centro sea capaz de disciplinar a una o dos provincias rebeldes de forma creíble como primus inter pares para que la cooperación sea racional. La creación de una nobleza feudal, aristrocrática en el mejor sentido, que vive por el honor y los ideales poldavos.
Las provincias y sistemas, por descontado, no tienen por qué ser infiernos totalitarios o monarquías absolutas. Cada sistema podría, en la mejor tradición de mi imperio favorito (el Austro-Húngaro), escoger gobernarse a si mismo como le dé la santísima gana. Lo único que exigiríamos es la adecuada lealtad y pleitesía al Emperador Poldavo de turno, y ser capaces de construir destructores estelares, tropas de asalto acorazadas y robots gigantes con proyectores de partículas a patadas para invadir a nuestros despreciables enemigos Kobold.
El Imperio Galáctico Poldavo será feudal, o no será. ¡So say we all!