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11/09

Trópico 3: tú también puedes ser un tirano caribeño

Después de una primera parte regulera y una segunda más que olvidable, tenemos Trópico 3, el simulador de tirano caribeño definitivo.

Es un juego de gestionar una isla y conseguir determinados objetivos, que dependen de cada isla. En unas islas simplemente tendremos que aguantar en el poder determinados años. En otras conseguir que vengan a nuestra isla tiranizada un número de turistas. En otras conseguir desviar suficiente dinero de las arcas públicas a Suiza (sí, en serio).

Para ello partimos de una isla, cuyo tamaño es más que manejable: ni muy grande ni muy pequeña. En algunas habrá recursos naturales (oro, petróleo, hierro), en otras playas largas en la que construir una industria turística y en otras…nada. Además de construir edificios, minas y similares para ganar cada vez más dinero, tenemos la parte política.

Para empezar, tenemos que elegir un avatar, el presidente de la isla. Tenemos a líderes históricos, como el Ché, Castro, Pinochet, Evita Perón, Salazar, Noriega, etc. Cada uno tiene unas virtudes y unos defectos. Por ejemplo, el Ché es muy respetado por los intelectuales, pero odiado por los religiosos. Pinochet tiene bonificaciones a la economía, pero penalizadores a la hora de relacionarte con el extranjero. También podemos hacer uno desde cero.

Los distintos grupos de cada isla reaccionan de modo diferente. Si se cabrean formarán guerrillas para echarte del poder. Los comunistas piden viviendas mejores y sanidad pública. Los religiosos, suficientes iglesias. Además de construir, fijar sueldos y precios, podemos aprobar leyes. Desde prohibir los anticonceptivos hasta aprobar el matrimonio homosexual. Desde aliarnos con EEUU a hacerlo con la URSS (con beneficios diferentes)…más nos vale no cabrear a una de las dos superpotencias, pues si deciden invadirnos se acabó la partida. Hay que hacer equilibrios entre ambas o aliarse con una para que la otra no te ataque (aunque a los nacionalistas no les gustará la falta de independencia).

Por supuesto, somos un tirano. Podemos elegir si permitir que algún idiota se presente a elecciones contra nosotros o no. No hacerlo cabrea a gente, pero permitirlo puede echarnos del poder. Podemos recurrir a lo que se ha hecho siempre: promesas electorales. Antes de las elecciones podemos elegir tres elementos claves de nuestro discurso (sanidad, prometer mejorar la educación, etc) y oiremos el discurso de boca de nuestro avatar. Siempre podemos declarar la ley marcial, no celebrar nunca elecciones, encarcelar a los opositores, matarles, sobornarles o dar el pucherazo (todas estas cosas salen mejor con unos militares mimados o teniendo en nómina a banqueros, por cierto). También podemos ir de legales, lo cual implica más riesgos, pero si ganamos por lo legal habrá muchos menos cabreados.

El juego destila buen humor a raudales. Desde los discursos de nuestro avatar hasta el locutor de radio, “Juanito”, que nos dará pistas de cómo lo hacemos. Si no tenemos lugares de ocio suficientes dirá algo así como “ya es fin de semana, y en Trópico la gente se dedica a mirar las paredes o ver crecer la hierba”. Si no somos muy populares algo similar a “Según los últimos sondeos, la aprobación de la política de su excelencia parece estar bajando. Seguro que es un error estadístico”.

El manejo de “Trópico 3” es abrumadoramente intuitivo. Jugando al tutorial (muy breve) ya sabemos hacer casi todo. Construir algo es tan fácil como hacer clic derecho en un sitio vacío y elegir del menú que sale lo que queremos construir. Todo está perfectamente explicado.

Quitando una isla o dos, el resto son bastante asequibles sin mucho esfuerzo, aunque la experiencia es ampliamente satisfactoria, por el sentido del humor del juego, por la dinámica fácil de aprender y algo más compleja de dominar a la perfección, por los cambios ideológicos que veremos en la isla en función de cómo lo hagamos, los incidentes internacionales que nos afectaran (¡¡crisis del petróleo!! ¡¡aagh!!). Los comentarios del locutor de radio son, en general, divertidísimos y la música acompaña y contribuye a la atmósfera.

No es ninguna revolución a los juegos de gestión, pero la temática no está muy explotada, el control es intuitivo a más no poder, la dificultad y la complejidad son más que adecuadas y el sentido del humor propio de una partida de Paranoia. Divertido, agradable y recomendable.

P.D.: Efectivamente, basar tu economía en la agricultura no te llevará lejos. Haz fábricas. Muchas fábricas. Oh, mierda, los ecologistas se cabrean contigo por la contaminación y han formado una guerrilla…¿tienes contentos a los militares, verdad?

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