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12/09

Dificultad en los videojuegos: ayer y hoy

En las últimas semanas he estado jugando a un par de shooters que tenía pendientes de catar desde hacía algún tiempo: KillZone 2 y Uncharted 1. ¿El resultado? Jamás, en toda mi existencia, me había aburrido tanto al jugar a videojuegos.

Los dos títulos que acabo de mencionar poseen unos niveles técnicos brutales, apabullantes, apoteósicos. Las puestas en escena, los valores artísticos, sobrecogen en el mismo momento en que fijas los ojos en la pantalla. Sin embargo, ambos juegos me han aburrido soberanamente

Joaquín Relaño, en éste artículo de Meristation, habla del famoso tema de la dificultad de los videojuegos actuales y su tendencia al “No, por Dios, facilitémosles las cosas al máximo, no vaya a ser que se frustren y dejen de jugar”.

Algunos juegos clásicos y míticos como Ghosts ‘n Goblins, Altered Beast o el mítico (por su casi imposible dificultad) Battle Toads eran auténticos infiernos por la acumulación de bichos en pantalla, por el control horrible o por un desamparo sádico de los programadores respecto al protagonista del videojuego (¿nadie se acuerda de la última fase del Combat School?). Era un género minoritario, creado por tres gatos para dos gatos más.

Pero los videojuegos, como en su momento el cine o la música, han pasado a ser algo de masas. Estando como estoy de acuerdo en casi todo con el artículo de Meristation enlazado (la media de dificultad ha caído al suelo hasta convertir al 90% de juegos en algo que no plantea un reto), creo que hay que aclarar también algo: yo quiero que el mercado de videojuegos siga dando dinero.

Si tenemos una industria del videojuego pobre, con pocos beneficios y pocos desarrolladores la propia industria peligra. Saldrán juegos buenos, sí, pero habrá menos riesgos a la hora de crear.

Prefiero que haya legiones de jugadores ocasionales que compren el Wii Sports y le den dinero a Nintendo para que éstos tengan los genitales de sacar juegos para Wii tan maravillosos, difíciles, recomendables y, claro, minoritarios, como Fire Emblem: Radiant Dawn o el (estupendo hasta decir basta, pero que lo hemos comprado dos) remake de Resident Evil para Wii. O gente que se compre el facílisimo aunque impresionante Gears of War para que se atrevan a hacer la tercera parte de una saga de rol ultragafosa de PC: Fallout 3 (este último enlace está dedicado a Egócrata, que no se atrevió a dar al botón). Aunque éste último sí que ha salido más que rentable.

Subiendo la dificultad media como antes espantarías a mucha gente, se ingresaría menos y ese arriesgarse maravilloso que se pueden permitir ahora de vez en cuando sería más difícil, más raro, menos habitual. Sí, a mi me gustaría que el nivel medio de los juegos subiera para que no todo fuera ir dando al botón A y pasar de fase sin sudar. Sí, es descacharrante oír a algunos presumir de pasarse los juegos basados en las películas de “El Señor de los Anillos” de Playstation 2, cuando eso lo puede hacer hasta un mono borracho. Me encantan, además, los juegos que necesitan apuntar cosas, hacerte mapas y cosas así.

Pero también sé que a mucha gente le gusta jugar un rato, no comerse la cabeza y a otra cosa…de hecho los sanos son ellos, no yo: soy consciente de ello. Mientras den dinero al mundillo y éste siga sacando un The Witcher de vez en cuando y mientras a Bioware no le pase lo de a Troika Games (creadores del clásico ultragafoso rolero por excelencia: Arcanum, y aún y con ello tuvieron que cerrar el chiringo por problemas económicos) yo me quedo con el actual sistema, la verdad.

Aún siendo consciente del declive medio de la calidad y dificultad del videojuego, la industria es más sostenible hoy, hay mucha más variedad y los juegos buenos no tardan una década en llegarnos (ver Chrono Trigger).