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¡¡Viva la armadura de placas!!

4:46 am por Raúl S.. Archivado en: ansias de opresión imperial

En el Museo del Prado tenemos una exposición del 9 de marzo al 23 de mayo de 2010 que todo friki gozaría: “El arte del poder. La Real Armería y el retrato de corte”:

Se trata de un proyecto expositivo inédito en el que se establecerá una comparación directa entre los retratos de corte pintados por los grandes maestros, como Tiziano y Rubens, y las piezas de armadura que vestían los monarcas para simbolizar su imagen de poder en el momento de máximo esplendor de la Corona española

Es un buen momento para reivindicar la armadura de placas. Nada de armaduras de cota de malla: ¡¡placas, placas, placas!!. Eso ha debido pensar también (ejem) Fernando Quesada Sanz, profesor titular de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha escrito “De la cota de malla a la coraza: piel de acero” en el número de Marzo de este año de “La Aventura de la Historia” (número 137, año 12).

En las páginas 47 y 48 podemos leer el siguiente desmitificador, reivindicativo y necesario texto:

Es un completo mito la idea de que las armaduras de placas, que llegaron a su apogeo a finales del siglo XV, eran artefactos muy pesados e incómodos, que exigían una grúa para izar al jinete y que impedían al combatiente levantarse por sí solo si caía. En realidad, los arneses de guerra repartían excepcionalmente bien el peso por todo el cuerpo y resultaban mucho más cómodos y ágiles que la mayoría de las corazas anteriores. Muchos de ellos pesan en torno a 20-25 kg., no más que los densos y largos hauberks o cotas de malla medievales.

De hecho, las corazas de placas podían emplearse tanto a caballo como a pie, y el diseño modular permitía en ese caso retirar las piezas necesarias para facilitar la movilidad. Sólo algunas corazas excepcionalmente gruesas y pesadas, destinadas a torneos-donde el combatiente apenas había de llevarla unos minutos-, en los que primaba lógicamente la protección contra accidentes, se acercan algo a ese estereotipo. Por ejemplo, los aparatosos toneletes en forma de falda que son parte de los elementos de justa a pie en algunos arneses no pueden tomarse como ejemplo de lo que se llevaría en batalla.

El diseño de las armaduras podía ser anguloso (el estilo alemán o gótico), o más redondeado (el modelo milanés o italiano), pero estaba cuidadosamente diseñado para desviar golpes, tanto tajantes como punzantes. Álvaro Sóler ha observado que en las armaduras de la Real Armería, las más antiguas de época de los Austrias suelen ser alemanas, mientras que, tras la separación del imperio, la mayoría proceden de fabricantes milaneses, lo que refleja la evolución política del período.

El hábil diseño de los planos, curvas y ángulos de las corazas era resultado de siglos de experimentación. Además, para el siglo XV los armeros alemanes e italianos, los más renombrados, eran capaces de producir placas de acero muy tenaces y duras, casi invulnerables a las armas blancas. Si el hierro dulce tiene un índice de dureza de Vickers de 60, y una coraza de bronce de 155 a 180HV, una coraza mediocre del siglo XVII puede llegar a los 134HV, pero una buena armadura de lujo alemana o milanesa del siglo XVI alcanza unos excelentes 400-500HV, dureza mayor que el filo de muchas espadas. El desarrollo de las nuevas armaduras de placas forzó el desarrollo de armas ofensivas muy perforantes (como espadas con punta cuadrada o “diamante”, o picos), o a la alternativa de utilizar grandes mazas y martillos para derribar al caballero por conmoción.

Así, a finales del siglo XVI, los fabricantes de armaduras parecieron haber resuelto la cuadratura del círculo, ofreciendo una armadura versátil que protegía todo el cuerpo eficazmente, sin sacrificar movilidad y comodidad. Pero la gran ironía del destino fue que, para cuando lo consiguieron, el desarrollo vertiginoso de las armas de pólvora las llevó a la obsolescencia en el margen de un siglo. Aunque el proceso no fue inmediato ni mucho menos. Desde el siglo XVI y durante el siguiente se probaban los petos de acero con disparos de pistola a muy corta distancia, para demostrar su calidad.