16

03/10

La religión y los videojuegos de estrategia

En el post que hablaba de las diferencias entre hombres y mujeres en los videojuegos de rol un comentarista sacó el tema de las religiones en los videojuegos:

Tampoco sueles ver en ningún sitio que tengas diferentes modificadores con respecto a tu etnia (no hablo de elfos o enanos, hablo de caucásicos o asiáticos), o que se haga diferencias entre sacerdotes de religiones existentes en la actualidad. (Marce Andrade)

¿Es ésto cierto? En muchos juegos de estrategia lo que puedes elegir son países o civilizaciones o bandos. En general, la religión viene puesta con el país o bando en cuestión, es parte de su esencia (y no suele poder cambiarse). Así no puede saberse si el país o bando tiene las características que tiene (más ataque, más velocidad construyendo tropas, etc) por la religión o por otras muchas cosas. O no aparece como elemento de juego o aparece unida sin remedio. Hay algunos en los que sí. A eso vamos.

Hablamos, claro, del catolicismo, islamismo y etc: no nos vamos a meter en el culto a Khorne o similares.

¿Cual es el serie de estrategia más conocida en los videojuegos? La saga Civilization, la primera que hubo de estrategia por turnos. Aquí tu civilización, cualquiera, puede descubrir cualquiera de las religiones conocidas, hacerla oficial, hacer oficial otra que haya descubierto otra civilización, hacer misioneros, etc. Pero, ¿cual es la diferencia entre hacer a tu civilización islámica o judía? El manual de Civilization IV nos da la respuesta cuando vamos a la sección “Religión”, página 69 (sí, sí, sí):

La religión en este juego

Sabemos que la gente tiene opiniones muy formadas sobre la religión. De hecho, más de una guerra ha empezado cuando dos opiniones así se han encontrado. En Firaxis no pretendemos ofender a nadie. No obstante, dada la importancia que han tenido las religiones en el desarrollo humano, no queríamos prescindir de ellas sin más y sacarlas del juego. En vez de ello, hemos intentado contemplarlas de la manera más respetuosa, justa y equilibrada posible. De hecho, todas las religiones tienen los mismos efectos en el juego, la única diferencia son los requisitos tecnológicos.

Hay siete religiones en Civilization IV (las pruebas de juego han demostrado que es el número óptimo para jugar). A la hora de decidir qué siete se habían de incluir , hemos escogido aquellas que creíamos que serían más familiares para nuestro público. No pretendemos decir que dichas religiones sean más importantes, mejores o peores que cualquier otra.

No hacemos juicios de valor sobre las religiones ni pretendemos faltarle al respeto a las creencias de nadie. Somos diseñadores de juegos, no teólogos.

Sin embargo sí hay diferencias notables si decidimos tener sufragio universal, políticas mercantilistas o una teocracia.

Otra saga de estrategia que ya debería ser considerada clásica es la de Europa Universalis, realizada por la sueca Paradox…saga más puntillosa con lo histórico, más detallista, más de microgestión, más obsesiva y, para qué engañar al Pueblo, mi preferida (especialmente la tercera parte con (casi) todas sus expansiones). No tan conocida por su complejo (y delicioso) sistema de juego, en este caso las religiones implican diferencias importantes en el país que juguemos: cambiar de religión estatal tiene consecuencias importantes.

Y de las grandes. Mirad, mirad.

A los católicos, por ejemplo, les cuesta menos mantener la estabilidad política, pero los protestantes ingresan más por provincia. Los ortodoxos son los que te darán más estabilidad. Los chiítas tienen un penalizador grande a los ingresos por impuestos, pero tienen un bonificador a la moral del sus tropas.

Podemos mencionar también a la saga Total War. La primera parte, ambientada en Japón (y de la que ya habló José en su momento), podías convertir a tu facción al cristianismo y acceder a las armas extranjeras…aunque eso implicaba pollos de mucho cuidado dentro.

En la segunda, ya en la Europa medieval, podías fomentar el cristianismo o el islamismo (depende de tu religión) con tus agentes. En principio que Granada fuera musulmana o cristiana no la hacía, creo, más productiva, más estable o menos. La cosa iba más en el estilo Civilization, antes comentado: una religión distinta a la tuya hace que los que vivan allí sean más favorables a un gobernante de esa religión. Pero que sea una u otra da poco más o menos igual. Tener una provincia u otra sí te daba acceso a tropas diferentes.

En resumen, y si me he equivocado con algún juego que alguien me lo diga (o si sabe alguno más que incluya diferencias entre religiones), en general los videojuegos de estrategia pintan al catolicismo, islamismo suní o budismo, p.ej., como intercambiables a casi todos los efectos prácticos.

Las excepciones, como la saga Europa Universalis, sí incluyen diferencias prácticas en cuanto a religiones…y también tecnológicas en función de grupos culturales (los europeos occidentales son los que avanzan más rápido en tecnología, luego los europeos orientales, luego los países islámicos, etc).

29

10/09

Serie Total War revisitando las mega-batallas en tiempo real, I quiero ser Shogun en lugar del Shogun

Un juego que me capturó y sedujo cuando salió, fué el Shogun Total War, un juego que simulaba en tiempo real batallas pero que a la vez se combinaba con una campaña que se jugaba por turnos. Lo mejor de ambos mundos, el poder planificar, pararte pensar, dar órdenes, hacer estrategia, etc…

totalwarI

La acción se producía en el japón feudal de finales del siglo XVI, poco antes de que misioneros portugueses llegaran a las costas de japón, en mitad de uno de los períodos más conflictivos de la historia de Japón y donde se produce una de las batallas más importantes (la de Sekigahara).

El fallo de esa primera edición era que al final las batallas, incluídas las más difíciles eran bastante fáciles de resolver si se contaba con tropas avanzadas: básicamente un ejército formado básicamente por monjes guerreros sin miedo que cargaban contra lo que fuera y no había tropa que lo parara. Si eras muy sutil podrías dotar flancos con arcabuceros y algo de caballería ligera para atrapar los arqueros montados del enemigo, pero derrotar un ejército se trataba de romper la primera línea por donde la engancharas, dejar en fuga unas cuantas unidades y dejar que el pánico se apoderada del resto del ejército y lanzar detrás algo de caballería o infantería rápida a acabar con los supervivientes.

Por ello los ejércitos de monjes guerreros eran ideales, tropas de choque potentes, que provocan pánico y que corren mucho, evitando así estar demasiado expuesto a los arqueros y alcanzar las líneas enemigas desbaratarlas con una capacidad ofensiva superior y luego perseguir a toda leche a los pobres lanceros y arqueros desmoralizados. Si eso no sirve una reserva de caballería pesada o de más monjes guerreros permitían barrer la línea enemiga.

Esta estrategia era la muerte de la estrategia en sí misma, algo que en las fases tempranas del juego se notaba más, donde tenías que maniobrar bien con tus lanceros, los arqueros y unos tipos con lanzas más gordas, los naginatas y otros con espadas a dos manos junto con un uso sabio de la caballería, para poder ganar las batallas. Aún así, el juego me sedujo, aunque una vez se había conquistado un tercio del mapa y se controlaban las tropas más avanzadas no había quien te parara las fases iniciales tenían mucha vida. Aún recuerdo aquella unidad de lanceros enemiga que cargó por la retaguardia a toda mi línea y que por suerte el daimyo de mi ejército pudo contener con un puñado de soldados de caballería pesada costándole su propia vida. A nivel estratégico la gestión económica se basaba en la premisa de tener los ejércitos justos y necesarios, mejorar al máximo las provincias para que produjeran mogollón de kokus (la unidad de moneda con la que se pagaba a las tropas) y no extorsionar demasiado a los campesinos. Por otro lado se trataba también de evitar al máximo los agentes enemigos mediante shinobis (una especie de contra-espías) y ninjas que podían acabar con un general enemigo. Ya cuando aparecían las geishas asesinas quien las alcanzaba primero podía conseguir cierta hegemonía, nada, excepto otra geisha asesina o un ninja con suerte podía acabar con una geisha, y realmente, la tipa se ponía las botas liquidando generales y daimyos dejando las dinastías sin líderes y sin herederos.

Aún así, esta primera entrega ya despuntaba lo que para mí es la mejor serie de estrategia por ordenador que se haya realizado. Entre los puntos fuertes estaba:

  • Poder manejar casi 1000 soldados por bando en las batallas.

  • La gestión sencilla de un gran número de soldados que aparentemente eran individuos al gestionarlos en unidades más grandes.

  • La excelente forma de poder desplegar líneas de batalla, gestionar los flancos y la retaguardia.

  • La posibilidad de esconder tropas en bosques y crear emboscadas.

  • Los movimientos de los soldados individuales que dentro del detalle permitido por los motores 3D de la época daban bastante realismo.

  • Comenzaban a perfilarse lo que serían unas excelentes simulaciones de cargas de caballería y de andanadas de flechas.

  • Una IA que no se contentaba con lanzar las tropas alegremente, se posicionaba y buscaba tus puntos débiles, también era capaz de elaborar contratácticas y desplegar tropas en un flanco amenazado o realizar emboscadas.

  • Unos vídeos fantásticos y relativamente variados de las acciones estratégicas (asesinatos, muertes de personajes, etc..).

  • La increible belleza del campo de batalla y las tropas, que sin tener muchos detalles había puntos realmente fantásticos como que cada soldado portaba, igual que hacían los soldados japoneses de la época feudal, un pequeño banderín por la espalda.

Entre los débiles:

  • La caída al mínimo de la estrategia y la táctica una vez se alcanzaban las tropas más avanzadas.

  • La facilidad con la que se contagiaba el desánimo en las tropas del ejército, derrotar una o dos unidades significaba prácticamente el fin de la batalla. A diferencia de otras entregas de la saga Total War, el pánico se contagiaba muy fácilmente y las unidades casi no tenían ninguna posibilidad de reagruparse. Un ejército con el 2 o el 3% de las bajas podía ser presa del pánico y todo se resolvía en un primer choque con un movimiento de ruptura.

  • Limitaciones serias del motor 3D, por ejemplo los cadáveres de caballos y soldados giraban cuando se rotaban la cámara haciendo un efecto bastante inquietante.

  • Una extensión que a parte de dar tropas exóticas que le quitan el carácter realista de la serie (como un tipo el doble de grande que las tropas normales con una enorme espada y una armadura muy gorda que ellos solos formaban una unidad o los ninjas de batalla, unos tipos que eran como comandos supervitaminados que repartían estopa y se escondían hasta en un campo plano de césped), era una mala reconstrucción del intento de invasión mongola de las islas niponas.