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08/10

Poder mutante y política

El politburó y estado mayor de P.I.F.I.A. lleva décadas preparando su ascenso imparable al poder absoluto y completo. Nuestras sesiones de planificación son intensas, detalladas y obsesivas, con una visión amplia y extensiva de todas las posibles avenidas al dominio absoluto del planeta.

Entre todas las herramientas de diseño y simulación estratégica a disposición de la vanguardia del frikitariado, los juegos de rol son1_07_Fillmore una de nuestras armas más potentes. Gracias a nuestros DJ especialmente entrenados, la élite dirigente poldava está preparada para afrontar situaciones imprevistas, simulando tácticas y opciones estratégicas sólo al alcance de nuestros comandos de élite.

Un ejemplo de estas simulaciones es una partida ciertamente épica de Superheroes, Inc. que un grupo de brillantes líderes poldavos superaron hace unos años. Es, de lejos, una de las mejores campañas que este humilde escritor ha contemplado – y una aproximación realista y sólida de lo que el futuro depara a las fuerzas antipoldavas.

Washington DC, diciembre del 2010. Rudolph H. Leinhart es el nuevo senador por Vermont. Leinhart y su equipo son jóvenes, ambiciosos, llenos de ideas  y están dispuestos a cambiar América. Poco sospechan, sin embargo, que su retórica de un Washington corrupto y lleno de conspiraciones está mucho más cercana a la realidad de lo que creen – y los enemigos de la república son mucho más poderosos de lo que todo el mundo sospecha.

Leinhart no es un político normal, por descontado. Uno no llega al Senado con 34 años sin ciertos talentos, como una capacidad sobrenatural para empatizar con otros, o con un equipo con habilidades realmente especiales, como la capacidad de estar en todas partes al mismo tiempo o una intuición casi mágica para predecir los movimientos de sus rivales. Leinhart, su jefe de gabinete y unos cuantos asesores son de hecho mutantes; un equipo con habilidades muy especiales especialmente útiles en la arena política.

Más concretamente, el grupo estaba compuesto por un Senador de los Estados Unidos con superempatía (capacidad para leer y emitir poderosos estados emocionales), polimorfismo y charlatenería espúrea (crear argumentos lógicos confusos pero convincentes), un relaciones públicas con supersentidos y mentalismo (lectura mental), un responsable legilastivo con telepresencia y proyección sensorial, un jefe de gabinete capaz de crear ilusiones y proyecciones múltiples de sí mismo, un responsable de documentación con precognición y empatía electrónica (ideal para que los ordenadores te den sus secretos) y par de becarios con invisibilidad, supersigilo y habilidades de infiltración. Por descontado, los pasillos del Congreso resultaron albergar bastantes más metahumanos de los esperados, así que los talentos de Leinhart y su equipo tuvieron que ser utilizados al máximo ya desde el principio.

Las conspiraciones se sucedieron. El equipo se enfrentó a enemigos invisibles, poderosos, despiadados, sólo para darse cuenta que quizás estaban defendiendo la causa equivocada. En todos los meses de investigaciones, intrigas y terrores en el Congreso, nunca nadie disparó un tiro, pegó un puñetazo o golpeó a nadie – la acción más violenta en toda la campaña fueron discursos, votaciones, filtraciones a la prensa y salvajes traiciones políticas. Los personajes “murieron”, ciertamente, aunque las muertes fueron peor que un vulgar asesinato – eran muertes políticas, terribles humillaciones públicas, exilios y linchamientos en los tribunales.

De todas las partidas que he jugado, la campaña de políticos mutantes fue, de lejos, mi favorita. Una lástima que duró poco, y que no la llegamos a acabar nunca. Espero algún día acabarla, con un buen equipo de jugadores. La república nos necesita.

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01/10

La cara oscura del Reino Champiñón

Nos encontramos con Yahooey (nombre ficticio) en una pequeña taberna clandestina a pocos kilómetros del palacio real del Reino Champiñón. La taberna, pequeña pero abarrotada, sirve platos en general prohibidos: tortilla paisana de huevos de Yoshi, compota de bayas rojas, amarillas y verdes, y el plato más prohibido de todos, un asado de seta verde que ocupa casi toda la mesa.
“La seta verde permite aumentar el número de reencarnaciones”, comenta Yahooey.

Si a un extranjero debe indicársele un único hecho que defina la cultura y política del Reino Champiñón, es el concepto de “reencarnación inmediata”, es decir, el hecho de que la muerte nunca es definitiva. Según la religión mayoritaria entre los champiñoneses, su Dios, Player 1, da y quita la vida a todos los seres través de su Gran Botón A. Es por ello que en el Reino Champiñón las cosas tienden a repetirse constantemente. Y no sólo se trata del secuestro de la Familia Real y de sus asesores más próximos, un hecho tan común que se ha convertido en anecdótico.

El conflicto permanente en el que está inmerso el Reino Champiñón, que ha degenerado en una serie de gravísimas crisis durante los últimos dieciséis años, tiene su origen en las tensiones raciales entre la etnia mayoritaria en el Reino, los Hongos, y una minoría importante y culturalmente violenta, los Koopa.

En los currículos escolares se presenta una versión dulcificada de la historia del Reino Champiñón, fundamentalmente con el objetivo de legitimar el papel de la Familia Real. Sin embargo, historias clandestinas, redactadas por autores anónimos, intentan aclarar la verdadera historia del país. Según estos documentos, a los que hemos tenido acceso, hace un par de generaciones una serie de altos líderes Hongo decidieron fomentar la industrialización del Reino Champiñón. Con el fin de hacer más digerible el plan prometieron que el reino no perdería su aspecto de estado pastoral; y con éste fin instalaron una colosal red de tuberías (muchas de ellas sin utilidad aparente) para derivar los inevitables residuos industriales; naturalmente, en éste contaminado hábitat surgieron animales y plantas mutantes, muchos de ellos peligrosos para el ser humano. De éstos animales mutantes, los que súbitamente lograron mayor importancia fueron los Koopa, una suerte de tortugas bípedas. Una familia de origen Koopa, liderada por un mutante conocido como Bowser, inició un movimiento guerrillero anti-Hongo que dura hasta nuestros días.

Los Hongos no solo resienten la inseguridad constante provocada por la guerrilla; resienten igualmente la existencia de una élite extranjera de raza blanca – liderada por la princesa Peach – que, según algunas fuentes, fue aupada al poder por la industrialización del país.

“Los blancos lo dominan todo”, se queja Yahooey, “y viven de los recursos del Estado”. De hecho, la polémica saltó hace unos años por las costosas vacaciones tomadas por la Princesa Peach y su séquito – incluyendo un avión privado – al lujoso balneario de Isla Delfino. “Además”, insiste Yahooey, “es por ellos que la guerra no termina nunca”. En efecto, muchas voces críticas (clandestinas) reprochan a la monarquía que en lugar de crear un ejército masivo Hongo para eliminar definitivamente la amenaza Koopa (y proceder a un genocidio a gran escala que sería favorablemente acogido por la opinión pública Hongo) prefiere confiar en unas fuerzas especiales (cuya fuerza oscila entre uno y cuatro soldados) controladas por blancos que se empeña en acciones punitivas de gran valor psicológico y enorme mérito táctico, pero cuya importancia estratégica es prácticamente nula.

Muchos Hongo reprochan a Occidente que crean a pies juntillas en la propaganda fomentada por la familia real, que muestra a los Hongo como criaturas ingenuas e asustadizas. Una breve excursión por los caminos y campos del Reino Champiñón muestran la grave situación del país para sus ciudadanos de a pie. Por todas partes, fuertes y castillos de distintos tamaños sirven como recordatorio del poder del Estado. La situación de guerra permanente ha llevado a que la red de caminos esté plagada de barreras de la más variada clase. Las carreteras de montaña son prácticamente inexistentes, sustituidas por plataformas móviles de complicado manejo y peligrosas de utilizar. Por doquier existen pequeñas cajas con dinero y otros bienes, para uso exclusivo del ejército, lo que agravia enormemente al resto de ciudadanos.

“Ellos tienen de todo”, se lamenta Yahooey, “y estoy ya harto de todo esto; de la guerra, de la monarquía, del bigotudo que pasa cada rato…” Yahooey sabe que no está solo. “Lo que queremos en nuestro país es paz y tranquilidad, de una vez por todas.”