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11/09
Testimonio de la ESO.
Mi persona tenía mucha roña hace unos años. Sufría los disparos de taquiones logsianos. Y cuando los rigores diarios me separaban de mis educados progenitores para acabar en la escuela, estaba la típica panda de imbéciles realizando poderosa presión social. Yo también era imbécil y claudiqué poco a poco en sus encantadores juegos para convertirme en parte de una gigantesca masa uniforme. Pero algunas partes se negaban. Yo era nintendero. Ellos, de la Play (sin embargo, les anuncié “mi supuesto triunfo como uno más de la masa” cuando me compré la PS2, ahora era “los juegos que ellos quieran, como el Need for Speed o el Pro”, pero me quedé con el Kingdom Hearts en vez de esa necesidad de velocidad). Escribía relativamente bien (mucho peor que ahora), ellos escribían en lenguaje SMS. Ignoré.Triunfé. Mejoré. Ellos eran de fiesta. Yo, de ordenador, cómics y casita. Al final, cada uno a lo suyo.
En los derroteros futboleros, éramos del Atlético, Real Madrid o FC Barcelona. Se sucedían discusiones fútiles que acabarían en la nada: “jódete”. Había poquísimo frikismo futbolístico, no sucedían cosas tan afortunadas como: ¿qué pasaría si en nuestras criticas futboleras inventamos el concepto de no-gol e ironizamos: “Malbranque, qué gran no-gol hizo. Y qué tres pasos: pisar mal el césped, disparar fuerte con la espuela y desviar el balón a la quinta grada”? Estuve en sus juegos hasta los dieciséis años, cuando vi el DESPERTAR™, con pilas alcalinas, y aprendí a pasar de las rivalidades.
Todos coincidían en que yo era malo jugando al fútbol. Pero me animaban a seguir. Luego vinieron con otros deportes. Se reían. Se burlaban. Porque era horrendo con los abdominales y las flexiones, aunque me empujaban a que lo demostrara (o me empujé). Si hubiera seguido estos pasos, podría ser… ¡EL HOMBRE-MASA MÁS PODEROSO! ¡ATROCIDAD AL PODER! ¡AAAAARGH! Suerte tuvo Youtube de no ser demasiado conocido entre la masa en mis últimos días de la ESO. Podría haber sido un consumado actor en vídeos de putaditas al profe, abdominales en clase que durarían 20 segundos, críticas sesgadas a las chicas de la clase (”Ego te absolvo, aurum”), collejas king-size, importación masiva de cultura estadounidense, etcétera.
~ Bonus track.
Podría haber devenido en canipijo (en Madrid hay fusiones de éstas), pero mi excesiva querencia por la informática y mis interminables jornadas picando piedra en foros me empujaron al camino del frikismo. Descubrí quién soy. Abominaba las fiestas. Mi disfraz social para el instituto era muy cutre y repleto de hilachas. Y en los últimos días de la ESO, leía a menudo para sorpresa de amigos. E-L-L-O-S fracasaron en su intento de convertirme a la secta “Normalidad”, la mayor del país. Eso sí, por el camino fui muy vituperiado y difamado (¡eran travesuras adolescentes, ni abogado de oficio me hacía falta!). Actualmente soy un feliz ciudadano europeo que se refocila profundizando en las últimas aventuras gráficas de Telltale Games, viendo acción seagaliana y pensando en cómo sería su mundo utópico, contemplando lo más apasionante de la antropología (¡ese animismo en Papúa Nueva Guinea que a todos nos ha de levantar simpatías!), rebuscando bitácoras harto extrañas que le ayuden a descubrir cosas como ese punk kazajo que todos han de escuchar en sus reproductores musicales, etcétera.
Soy mejor ahora. El mañana dirá: ¡Soy un superhombre!
Lole
Noviembre 27, 2009
8:25 pm
Esto ya empieza a parecer una terapia de grupo jajajajaja
P.I.F.I.A. » Pon un friki en tu vida
Diciembre 1, 2009
12:04 pm
[...] en gran parte la perpetuación de la especie. Si hubiera al menos una Misia y una Candy Girl en cada instituto, las cosas serían muy diferentes y nadie osaría cuestionar la inminencia del Glorioso Imperio [...]